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¿Defensor de qué?


La Defensoría del Pueblo es una institución que, en Panamá, nació muerta. Aun así, los sectores más perversos y nefastos de la clase política local, no han perdido ocasión para ejercer su sadismo depredador de libertades contra dicha figura.
¿Cuál es el principal delito de la Defensoría para ellos? Que pueda llegar a ser una institución del pueblo, para el pueblo y que trabaje con el pueblo. Por eso, muy tempranamente se encargaron de distorsionar, desnaturalizar y desviar la figura del Ombudsman. Han logrado hasta ahora, con los votos de los "legisladrones", privar a la ciudadanía de un verdadero instrumento para construir el necesitado Estado de Derecho y se saldrán, nuevamente, con la suya al olvidar "que cuando menos en el caso panameño, el perfeccionismo, cuando se trata de establecer organismos democratizadores, no es un lujo sino una necesidad".
La Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 nos enseña que: " La ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre, son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos" Sin embargo, la partidocracia se ha organizado para golpear nuevamente, esta vez a través del denominado "pacto META", cualquier posibilidad que permita a los habitantes de este país cumplir un papel más activo y positivo en el terreno de la defensa de las libertades democráticas y Derechos Humanos, como un medio efectivo de alcanzar un ejercicio real de nuestras garantías fundamentales, tan cotidiana y alegremente pisoteadas por la mayoría de las autoridades de los distintos órganos del Estado.
Está evidenciado que no se tiene la menor intención de permitir que la Defensoría sea un signo de identidad democrática independiente, no subordinada a ninguno de los poderes constituidos y menos al de los partidos políticos del META o del METAMANO.
Tampoco desean que dicha institución se desarrolle a fin de mejorar la defensa, promoción y divulgación de los Derechos Humanos en su sentido más amplio.
Cuando se aprobó en 1997 la ley "Por la cual se crea la Defensoría del Pueblo", señalamos que: "algunos de los integrantes de la Comisión Presidencial supieron actuar como verdaderos maestros del engaño" El tiempo nos da la razón. Gracias a los maestros del engaño y sus legisladrones primero, y también gracias a la cúpula del Ministerio Público y del "rgano Judicial, no tendremos los panameños -ni remotamente- una institución que defienda con firmeza los derechos fundamentales de los ciudadanos frente a cualquier ejercicio de la autoridad que desborde el ordenamiento jurídico. No tendremos una Defensoría que rechace todo abuso de poder que viole la vida privada o atente contra la honra de los panameños, que luche sin tregua por el respeto del debido proceso y de la presunción de inocencia. No habrá en Panamá un Defensor del Pueblo que impulse la defensa eficaz de los derechos humanos de los sectores sociales más vulnerables y vigile la eficiente administración de justicia y la plena vigencia de las garantías procesales.
El próximo Defensor ya tiene nombre, apellido y, sobre todo, partido. Su misión: hacer de la Defensoría un cargo burocrático, ineficaz. Preguntado Sócrates por su patria, no respondió "Soy de Atenas", sino "Soy del mundo". Cuando le pregunten al próximo Defensor, ¿defensor de qué? Ya sabemos que responderá: "¡Del puesto!", porque jamás podrá responder: ¡Del pueblo!

101 años de Panamá América

 
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