default

Defensa de la institucionalidad y sus contradicciones


Hay situaciones complejas, propias del quehacer individual y colectivo, cuya comprensión difícilmente las vamos a encontrar en la lógica formal del derecho o como señalan doctrinantes de gran fuste jurídico –científico, en la dimensión que recrea la norma jurídica y más concretamente, la ley. No olvidemos tal como lo señala Altusser, el derecho es una de las tantas expresiones como suele presentarse la dimensión ideológica. En consecuencia, como dice Karel Kosik, en su magistral obra filosófica. Dialéctica de lo Concreto, el fenómeno, por lo general, no nos revela su esencia o reales contradicciones, lo que nos lleva a tener como verdad lo aparente o sencillamente el denominado mundo de lo seudo concreto.

El proceso que se le sigue a la licda. Ana Matilde Gómez, Procuradora General de la Nación, hay que resituarlo en el marco de un sistema, en el que los subsistemas que lo articulan, viene dando cuenta de un proceso creciente de desgaste y pérdida de confianza o legitimidad social.

Lo anterior es lo que nos lleva a sostener que hay que tener cuidado con el argumento de la defensa de la institucionalidad, perdiendo de vista que estamos frente a paradigmas democráticos e institucionales que surten el camino del desfase, muy a pesar que cumplen con el trámite de la formalidad legal. En ese sentido la crítica de los ciudadanos y la sociedad civil, en el marco del caso Gómez, debería tener un alcance propositivo y reformador, de tal suerte que los esfuerzos deben tender a producir o construir nuevas correlaciones o maneras de relacionarse los ciudadanos con el Estado y de este con todos sus subsistemas u órganos que lo articulan. Discursar en dirección a defender una institucionalidad desgastada, es caer en la trampa de la supervivencia del status quo.

Tenemos que elevar el nivel del debate ciudadano. No olvidemos que la sociedad es una suma contradictoria de factores de poder, dicho de otra manera, moviéndose en direcciones opuestas; colisionando y produciendo con ello desgaste al sistema democrático y a nuestras instituciones. En ese sentido el pueblo panameño, la sociedad civil, tiene que repensar su accionar democrático, porque al final de cuentas y sin tener conciencia de ello termina rearfirmando lo que pregona adversar.

En consecuencia, el discurso tiene que apuntar en otra dirección: Repensar los actuales conceptos o paradigmas democráticos e institucionales.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América