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Dejemos de lado el pesimismo


Hemos llegado a un punto, nosotros los que formamos parte del sector privado, de sacudirnos de ese pesimismo colectivo muy peligroso, que sobre nuestro futuro se respira en el ambiente.
A través de nuestra historia hemos tenido muchas crisis económicas y políticas, pero siempre las hemos podido superar con nuestra capacidad de trabajo, imaginación, audacia y perseverancia. Aún con gobiernos y regímenes antagónicos a la empresa privada, que no es el caso presente, hemos sacado al país de la postración económica en que se encontraba.
¿Qué nos está pasando entonces ahora? Esto es muy sencillo de explicar: el capital, aquí y en el mundo entero, es muy cauteloso y observa con gran cuidado los cambios y las condiciones que se dan en los distintos países. En Panamá, lamentablemente, coincidieron muchas cosas que llevaron a los inversionistas locales y extranjeros a darse un compás de espera en sus diversos proyectos. En los últimos tres años, hay que recordar, vivimos en una constante efervescencia política con la reelección presidencial primero y luego con las elecciones generales del 2 de mayo de 1999. La instalación de un nuevo gobierno en septiembre del año pasado, con las incertidumbres que ello siempre causa. El traspaso a Panamá de la administración de la vía interoceánica y la salida de las tropas norteamericanas de las bases militares fueron situaciones ya superadas, afortunadamente, pero que tuvieron, en gran medida, su efecto en el estancamiento económico.
Existen otros factores que incidieron también en la "desaceleración" de nuestra economía y que han afectado el bolsillo y la capacidad de pago del ciudadano: el alza desmesurada del combustible (+ ó -$200 millones), el uso de los teléfonos celulares (+ó -$130 millones), el tránsito por los corredores Norte y Sur (+ ó $335 millones). Ellos han proporcionado mayor comodidad y otros innegables beneficios, pero tienen un efecto de sustitución en el bolsillo del panameño que hasta ahora no se han producido nuevos ingresos que reemplacen esas erogaciones.
Si la empresa privada soportó y venció todos los obstáculos y persecuciones a la que fue sometida por los militares al final de la década de los "80. Si después de la invasión norteamericana del 20 de diciembre que dejó al país en completa miseria pudimos en pocos meses reconstruir una economía destrozada, no existe ninguna razón para que en el presente, nada comparable a ellas, no podamos darle un fuerte empuje a nuestro desarrollo aprovechando las riquezas de una nación que tiene muchas oportunidades y que sólo requiere voluntad y trabajo.
Se están notando ya señales muy claras del despertar de la empresa privada y del Estado. En la rama de la construcción se tienen proyectos, en breve a iniciarse, por más de 300 millones de balboas; el turismo muestra un ligero aumento y con la llegada a Colón de los inmensos barcos de crucero se dará, por fin, el despunte de esa gran industria sin chimenea que tanta mano de obra requiere y que sus beneficios se distribuyen en todos los distintos sectores de la sociedad. El Gobierno Nacional, por su parte, con el proyecto del tercer puente sobre el Canal y los ensanches de la vía acuática para culminar con el nuevo juego de esclusas y otras obras de magnitud, reafirman nuestro convencimiento de que si se mantienen la paz interna del país, es muy predecible que en el último trimestre de este año se dé comienzo a un mejoramiento sustancial en nuestro desarrollo y logremos que la alta tasa de desempleo disminuya a niveles aceptables. Dejemos de lado la timidez y el miedo y confiemos, como en el pasado, en nuestra capacidad y recursos.

101 años de Panamá América

 
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