Deja tu huella…
Siembra un árbol, escribe un libro, ten un hijo y desde hoy te invito a cambiar esta popular frase añadiendo regala vida... dona un órgano.
Han sido tantos los artículos que he leído sobre la donación de órganos y cada uno de ellos sensibiliza mi alma, pues es inminente la necesidad de contar con órganos para salvar miles de vidas que los necesitan. Sin embargo, nada conmueve más mi ser que el caso de una joven madre que regala vida a su hijo por segunda ocasión. La primera vez, hace siete años, cuando le vio nacer y hoy cuando ofrecerá uno de sus riñones para procurar su salud. Esta historia me estremece por la conjugación de miedo y valentía y por ser de mi familia.
Este tema ha dado mil vueltas en mi cabeza por largo tiempo, pero cómo lograr un cambio sustancial en la mente de quienes hoy estamos sanos y no imaginamos si quiera requerir en algún momento un órgano de otro ser humano que nos regale vida. ¿Qué puedo decir de diferente para que las donaciones sean masivas? No aspiro cambiar al mundo, no obstante, espero llegar a tu corazón.
Este no es un mensaje para tu esposa(o), hijos ni tus familiares, es para ti; no para elegir la donación por otros, sino por y para ti. No sabemos cuándo la vida se nos puede estar yendo de las manos. Muchas veces lo inesperado llega antes de saber si el paciente califica o no para estar en una lista de espera o conocer si hay compatibilidad entre órgano y receptor. De allí la gran necesidad.
Pensando en eso los últimos días y muy atinadamente alguien me preguntó, ¿por qué paso va usted, sembró un árbol? ¿Escribió un libro? ¿Tiene hijos? Al asentir que ya he contribuido a la vida con los tres, respondió. ¿Ya lo hizo todo, qué le queda por hacer?
En mi mente retumbó en eco esa pregunta y mi corazón internalizó que esa, mi vida, me da plenitud, pero todavía hay mucho más que hacer. Y luego de dar ese paso, pensé entonces que hay quienes no tienen la dicha de gozar de esas bendiciones, pero que pueden dejar al mundo una gota de amor, con ese noble gesto de dar vida. ¿Nadie quiere irse con las manos vacías?
Y pensé en un viejo pie de foto que leí por casualidad alguna vez, que rezaba así: "Por dónde quieras que pases demuestra que estuviste allí y al final de la vida, cuando te toque partir, sabrás que en el mundo queda un pedazo de ti".
Y amigo que lees esto, qué mejor manera de decir que estuviste allí, regalando vida a quien no conoces, pero es tu prójimo, permitiéndole vivir, viviendo y dejando este mundo con las manos llenas.
Luego de nuestro tránsito por este mundo, no requerimos de nuestro cuerpo físico, requerimos en vida una constancia de amor por nuestros hermanos que lo necesitan.
Panameños requieren de órganos para vivir, por eso te invito... deja tu huella.