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Del cuento chino al del alacrán asesino


Es probable que la globalización sea también una forma de descontrol mundial en materia de seguridad medicinal. Una fábrica en China vende un solvente sustituto de la glicerina que, al ser mezclado con otros productos químicos para producir un jarabe para la tos, se transforma en un veneno para los pacientes. Los que prepararon la mezcla en los laboratorios de la Caja de Seguro Social no se percataron de que un sustituto de la glicerina no es equivalente a la glicerina misma, ni de que, en este caso particular, estaban produciendo un fármaco que sería el mayor causante de muertes en nuestra historia. Nunca se enteraron de qué era lo que verdaderamente embotellaban bajo la etiqueta de jarabe para la tos, porque trabajan en condiciones que sólo pueden ser consideradas como pésimas si las comparamos con la delicada responsabilidad que asumen.
Al parecer, el sentir de nuestras autoridades es que los señores del laboratorio eran una especie de trabajadores por cuenta propia, porque a nadie se le ha ocurrido que ellos estaban sometidos a una supervisión, que tampoco prestó la debida importancia a la mala mezcla que se produce cuando ciertas tareas (como la producción de medicamentos) se realizan sin los controles de calidad adecuados.
No ha faltado quien prefiera echarle toda la culpa a los chinos. Otros prefieren echársela a los españoles, que compraron en China para revender en Panamá. Mientras las empresas se acusan mutuamente y amenazan con demandar la una a las otras, el jefe de la institución no tiene ni siquiera palabras elocuentes para expresar disculpa o vergüenza por lo sucedido. Es como si todo hubiera ocurrido en otra parte.
Ahora que un niño de tres años murió porque nadie encontró a tiempo el lugar donde se tenía almacenado el antídoto para una picada de alacrán, percance que en el trópico no es de ocurrencia remota, no faltará tampoco quien nos quiera hacer creer que el culpable del triste deceso del infortunado infante no es otro que el infame alacrán. Así va el sentido de responsabilidad de nuestras autoridades, de cuento en cuento.

101 años de Panamá América

 
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