Decálogo del funcionario público
Mientras en Panamá los códigos de ética recientemente aprobados de los funcionarios públicos son dilatados y difusos, en Rusia el presidente Vladimir Putin ha sancionado los mandamientos de los burócratas para supuestamente, elevar la debilitada confianza de la ciudadanía en las instituciones del Estado, en vista que en el país eslavo se pagan anualmente sobornos por 37 mil millones de dólares, según cálculos de fuentes oficiales rusas.
Entre los principales mandamientos que deberían regir en Rusia se destacan el que especifica que los funcionarios " deben realizar sus labores en los marcos de la ley", que " no deben privilegiar a unos u otros grupos sociales o de influencia"; asimismo se señala que los burócratas han de excluir " las acciones vinculadas con intereses personales, financieros, o de otro tipo que interfieran en el cumplimiento a conciencia de sus obligaciones. Un punto fundamental del decálogo prescribe que los funcionarios públicos han de observar una "neutralidad política que excluya toda injerencia en sus labores de los partidos políticos".
Arcaica como el hombre, más aún connatural a su condición humana, la corrupción persiste en el funcionario público, y naturalmente en el sujeto que le paga el soborno, como acompaña la sombra al movimiento del cuerpo en un día de sol. En el Código de Hammurabi de la cultura asirio- babilónica, la más antigua de la humanidad, existieron drásticas puniciones a los funcionarios corruptos. En el registro cronológico de las dinastías faraónicas escrito por el sacerdote Manetón, se mencionan castigos ejemplares para el escriba corrupto y pena de muerte al fellagha( campesinos). La doctrina de Confucio no es otra cosa que una apología sobre la necesidad de funcionarios honesto al servicio del imperio, señal que entre los chinos también se cocían negociados.
Sin embargo, por mucho que antes y después de Cristo los sobornos estuvieran a la orden del día, no se excluye ni en Rusia ni en Panamá la perentoria vigilancia y la sanción del corrupto. Pero la corrupción tiene mil caras y no se circunscribe a la recepción de dinero por debajo de la mesa. El nepotismo como privilegio burocrático, la repartición de puestos públicos entre elementos ineptos sólo por pertenecer al partido en el poder, la degradación de la administración de la justicia, por dinero o por favoritismo político, constituyen formas reiteradas y frecuentes de corrupción que envilecen la estructura gubernamental.
Empecemos por el respeto a la ley de carrera administrativa, que debe formar en teoría funcionarios independientes de favoritismos políticos, y habremos dado un primer paso importante. El decálogo burocrático ruso así como los códigos éticos panameños no sólo deben adornar las paredes de las oficinas sino erigirse en normas de comportamiento y paradigmas del bienestar público. ¿ Es esto posible? La nobleza intrínseca del panameño prevalecerá en tanto desaparezcan las lacras y tentaciones de la cosa pública.
De las frases emblemáticas de Gandhi, hay una que se amolda a la realidad de su país, a la cual muchos de los líderes en India y Pakistán deberían recordar siempre: "Soy incapaz de odiar. He aprendido esto a través de un largo aprendizaje, de por lo menos cuarenta años, basado en la oración. Nunca es bueno el amor a los otros, cuando es exclusivo y con excepciones. Yo no puedo amar a los hindúes o a los musulmanes y odiar a los ingleses. El verdadero amor es sincero y desinteresado".
Ese es el legado de Gandhi: ver algún día restaurada la hermandad entre hindúes y pakistaníes. Todavía es posible y esperemos que estos grandes pueblos asiáticos logren superar las diferencias, antes de usar las armas.
La convivencia pacífica es la solución y la tolerancia es necesaria para entender la diversidad humana, la mejor riqueza que posee nuestra civilización.
Entre los principales mandamientos que deberían regir en Rusia se destacan el que especifica que los funcionarios " deben realizar sus labores en los marcos de la ley", que " no deben privilegiar a unos u otros grupos sociales o de influencia"; asimismo se señala que los burócratas han de excluir " las acciones vinculadas con intereses personales, financieros, o de otro tipo que interfieran en el cumplimiento a conciencia de sus obligaciones. Un punto fundamental del decálogo prescribe que los funcionarios públicos han de observar una "neutralidad política que excluya toda injerencia en sus labores de los partidos políticos".
Arcaica como el hombre, más aún connatural a su condición humana, la corrupción persiste en el funcionario público, y naturalmente en el sujeto que le paga el soborno, como acompaña la sombra al movimiento del cuerpo en un día de sol. En el Código de Hammurabi de la cultura asirio- babilónica, la más antigua de la humanidad, existieron drásticas puniciones a los funcionarios corruptos. En el registro cronológico de las dinastías faraónicas escrito por el sacerdote Manetón, se mencionan castigos ejemplares para el escriba corrupto y pena de muerte al fellagha( campesinos). La doctrina de Confucio no es otra cosa que una apología sobre la necesidad de funcionarios honesto al servicio del imperio, señal que entre los chinos también se cocían negociados.
Sin embargo, por mucho que antes y después de Cristo los sobornos estuvieran a la orden del día, no se excluye ni en Rusia ni en Panamá la perentoria vigilancia y la sanción del corrupto. Pero la corrupción tiene mil caras y no se circunscribe a la recepción de dinero por debajo de la mesa. El nepotismo como privilegio burocrático, la repartición de puestos públicos entre elementos ineptos sólo por pertenecer al partido en el poder, la degradación de la administración de la justicia, por dinero o por favoritismo político, constituyen formas reiteradas y frecuentes de corrupción que envilecen la estructura gubernamental.
Empecemos por el respeto a la ley de carrera administrativa, que debe formar en teoría funcionarios independientes de favoritismos políticos, y habremos dado un primer paso importante. El decálogo burocrático ruso así como los códigos éticos panameños no sólo deben adornar las paredes de las oficinas sino erigirse en normas de comportamiento y paradigmas del bienestar público. ¿ Es esto posible? La nobleza intrínseca del panameño prevalecerá en tanto desaparezcan las lacras y tentaciones de la cosa pública.
De las frases emblemáticas de Gandhi, hay una que se amolda a la realidad de su país, a la cual muchos de los líderes en India y Pakistán deberían recordar siempre: "Soy incapaz de odiar. He aprendido esto a través de un largo aprendizaje, de por lo menos cuarenta años, basado en la oración. Nunca es bueno el amor a los otros, cuando es exclusivo y con excepciones. Yo no puedo amar a los hindúes o a los musulmanes y odiar a los ingleses. El verdadero amor es sincero y desinteresado".
Ese es el legado de Gandhi: ver algún día restaurada la hermandad entre hindúes y pakistaníes. Todavía es posible y esperemos que estos grandes pueblos asiáticos logren superar las diferencias, antes de usar las armas.
La convivencia pacífica es la solución y la tolerancia es necesaria para entender la diversidad humana, la mejor riqueza que posee nuestra civilización.