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Del 3 de noviembre y la búsqueda de la verdad


La controversia histórica entre las distintas versiones y tradiciones historiográficas del 3 de noviembre de 1903 genera pasiones encontradas entre los panameños de 2003. Mesas redondas realizadas este año han convocado a un público sorprendentemente grande y participativo este año del centenario. El primer encuentro se dio en la Feria del libro, en julio, con un éxito inusitado que motivó, más recientemente, a la Biblioteca Nacional a repetir la experiencia hace un par de semanas. Me referiré aquí a la primera experiencia específicamente por su mayor impacto en el número del público presente. Allí, entre los panelistas pueden mencionarse a Olmedo Beluche, Ovidio Díaz, Juan David Morgan y Alfredo Figueroa, mientras Ricardo Arias Calderón se destacó en el auditorio, quienes dieron brillo al debate por su precisión fáctica, coherencia conceptual y talento de oradores, si bien que no siempre fueron tolerantes frente a la opinión contraria, como corresponde a genuinos académicos y a ciudadanos democráticos. Por otro lado, resulta fascinante observar que cada versión parece contar una historia diferente, inclusive contraria a las otras y que, no obstante, las une un tema subyacente y profundo: “la verdad” histórica.
El ejercicio que viene dándose en Panamá, a través de esta polémica sobre el 3 de noviembre, que se multiplica en publicaciones de opinión en los diarios de la localidad, destaca con toda nitidez esta preocupación de los intelectuales panameños por la verdad histórica. Esta difícil y hasta dolorosa búsqueda de la verdad de nuestra historia se ha convertido en hilo conductor de todas las versiones historiográficas y en indicador de las inquietudes filosóficas más genuinas de los panameños de hoy, en el centenario de la República de Panamá.
En la apasionada polémica sobre el 3 de noviembre de 1903, la búsqueda de “la verdad” se hace explícita, a través de posiciones radicales y polarizadas, contenidas en la tradición historiográfica de Panamá: la leyenda negra (que acusa a los gestores de la separación de Panamá de Colombia, fueran panameños, franceses o norteamericanos, de vender o comprar la soberanía de Panamá) y la leyenda dorada o rosa (que asegura que los próceres fueron héroes y gestores de la República de Panamá).
Los expositores en ambos extremos de la controversia se atribuyen el monopolio de “la verdad”, casi tan vehementemente como los fundamentalistas islámicos, como si ella fuera una cosa o ente exterior al pensamiento, una existencia en sí misma, que trasciende al imaginario colectivo. Porque en su concepción de “la verdad” los participantes parecen concebirla como una, eterna y absoluta. Algo así como los atributos de Dios. Por otra parte, ha habido también, hay que reconocerlo, presentaciones más racionales y mesuradas, inclusive eclécticas, que intentan recuperar lo mejor de cada extremo, en una síntesis difícil y elaborada. Al final, la controversia del 3 de noviembre de 1903 sugiere que la creación de la República de Panamá fue un hecho histórico de relevancia para los panameños, en el que hubo de todo: héroes y villanos, intereses personales e internacionales, ideales y anhelos, riesgo e ideologías que, a pesar de su complejidad y contradicción, hicieron coincidir voluntades, conveniencia y oportunidad para crear la República.
El caso de la historiografía de Panamá, y en especial esta polémica del 3 de noviembre de 1903, ilustra con claridad que “la verdad” histórica es más un concepto político que ontológico o metafísico. Al menos cuando estudiamos la historiografía, con las limitaciones metodológicas del documento escrito y la tradición oral, “la verdad” depende en buena medida de la ideología de quien escribe. Si el valor ideológico supremo del historiador es el de la soberanía de Panamá, emerge o se renueva la leyenda negra. Si, por el contrario, el valor ideológico dominante del historiador es el auge económico (primordialmente comercial), entonces surge o renace la leyenda dorada. Si se fusionan ambas, seleccionando sus partes, construimos un discurso historiográfico de síntesis dialéctica: ecléctico, conciliador, complejo.
Recomiendo sinceramente que se introduzca, aunque tardíamente, el análisis meta-histórico y posmoderno en estas discusiones, porque analizaría las distintas versiones de nuestra historia, en su calidad de versiones historiográficas, es decir, como narrativas, modelos de pensamiento, reflexiones e interpretaciones históricas que son. De esta manera, superaríamos esa obsoleta dicotomía entre lo verdadero y lo falso, la historia y la historiografía, la realidad y la ficción. Porque si el pasado como experiencia vivida no se repite ni se clona (todavía), sólo nos quedan la historiografía, las leyendas, las tradiciones orales y la memoria colectiva, que no son otra cosa que lo que se dice, se recuerda, se imagina, se piensa o se escribe de ese pasado selectivo que llamamos Historia.
Ya es hora que quienes escriben y discuten la historia en Panamá se liberen del positivismo histórico y superen el materialismo dialéctico para entrar, finalmente, a la posmodernidad, donde la “verdad” histórica es repensada en términos de pluralidad (las verdades) y se presume como temporal (histórica), finita (válida en una sociedad determinada), relativa (culturalmente definida), dinámica (un proceso y no una cosa fija, ni un monolito) y compleja (diversa y desigual). Y, sobre todo, porque el posmodernismo es respetuoso y tolerante a la diversidad intelectual. En el caso del origen de la República de Panamá, el 3 de noviembre de 1903, adoptando al fin un análisis posmoderno, tendríamos que agrupar las distintas versiones historiográficas y sus leyendas en un mismo conjunto narrativo.Así, todas las versiones de los panelistas, del auditorio, los columnistas, el público, etc. etc., deberían considerarse una totalidad narrativa, que construye y da expresión a “la verdad” histórica de los panameños de hoy, en el centenario de nuestra República. Este conjunto narrativo incluyente, construye nuestra verdad histórica nacional, humana y no divina (interpretativa, política, múltiple, controversial y cambiante), que no contiene ninguna de sus versiones individualmente.

101 años de Panamá América

 
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