default

Definitivamente, Dios es panameño (II)


Si recuerdan la columna del miércoles pasado, pareciera que hubiera previsto lo sucedido en los últimos días. Decía que la responsabilidad era del Seguro Social por no tener una política definida para la adquisición de medicamentos y no les importa con los asegurados. Hemos llegado a un estado tal, que ahora la responsabilidad es de una compañía privada que vendía los insumos. No quiero quitar ninguna culpabilidad que esa empresa pueda tener. Sin embargo, serán cinco tontos los que queden presos, mientras la verdadera responsabilidad está en un núcleo del Seguro Social. Para mí, como viene sucediendo desde hace miles de años, no existe control de medicamentos en la institución. Pareciera que la Comisión de Medicamentos no juega el papel que le corresponde; según escuché de boca de la Decana de la Escuela de Farmacia, desde el 2002 el laboratorio de la Universidad no tiene injerencia en la fabricación de medicinas en el Seguro.
Si Jované cometió ese error, imperdonable, debieron sacarlo antes de allí. Pero, al llegar esta administración, debió darse cuenta de lo que pasaba y decidir hacer bien las cosas y volver a un verdadero control de medicamentos para los pobres. Lo que sucede es que la cabeza no se ocupa de lo que sucede en los mandos medios. Es inconcebible que al lado del laboratorio haya una imprenta y un taller, y el director y las demás autoridades no conozcan de esta incompatibilidad.
Hace años vengo diciendo que la Ley del Seguro hay que modificarla, pero para mejorarla. Si nombran a un médico en la Dirección General, no sabe de finanzas. Si nombran a alguien que sepa de esto, ignora lo que es salud y no escuchan a sus directores. Al modificar la Ley , debieron pensar en esta situación. Pero sólo se ocuparon de cambiar lo que les permitiera sacarle más plata al pueblo y no mejorar la atención.
Pensamos entonces, que la culpabilidad está en el núcleo que no controló la calidad del producto que les vendían. Pero, si empezamos por ellos, vendría una cadena de culpables que haría llevar a la cárcel a muchos grandes, y no les conviene.
Según mi manera de ver la situación, todavía no tienen nada claro de lo sucedido, pero la gente continúa muriendo despiadadamente, mientras los responsables andan sueltos. Nada se ha esclarecido hasta ahora. Recordemos que, últimamente se dice que los envases plásticos no deben utilizarse en ciertas cosas y es en ellos que viene el jarabe. Piensen bien que hay cosas que no se han dicho y existen lagunas que deben aclarar.
Leyendo un libro sobre neoliberalismo, decía que esa tendencia busca acabar con la salud pública y que prevalezca la privada. Esto explica lo que dije en la columna anterior y el deterioro que hemos tenido. ¡Que se mueran los pobres, total, para qué sirven! No olvidemos que las IFI ordenan las políticas que deben seguir los países que están endeudados y el nuestro lo está. La ley fiscal última la hicieron allá, igual que la del Seguro. Entonces, enlacemos los acontecimientos y saquemos conclusiones. Esas instituciones de los países desarrollados no sólo están acabando con nuestra humilde riqueza, sino que aumenta nuestra pobreza sin consideración con los que no tienen nada. ¿Hasta cuándo seguiremos adquiriendo deudas para no poder gobernar sino que nos obligan a hacer lo que ellos dicen? ¿Por qué tuvo que venir la dictadura que cambió algunas cosas positivas para robar más y deshacer lo instituido? Ahora pagamos las consecuencias de aquella política de corrupción que no ha terminado, más bien se ha profundizado y nos está llevando a un descalabro moral, económico y social.
Señores del Seguro y del MINSA: Los panameños somos seres humanos; los pobres lo son igual que los ricos. No acabemos con ellos como la manera de acabar con la pobreza. La fiebre no está en la manta. Panamá ha descendido tanto que, aunque le entre dinero a montones, no saldremos del subdesarrollo porque no sabemos actuar como reales gobernantes y líderes de los pueblos. Los nuestros no lo son y engañan a todos propugnado por una pobreza que no les importa si tiene cara de muerte.
marisin@movistar.com.pa
La abstención electoral debe ser motivo de preocupación entre los sectores políticos y sociales, ya que la democracia se alimenta de participación ciudadana y al no ejercerse el derecho al voto, éste pierde validez, lo que puede provocar la concentración del poder en una minoría. Esto, si se convierte en tendencia, puede considerarse como síntoma de debilidad de una sociedad democrática, pues abstencionismo revela la existencia de grupos importantes de ciudadanos para los cuales carece de significación el sistema político.
Si el escenario del referéndum se hubiera caracterizado por contar con más tiempo, más debate democrático, más transparencia e inserto en el marco de la construcción incluyente y participativa de un plan o estrategia nacional de desarrollo, el fantasma del abstencionismo no se pasearía dando alaridos entre nosotros.
raulleisr@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América