Decida pronto, Sr. Ministro
Con sorpresa leí una noticia en este diario sobre un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, en cuanto a que nuestro país "aún no decide" a qué candidato apoyará para el cargo de Secretario General de la OEA. Me llamó mucho la atención que Panamá no haya decidido brindar su apoyo al candidato centroamericano, el ex presidente Francisco Flores, cuando en algún momento, luego de la salida del organismo de Miguel Ángel Rodríguez, vinculado a un supuesto caso de corrupción en su país, el gobierno panameño dejó entrever la posibilidad de presentar como candidato a dicho cargo, por la región centroamericana, al Dr. Aristides Royo, actual Representante Permanente de Panamá ante la OEA. Me pregunto: ¿Era Centroamérica buena para apoyar a un panameño y Panamá no lo es para apoyar a un centroamericano?
Lamento no compartir la referencia que hacen del comunicado en mención cuando se señala que: "El objetivo de Panamá es que se logre una candidatura de consenso". Debemos tener claro que le corresponde en todo caso a los países que proponen candidatos buscar el consenso, ese no es trabajo de Panamá. En cuanto a que "nuestro posible voto para el cargo se guiará en todo momento por lo que indique el interés nacional", opino que en temas de elecciones en organismos multilaterales deberíamos ser más cautelosos al emitir estos comentarios.
Panamá ha tenido en la OEA dos experiencias no muy gratas en este tema. Una fue en 1967, cuando nuestro país presentó la candidatura del embajador Eduardo Ritter Aislán al cargo de Secretario General de la OEA, considerada en aquel entonces como el resultado de una justificada aspiración de los países centroamericanos. Participó en cuatro votaciones, pero sólo llegaba a tener diez votos, necesitaba dos más para salir electo. Dos embajadores de países amigos, actuando en contra de las directrices de sus propios gobiernos, no estaban votando a favor de Panamá, lo que motivó el retiro de nuestro candidatura, allanando el camino para que resultara electo el Dr. Galo Plaza, ex Presidente del Ecuador.
La más reciente, y no menos triste, fue en el 2000, cuando en Windsor, Canadá, el embajador Lawrence Chewning Fábrega, con amplia trayectoria en el sistema interamericano, fue postulado a Secretario General Adjunto y pierde en sus aspiraciones ante el estadounidense Luiggi Enaudi, actual Secretario General Encargado de la OEA. Aquí se dieron situaciones diferentes, pues Panamá no retiró su candidatura. Varios Estados decidieron quitarnos, en último momento, el apoyo que habían comprometido con nuestro país, desde un inicio, como por ejemplo los Estados del Caribe en pleno, y algunos países como Venezuela, Guatemala y Nicaragua.
Panamá, en algunas ocasiones, también ha actuado en situaciones parecidas a lo que hemos descrito; hace poco lo observamos en la elección al cargo de Secretario General realizada en junio de 2004, cuando siendo el costarricense el único candidato y contando con más de los 18 votos que se requieren, hoy, para ocupar el cargo de Secretario General, Panamá no le brindaba su apoyo; supongo que, esperando en aquel entonces que se postulara el presidente Flores, y que el país más poderoso, que cambió los votos del Caribe para que Panamá no ocupara el cargo de Secretario General Adjunto en el 2000, cambiara igualmente los votos del candidato costarricense y de esa forma el presidente Flores saliera electo en ese momento. Craso error del gobierno anterior y peor aún, después de haber vivido la experiencia en Windsor.
Los tres candidatos actuales poseen buenas credenciales para ocupar el cargo y representan a países con los cuales mantenemos excelentes relaciones; no obstante, debemos tener presente el hecho que desde los inicios de la OEA, el cargo de Secretario General ha sido ocupado sólo por países suramericanos, incluyendo al hermano país chileno, por lo que sería bueno tomar en consideración el principio de la igualdad jurídica de los Estados que establece la Carta de la OEA.
