Del lenguaje
Continuamos nuestras observaciones del jueves pasado. Casi el cien por ciento de personas, solicita por teléfono que le devuelvan la llamada, cosa que jamás podrá lograrse, puesto que una llamada no es cosa tangible; lo correcto es solicitar que la contesten.
Por otra parte, la conjunción disyuntiva "sino" que debe pronunciarse haciendo énfasis en la letra "i" como si esta llevara tilde, la dividen y la convierten en "si no".
Curiosamente, algunos cuando escriben y deben decir "si no", dicen "sino", como por ejemplo, "No vengas sino puedes". También es frecuente que la palabra "ha", inflexión del verbo haber, se suplanta con la preposición "a". Hemos leído "A perdido del caso", en vez de "Ha perdido el caso". Además, nos fustigan frecuentemente con el "Hasta tanto no". Error garrafal. No se debe decir "no le extenderé un recibo hasta tanto no pague", sino "hasta tanto pague o mientras no pague". Tampoco se debe decir "Yo soy de los que tengo apuro", sino de los que tenemos apuro.
Confesamos que nos resulta penoso haber tenido que escribir sobre los errores señalados, pero lo hemos hecho por lo lamentable que es ya el panorama que se nos presenta a diario. Estimamos que hay muchas personas que podrían cooperar con sus valiosos conocimientos del lenguaje a que entre nosotros se hable y escriba correctamente. Es deseable que contribuyan con sus aportes para lograrlo, puesto que eso constituiría un meritorio acto de docencia y hasta de patriotismo en defensa de la imagen del país.
Hablemos un poco de cada una de las frases. El concepto de soberanía alimentaria etimológicamente es un contra sentido. Soberanía es la exclusión de cualquier poder que no sea el del soberano. Por tanto, soberanía alimentaria vendría a significar algo así como la exclusión de todos los alimentos que no vengan de Panamá. ¡Sólo imaginen semejante barbaridad! ¿de dónde vendrían las semillas? ¿los alimentos de los animales? ¿las manzanas, las peras, las uvas? ¿las especies?, etc.
Otro tanto sucede con "seguridad alimentaria". Este concepto sustenta que impidamos la importación de alimentos para que estemos seguros de que tendremos alimentos en el futuro. En otras palabras, pague más caro hoy y siempre, ante la posibilidad remota de que nadie en el mundo nos venda comida en el futuro. Claro que, al detener la importación de alimentos, lo que efectivamente estamos haciendo es obligar a comprar los productos de un grupito de personas, quienes son los primeros en pedir esa seguridad. Es seguridad para ellos e inseguridad para usted.
Luego viene el cuento del "bien o servicio estratégico" o "producto clave". En estos casos, un político dice que algo, digamos, el etanol o la biomasa o cualquier otra cosa similar, es estratégica para el país y por tanto debemos adoptar medidas que impidan que usted, como consumidor, consuma esta u otra cosa de otro país.
Generalmente resaltan la importancia que tiene en la economía "el bien estratégico" (con cifras, proyecciones y demás bolas de cristal), como si usted y su bolsillo no fueran lo más importante para la economía. Luego dicen que ese producto debe sustituir uno que importamos (normalmente más barato y de muchas fuentes) para acabar obligándonos a consumir el de algún amigo (normalmente más caro, con poca oferta de suministro), haciéndonos más pobres a todos.
Por último está el cuento del escape de divisas. Este es el mayor de los desatinos. Según esta lógica, lo importante es tener plata, no poder usarla. Entonces protejamos la plata impidiendo que la gente compre. ¿A quién beneficia esta locura? Pues al que sólo por la protección produce un bien local, normalmente más caro y de menor calidad que el que se hubiese comprado fuera (de otra forma no sería necesaria la protección).
La libertad de comprar, de escoger, usar sus recursos, muchos o pocos, como a usted le dé la gana, del lugar que le dé la gana, implica una mejoría en la calidad de vida para usted (¿quién mejor que usted para saber lo que más le conviene?). Cuando esto se lo impiden, entonces usted acaba siendo más pobre, porque se ve obligado a comprar lo que los políticos quieren que usted compre, en beneficio de sus clientes.
