Deduzcamos la inversión educativa
Educar para el futuro es una premisa que debemos respaldar. Pero ahora, una nueva propuesta en torno al tema surge con fuerza y alma propia. Escuche a la abogada Michelle Oteiza en el segmento legal de Hola Buenos Días en Caracol, donde haciendo uso de un altamente desarrollado poder de convencimiento, propone, sin ambages, que nuestra legislatura cree leyes que actúen como incentivos fiscales para la educación. Esta propuesta deberíamos acuerparla.
En Panamá se otorgan incentivos fiscales para promover la inversión privada hacia determinados sectores de la economía, retribuyéndole al contribuidor toda o parte de su inversión al clasificarla como deducible del impuesto sobre la renta. Nuestra Constitución establece en su artículo 97 que la "ley podrá crear incentivos económicos en beneficio de la educación pública y la educación particular", pero esos incentivos económicos no se han dado, y como bien señala Oteiza, las vacas panameñas corren con mejor suerte que nuestros estudiantes. Lo mismo va para las plantaciones de tecas o para las sombrillas de playa, si tienen éstas un fin turístico.
Es fácil. De veinte años para acá, intereses económicos han logrado la creación de leyes con incentivos fiscales para los sectores agropecuario, forestal y turismo y "cero, nada, zit" para incentivar la que debería ser una de nuestras más importantes contribuciones, la educación de nuestros hijos. Señala Oteiza, y tengo que coincidir con ella, que tradicionalmente para nuestros gobernantes ha sido lamentablemente mucho más importante reforestar que educar y recibir turistas que educar. Así señala ella con sarcasmo, pero con la verdad en la mano, que en Panamá, y por más irónico que parezca, puede ser deducible el alimentar una vaca, darle los afrechos más esquistos y salir ganando, pero no es deducible el educar a un panameño.
A mí me tocó pagar sumas onerosas, con algunas privaciones y sacrificios, para ofrecerle a mis cuatro hijos una educación universitaria esmerada en los Estados Unidos. Pero yo no soy parte de la mayoría de los padres panameños. Pero sí hay muchos que a costa de esfuerzos muy grandes, y conscientes de que los hijos son el futuro de la patria, hacen lo imposible por darles el beneficio de una educación en escuelas privadas. De igual forma, estamos sacando fuertes sumas de nuestro bolsillo para pagar la educación de nuestros hijos y cuando ellos se gradúan, se convierten irremediablemente en pagadores de impuestos, en nuevos contribuyentes.
Entonces, y hacia esta lógica nos dirige Oteiza, los padres hemos educado gratuitamente a los nuevos contribuyentes. El planteamiento de Oteiza, y que ojalá algún legislador lo presente como proyecto de ley porque definitivamente tiene sus méritos, es que las escuelas privadas pudieran emitir bonos educacionales cuya inversión fuese total o parcialmente deducible del impuesto sobre la renta, como lo son los bonos agroindustriales, forestales y de turismo, que hoy existen en el mercado local de valores. Así, los colegios privados tendrían fuentes de financiamiento menos costosas con el consecuente mejor aprovechamiento del dinero. Hasta podrían mejorarle los salarios al cuerpo docente y éstos, a su vez, pues podrían pagar más impuestos. El estado también podría implementar programas para el otorgamiento de becas a estudiantes, y así como el popular proyecto de ANCON de "Adopta tu Hectárea", se podría promover la adopción de la educación de un niño, con las consecuentes deducciones fiscales.
Actualmente nuestras leyes sólo permiten deducir los intereses pagados en concepto de préstamos que se destinen exclusivamente a pagos educativos, pero eso no basta, es un paliativo, mas no así un incentivo. Y si como dice Oteiza, la raíz del subdesarrollo es la falta de educación, entonces, dolorosamente, cada vez seremos más pobres.
* Administrador General de la ARI.
En Panamá se otorgan incentivos fiscales para promover la inversión privada hacia determinados sectores de la economía, retribuyéndole al contribuidor toda o parte de su inversión al clasificarla como deducible del impuesto sobre la renta. Nuestra Constitución establece en su artículo 97 que la "ley podrá crear incentivos económicos en beneficio de la educación pública y la educación particular", pero esos incentivos económicos no se han dado, y como bien señala Oteiza, las vacas panameñas corren con mejor suerte que nuestros estudiantes. Lo mismo va para las plantaciones de tecas o para las sombrillas de playa, si tienen éstas un fin turístico.
Es fácil. De veinte años para acá, intereses económicos han logrado la creación de leyes con incentivos fiscales para los sectores agropecuario, forestal y turismo y "cero, nada, zit" para incentivar la que debería ser una de nuestras más importantes contribuciones, la educación de nuestros hijos. Señala Oteiza, y tengo que coincidir con ella, que tradicionalmente para nuestros gobernantes ha sido lamentablemente mucho más importante reforestar que educar y recibir turistas que educar. Así señala ella con sarcasmo, pero con la verdad en la mano, que en Panamá, y por más irónico que parezca, puede ser deducible el alimentar una vaca, darle los afrechos más esquistos y salir ganando, pero no es deducible el educar a un panameño.
A mí me tocó pagar sumas onerosas, con algunas privaciones y sacrificios, para ofrecerle a mis cuatro hijos una educación universitaria esmerada en los Estados Unidos. Pero yo no soy parte de la mayoría de los padres panameños. Pero sí hay muchos que a costa de esfuerzos muy grandes, y conscientes de que los hijos son el futuro de la patria, hacen lo imposible por darles el beneficio de una educación en escuelas privadas. De igual forma, estamos sacando fuertes sumas de nuestro bolsillo para pagar la educación de nuestros hijos y cuando ellos se gradúan, se convierten irremediablemente en pagadores de impuestos, en nuevos contribuyentes.
Entonces, y hacia esta lógica nos dirige Oteiza, los padres hemos educado gratuitamente a los nuevos contribuyentes. El planteamiento de Oteiza, y que ojalá algún legislador lo presente como proyecto de ley porque definitivamente tiene sus méritos, es que las escuelas privadas pudieran emitir bonos educacionales cuya inversión fuese total o parcialmente deducible del impuesto sobre la renta, como lo son los bonos agroindustriales, forestales y de turismo, que hoy existen en el mercado local de valores. Así, los colegios privados tendrían fuentes de financiamiento menos costosas con el consecuente mejor aprovechamiento del dinero. Hasta podrían mejorarle los salarios al cuerpo docente y éstos, a su vez, pues podrían pagar más impuestos. El estado también podría implementar programas para el otorgamiento de becas a estudiantes, y así como el popular proyecto de ANCON de "Adopta tu Hectárea", se podría promover la adopción de la educación de un niño, con las consecuentes deducciones fiscales.
Actualmente nuestras leyes sólo permiten deducir los intereses pagados en concepto de préstamos que se destinen exclusivamente a pagos educativos, pero eso no basta, es un paliativo, mas no así un incentivo. Y si como dice Oteiza, la raíz del subdesarrollo es la falta de educación, entonces, dolorosamente, cada vez seremos más pobres.
* Administrador General de la ARI.