El apoyo que debe dar Panamá a candidaturas en los organismos multilaterales debe empinarse sobre intereses subalternos con seriedad, responsabilidad y comprometiendo la palabra empeñada, teniendo presente por encima de cualquier otra consideración el bienestar y el fortalecimiento de la Organización de estados Americanos. Ello nos dará el respeto que como Estado nos merecemos en el concurso de naciones.
(*)Ex Embajador Alterno de Panamá en la OEA.
Lamento no compartir la referencia que hacen del comunicado en mención cuando se señala que: "El objetivo de Panamá es que se logre una candidatura de consenso". Debemos tener claro que le corresponde en todo caso a los países que proponen candidatos buscar el consenso, ese no es trabajo de Panamá. En cuanto a que "nuestro posible voto para el cargo se guiará en todo momento por lo que indique el interés nacional", opino que en temas de elecciones en organismos multilaterales deberíamos ser más cautelosos al emitir estos comentarios.
Panamá ha tenido en la OEA dos experiencias no muy gratas en este tema. Una fue en 1967, cuando nuestro país presentó la candidatura del embajador Eduardo Ritter Aislán al cargo de Secretario General de la OEA, considerada en aquel entonces como el resultado de una justificada aspiración de los países centroamericanos. Participó en cuatro votaciones, pero sólo llegaba a tener diez votos, necesitaba dos más para salir electo. Dos embajadores de países amigos, actuando en contra de las directrices de sus propios gobiernos, no estaban votando a favor de Panamá, lo que motivó el retiro de nuestro candidatura, allanando el camino para que resultara electo el Dr. Galo Plaza, ex Presidente del Ecuador.
La más reciente, y no menos triste, fue en el 2000, cuando en Windsor, Canadá, el embajador Lawrence Chewning Fábrega, con amplia trayectoria en el sistema interamericano, fue postulado a Secretario General Adjunto y pierde en sus aspiraciones ante el estadounidense Luiggi Enaudi, actual Secretario General Encargado de la OEA. Aquí se dieron situaciones diferentes, pues Panamá no retiró su candidatura. Varios Estados decidieron quitarnos, en último momento, el apoyo que habían comprometido con nuestro país, desde un inicio, como por ejemplo los Estados del Caribe en pleno, y algunos países como Venezuela, Guatemala y Nicaragua.
Panamá, en algunas ocasiones, también ha actuado en situaciones parecidas a lo que hemos descrito; hace poco lo observamos en la elección al cargo de Secretario General realizada en junio de 2004, cuando siendo el costarricense el único candidato y contando con más de los 18 votos que se requieren, hoy, para ocupar el cargo de Secretario General, Panamá no le brindaba su apoyo; supongo que, esperando en aquel entonces que se postulara el presidente Flores, y que el país más poderoso, que cambió los votos del Caribe para que Panamá no ocupara el cargo de Secretario General Adjunto en el 2000, cambiara igualmente los votos del candidato costarricense y de esa forma el presidente Flores saliera electo en ese momento. Craso error del gobierno anterior y peor aún, después de haber vivido la experiencia en Windsor.
Los tres candidatos actuales poseen buenas credenciales para ocupar el cargo y representan a países con los cuales mantenemos excelentes relaciones; no obstante, debemos tener presente el hecho que desde los inicios de la OEA, el cargo de Secretario General ha sido ocupado sólo por países suramericanos, incluyendo al hermano país chileno, por lo que sería bueno tomar en consideración el principio de la igualdad jurídica de los Estados que establece la Carta de la OEA.
El apoyo que debe dar Panamá a candidaturas en los organismos multilaterales debe empinarse sobre intereses subalternos con seriedad, responsabilidad y comprometiendo la palabra empeñada, teniendo presente por encima de cualquier otra consideración el bienestar y el fortalecimiento de la Organización de estados Americanos. Ello nos dará el respeto que como Estado nos merecemos en el concurso de naciones.
(*)Ex Embajador Alterno de Panamá en la OEA.