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Del FES al FIS


El predecesor del Fondo de Inversión Social, FIS por su sigla, fue el Fondo de Emergencia Social, o FES, creado en los inicios del gobierno Endara. La justificación fue que en las circunstancias anormales que vivía entonces el país, después de la caída de la dictadura, se necesitaba de un mecanismo que permitiera dar respuestas rápidas sin muchas trabas burocráticas. Supuestamente, el FES debía tener, así fue explicado, una vida máxima de dos o tres años y, pasado ese tiempo, debía desaparecer y sus actividades cumplirlas las instituciones de línea, o sea, los ministerios.

Después de transcurridos diecinueve largos años, en contra de su designio original, el FIS sigue existiendo, debido a que los sucesivos gobiernos, todos, encontraron conveniente convertirlo en una piñata para favorecer clientelas políticas. Se le asignaron cuantiosos recursos y se adjudicaron obras sin cuenta, con la justificación de que era necesario “seguir dando respuestas rápidas”.

En su discurso de campaña, los actuales gobernantes habían adelantado su intención de eliminar el FIS, pues su fracaso es una realidad comprobada. El recién instalado director de esa entidad, Sr. Tamburelli, compareció recientemente en un medio televisado y dijo que, como producto de una auditoría privada ordenada por su despacho, se había diagnosticado que unos 57 proyectos adjudicados a través del FIS confrontaban serios problemas y que, de esos, 37 podían considerarse, utilizando una frase comercial, “cuentas malas” que, en cifras gruesas, montaban a unos 27 millones de balboas.

Para mayor alarma, el director Tamburelli agregó que muchos contratistas habían sido pagados muy por encima de los avances de las obras; que otras no se habían siquiera iniciado; que eran frecuentes, en lugar de excepcionales, las extensiones de los plazos y las addendas para aumentar los precios originalmente contratados; y, lo que es peor aún, que un sin número de fianzas de cumplimiento habían vencido, sin que los responsables hubieran hecho las gestiones para su renovación.

Al director del FIS hay que agradecerle su diligencia para diagnosticar las graves anomalías que denunció; pero estimo que se quedó corto y debió ser más específico para identificar públicamente a los responsables, empresas y funcionarios, de tantas tropelías. En ese orden, se impone que, para dejar las cuentas claras, la nueva dirección del FIS publique un informe en el que se identifiquen las empresas que han incumplido sus contratos. Y, también, que se hagan las denuncias correspondientes de las conductas dolosas y de las negligencias comprobadas de quienes fueron los responsables, por acción u omisión, del desastre institucional en que se convirtió el FIS, con el consiguiente perjuicio económico para el Estado.

Pero la presentación del nuevo director del FIS no se concretó a la denuncia de las irregularidades encontradas; además, comprendió un avance de los proyectos que planea desarrollar, tales como la distribución de alimentos y útiles escolares, la creación de huertos escolares y granjas autosostenibles o la construcción de caminos y acueductos, bajo el nuevo esquema institucional de sustituir el FIS por “una secretaría”, adscrita a la presidencia. No creo que la solución institucional deba tomar ese rumbo. Lo aconsejable sería su eliminación y el traspaso de sus competencias a las instituciones de línea, como era el propósito original.

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