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Declaraciones presidenciales y algo más


En lo personal, no me sorprenden las declaraciones que altas figuras del gobierno central emiten a los medios de comunicación. ¿Qué podemos esperar de ellos? Estas, aparte de ser "irresponsables" y muchas veces "atorrantes", son en realidad una ofensa mayúscula al intelecto del ciudadano panameño; habiendo ejemplos de vicio.
Hace días, la presidenta Moscoso se refirió al aumento de la tarifa eléctrica. Cuando los periodistas la cuestionaron, ella respondió: "vamos a tratar de que no haya alza de la luz y si la hay, que sea mínima". Aunque el problema ya terminó, aún no me "cuaja" cómo la primera autoridad del país respondió semejante "desfachatez". ¿Por qué contestó eso? Habría que analizar, más a fondo, las razones que la motivaron a decir lo que dijo. No creen ustedes que hubiese sido más razonable que respondiera algo así como: "Promulgaré un proyecto de ley para que se revise, íntegramente, el contenido de los contratos con Elektra y Unión Fenosa, para que se ajusten a la realidad económica nacional". Con esto, no se estaría violando la Constitución o extralimitándose en funciones.
Por otro lado, estando en el "ojo de la tormenta" el tema de la casa de Punta Mala, la mandataria otorgó una entrevista a Luz María Noli. Habló sobre el dichoso "morbo" que se generó en torno a la mansión. Sin embargo, lo medular que manifestó, ante la pregunta sobre lo que ha hecho su gobierno, fue que su administración se había orientado a cumplir con una "agenda social". Y entonces, ¿dónde quedó la agenda económica, la política, la electoral, la de salud, la de trabajo y la de educación? ¿O será que ella piensa que en este país sólo se vive de títulos de propiedad? ¿Acaso la comida cae del cielo, como el maná? Tendremos que esperar a que sus "amigos" le compren la casa, para ver si da otra exclusiva y responde a estas preguntas.
En otra oportunidad dijo a los medios "que ella no tenía una varita mágica para resolver todos los problemas de Panamá". Nadie espera que la presidenta sea "Harry Potter", menos omnipotente u omnipresente. Sencillamente, que haga lo que la Constitución le ordena. Pero si no puede, como mandataria, resolver cosas simples o al menos dar soluciones rápidas a la comunidad, entonces ¿para qué es la Presidenta de la República?
Creo que los ciudadanos de este país merecemos que nuestros gobernantes y dirigentes sean honestos, sinceros, hombres o mujeres de palabra, pero sobre todo "humildes". En Panamá no necesitamos super héroes. Sólo seres humanos que admitan, cuando las cosas vayan mal, que no tienen la capacidad para resolver los problemas. ¿Sería mucho pedir de los presidentes algo así?
¿Estaré pecando de ingenuo por solicitar que un "arnulfista" sea coherente en su articular, cuando se dirige a los medios de comunicación?
A esta colaboración le puse el "algo más" porque he notado en los tres años, casi cuatro, que lleva de gobernar el partido de Arnulfo Arias, una singular característica. ¿No han visto ustedes lo fácil que es para ellos echarle la culpa de sus males a las administraciones de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares? ¡Las "plañideras interioranas" se les quedan cortas! Mi abuela materna me ha enseñado que "mal de muchos, es consuelo de tontos".
Lo que diferencia a un "estadista" de un "charlatán" es que el primero hace posible lo imposible o al menos trata. No vacila en tomar decisiones, por buenas o malas que éstas sean. Admite sus errores y los rectifica, si el caso así lo requiere. Pero más importante aún, es que no se echa a llorar cada vez que le salen mal las cosas; menos culpa a otros de su descrédito o incapacidad.
Ocupar una posición dentro de la maquinaria gubernamental trae consigo una amplia responsabilidad. No me cabe la mínima duda. Una responsabilidad no sólo en ejecutar "decorosamente" las labores para las que fueron seleccionados, sino para brindarle el mayor de los respetos a la ciudadanía. Una ciudadanía que, por minoría o por mayoría (eso ya no importa), los puso allí.
Este "desgobierno" y sus representantes, en múltiples ocasiones, le han faltado el respeto a los panameños, con todo lo que hacen y, más, con lo que dicen. Para colmo de males, ahora uno no los puede llamar "corruptos" sin presentar pruebas sumarias, por más "secreto a voces" que esto sea.
Querer tapar el sol con un dedo fue, es y será siempre imposible. Sin embargo, estoy tranquilo porque sé que "entre el cielo y la tierra, no hay nada oculto". Un consejo para todos y cada uno de los integrantes de la actual administración: antes de abrir la boca ante una cámara, un micrófono o un teléfono celular, tómense un par de minutos, respiren, piensen en lo que van a decir pero, por el amor de Dios, tengan "dignidad".
(jayamal@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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