Deforestación S.A.
Tal es el nombre que se nos ocurre pensar puede aplicársele a la constante deforestación, sin tregua, que nos está conduciendo a la desolación.
Con estupor hemos visto por televisión que un inmenso camión cargado de grandes troncos sufrió un accidente, razón por la cual permaneció estacionado y se pudo retratar para ofrecerle el espectáculo al público.
Nos preguntamos si la Autoridad Nacional del Ambiente sabe de esto o no está enterada. Si no lo está, sirva el presente editorial para informárselo a fin de que se investigue de qué área provenía el cargamento, quién o quiénes son sus propietarios, y, muy particularmente, si obtuvieron alguna autorización para llevar a cabo esa devastadora tala y en ese caso quién la otorgó.
Nos preocupa grandemente pensar que la exterminación de nuestros bosques se esté llevando a cabo sin control, y peor aún, por desidia o por complicidad. Un camión repleto de tucas no puede pasar inadvertido por ninguna parte y menos aún frente a una garita de policía sin que se le detenga para verificar la documentación que demuestre la legalidad del cargamento.
Tampoco podemos resignarnos a que lo acontecido no fuera más que una noticia. Es tiempo de que las leyes se respeten y que toda agresión a nuestro ambiente sea castigada con rigor.
Una vista aérea del Darién, que otrora fuera uno de los bosques más tupidos del mundo, no inspira otra cosa que asombro con vergüenza y pesar.
La ANAM tiene la palabra.
Con estupor hemos visto por televisión que un inmenso camión cargado de grandes troncos sufrió un accidente, razón por la cual permaneció estacionado y se pudo retratar para ofrecerle el espectáculo al público.
Nos preguntamos si la Autoridad Nacional del Ambiente sabe de esto o no está enterada. Si no lo está, sirva el presente editorial para informárselo a fin de que se investigue de qué área provenía el cargamento, quién o quiénes son sus propietarios, y, muy particularmente, si obtuvieron alguna autorización para llevar a cabo esa devastadora tala y en ese caso quién la otorgó.
Nos preocupa grandemente pensar que la exterminación de nuestros bosques se esté llevando a cabo sin control, y peor aún, por desidia o por complicidad. Un camión repleto de tucas no puede pasar inadvertido por ninguna parte y menos aún frente a una garita de policía sin que se le detenga para verificar la documentación que demuestre la legalidad del cargamento.
Tampoco podemos resignarnos a que lo acontecido no fuera más que una noticia. Es tiempo de que las leyes se respeten y que toda agresión a nuestro ambiente sea castigada con rigor.
Una vista aérea del Darién, que otrora fuera uno de los bosques más tupidos del mundo, no inspira otra cosa que asombro con vergüenza y pesar.
La ANAM tiene la palabra.