(*)El autor es abogado y miembro de la Fundación Libertad.
Por otra parte, la conjunción disyuntiva "sino" que debe pronunciarse haciendo énfasis en la letra "i" como si esta llevara tilde, la dividen y la convierten en "si no".
Curiosamente, algunos cuando escriben y deben decir "si no", dicen "sino", como por ejemplo, "No vengas sino puedes". También es frecuente que la palabra "ha", inflexión del verbo haber, se suplanta con la preposición "a". Hemos leído "A perdido del caso", en vez de "Ha perdido el caso". Además, nos fustigan frecuentemente con el "Hasta tanto no". Error garrafal. No se debe decir "no le extenderé un recibo hasta tanto no pague", sino "hasta tanto pague o mientras no pague". Tampoco se debe decir "Yo soy de los que tengo apuro", sino de los que tenemos apuro.
Confesamos que nos resulta penoso haber tenido que escribir sobre los errores señalados, pero lo hemos hecho por lo lamentable que es ya el panorama que se nos presenta a diario. Estimamos que hay muchas personas que podrían cooperar con sus valiosos conocimientos del lenguaje a que entre nosotros se hable y escriba correctamente. Es deseable que contribuyan con sus aportes para lograrlo, puesto que eso constituiría un meritorio acto de docencia y hasta de patriotismo en defensa de la imagen del país.
Hablemos un poco de cada una de las frases. El concepto de soberanía alimentaria etimológicamente es un contra sentido. Soberanía es la exclusión de cualquier poder que no sea el del soberano. Por tanto, soberanía alimentaria vendría a significar algo así como la exclusión de todos los alimentos que no vengan de Panamá. ¡Sólo imaginen semejante barbaridad! ¿de dónde vendrían las semillas? ¿los alimentos de los animales? ¿las manzanas, las peras, las uvas? ¿las especies?, etc.
Otro tanto sucede con "seguridad alimentaria". Este concepto sustenta que impidamos la importación de alimentos para que estemos seguros de que tendremos alimentos en el futuro. En otras palabras, pague más caro hoy y siempre, ante la posibilidad remota de que nadie en el mundo nos venda comida en el futuro. Claro que, al detener la importación de alimentos, lo que efectivamente estamos haciendo es obligar a comprar los productos de un grupito de personas, quienes son los primeros en pedir esa seguridad. Es seguridad para ellos e inseguridad para usted.
Luego viene el cuento del "bien o servicio estratégico" o "producto clave". En estos casos, un político dice que algo, digamos, el etanol o la biomasa o cualquier otra cosa similar, es estratégica para el país y por tanto debemos adoptar medidas que impidan que usted, como consumidor, consuma esta u otra cosa de otro país.
Generalmente resaltan la importancia que tiene en la economía "el bien estratégico" (con cifras, proyecciones y demás bolas de cristal), como si usted y su bolsillo no fueran lo más importante para la economía. Luego dicen que ese producto debe sustituir uno que importamos (normalmente más barato y de muchas fuentes) para acabar obligándonos a consumir el de algún amigo (normalmente más caro, con poca oferta de suministro), haciéndonos más pobres a todos.
Por último está el cuento del escape de divisas. Este es el mayor de los desatinos. Según esta lógica, lo importante es tener plata, no poder usarla. Entonces protejamos la plata impidiendo que la gente compre. ¿A quién beneficia esta locura? Pues al que sólo por la protección produce un bien local, normalmente más caro y de menor calidad que el que se hubiese comprado fuera (de otra forma no sería necesaria la protección).
La libertad de comprar, de escoger, usar sus recursos, muchos o pocos, como a usted le dé la gana, del lugar que le dé la gana, implica una mejoría en la calidad de vida para usted (¿quién mejor que usted para saber lo que más le conviene?). Cuando esto se lo impiden, entonces usted acaba siendo más pobre, porque se ve obligado a comprar lo que los políticos quieren que usted compre, en beneficio de sus clientes.
(*)El autor es abogado y miembro de la Fundación Libertad.