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Definitivamente, Dios es panameño


Antes de referirme al tema que me ocupa hoy, quiero dejar unas palabras para una mujer que supo ser la primera en su género, que cantó los boleros como nadie y que nos hizo disfrutar escuchándolo y bailándolos. Yo la conocí desde muy joven y me hizo muy feliz cada vez que la escuchaba. Yo también intento cantar "Campanitas de Cristal" y a varias personas ella le decía que yo era la única persona que le permitía cantarla. Eso, viniendo de Marta Estela Paredes, es un gran halago y un orgullo. Siempre te recordaremos con todo cariño y cántasela también a Dios. Que Él te bendiga.
No puedo pasar por alto el problemón que se nos presenta a los panameños, luego de tantas muertes que, para una población pequeña, son muchos. Hace varios años escribí un artículo sobre la salud de los pobres y describía algunos incidentes dignos de ser conocidos porque pareciera que nuestra gente humilde, que no tiene medios para asistir a clínicas privadas y comprar sus medicinas, estuviera a la buena de Dios, porque por suerte, Él es panameño. No puedo concebir ni como médico ni como ciudadana, lo que ha sucedido y, sobre todo, la forma equivocada como lo han llevado las autoridades. Primero dijeron que era un medicamento antihipertensivo; luego hicieron una lista grande de medicinas fabricadas en el Seguro, para terminar diciendo que es un jarabe.
Nos queda la interrogante de cómo llegó ese veneno a los frascos contaminados y por qué sólo unos pocos y no todos los diez mil que se reparten por mes. ¿Cómo se tiraron a acusar al Isinopril sin tener la seguridad de que fuera el mismo? ¿Saben el daño que le han hecho mundialmente a ese laboratorio y creen que se quedarán cruzados de brazos?
Cuando comencé a trabajar en el Seguro Social, era director general el señor Jorge Porras, gran director. Entonces había autonomía verdadera y los medicamentos que allí se expendían eran variados y de primera calidad. No se perdía tiempo en medicinas baratas. Cuando vinieron los militares se les llenaron los ojos con el dinero del Seguro y decidieron quitar la autonomía y manejarlo a su antojo. No contaré sino sólo lo relacionado con los medicamentos. Comenzaron a comprar medicinas por el menor precio y no por la mejor calidad; traían medicamentos directamente de ciertos países que no hacían efecto a los pacientes y era dinero perdido y salud perdida. Citaré sólo uno que recuerdo, un antiulceroso estomacal que reemplazaba al Zantac y no trabajaba en los pacientes que seguían con sus síntomas. Otro que traían de un país de oriente y que los pacientes los deponían como se los tragaban.
No pasaban por Registro Sanitario y venían directamente como negociado de determinadas personas. Las cosas han continuado igual y ahora tenemos un terremoto con muertos y todo. Razón tiene el señor que dice que esas muertes tienen cara de pobreza. Pareciera que en Panamá existen dos mundos en salud y los pobres están desprotegidos de las autoridades que no les importa con ellos, aunque los protege Dios.
El Hospital Oncológico es un desastre. Si no fuera por las entidades privadas como Fundacáncer o Ancec que ayudan, se morirían los pacientes. El tiempo que demoran en ser vistos, tratados y salvados es largo hasta que se hace tarde. El número de médicos no es suficiente para la cantidad de pacientes que abarca todo el país. El personal es excelente, pero insuficiente. Que abran plazas para formar más médicos. Que se ocupen de la salud de los pobres.
Desde 1984 se hizo un gran recorte al presupuesto de salud. Yo era Presidenta de la Asociación Médica Nacional y le pedí al entonces Presidente que no lo hiciera, pero entonces era la orden del neoliberalismo que comenzaba en Panamá. No pude comprender cómo se le endosaban los beneficiarios al Seguro para liberarse de obligaciones que eran del MINSA. Fue una irresponsabilidad incomprensible. Igual sucedió cuando le recortaron un millón de balboas al SNEM y reapareció la malaria y el dengue, que aún no han podido ni sabido controlar. Los militares tienen en su conciencia haber acabado con la buena salud que había en Panamá.
Prometo un segundo capítulo que saldrá el próximo miércoles. Diré verdades.
marisin@movistar.com.pa

101 años de Panamá América

 
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