Decisiones
En estos días escuché la preocupación que tenían algunos economistas que predicen una escasez de alimentos como consecuencia del alto costo del petróleo, la incontrolable inflación y una a falta de planificación agropecuaria.
Los productores nacionales se quejan de los bajos precios que pagan los intermediarios, y éstos últimos, aseguran que su ganancia es justa.
Algunos productores no ven más negocio en sus cosechas por el alto costo de insumos, combustible y semilla. Situación que nos obliga a depender de la importación para satisfacer la demanda nacional, que queda sujeta una vez más, a la oferta y demanda sin garantizar el abastecimiento o abaratamiento del producto.
Se hace necesaria una mesa de trabajo que redefina el rumbo de nuestra política agropecuaria a corto, mediano y largo plazo. El sector requiere de una estructura que lo satisfaga en tecnología, financiamiento e investigación. Este escenario nada alentador, se suma a la desesperación en la que viven miles de ciudadanos por falta de agua potable, jóvenes que reclaman mejores condiciones para sus colegios y células estudiantiles convencidas de que el vandalismo los llevará a la cima del liderazgo y la solución a sus problemas.
El clima de constantes protestas, por cualquier motivo, no converge con los planes de desarrollo y promoción que emprende el gobierno en el extranjero para dinamizar la economía, y menos con la paz social. Es por eso que los ciudadanos preguntamos: ¿Cómo es posible que con el superávit económico el gobierno no sea capaz de apaciguar las necesidades básicas de las comunidades? ¿Qué impide tomar decisiones ante problemas de suma urgencia?