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Del supermercado a la calle


Sacar a los niños empacadores de su trabajo honrado y seguro en los supermercados, es fácil. Lo difícil será darles seguimiento, siendo tantos, para que en vez de ganar el sustento diario se dediquen al ocio que propicia la delincuencia, la degradación y los vicios.
Es cierto que deben estar en la escuela o estudiando, pero es iluso pensar que los niños de hoy, luego de salir de las aulas, dedican más dos de las diez horas que le restan al salir de clases, a leer o hacer tareas. ¿Qué de malo tiene que ayuden a empacar víveres con arreglo a horarios moderados por cinco días a la semana? Ah, que "deben estar jugando", es cierto; pero no realista.
Basta pasar por los barrios populares, para verlos reunidos por las esquinas, fumando o compartiendo alguna botella de licor mal puesto, dedicados a molestar a los transeúntes. Y cuando no, conformando pandillas y llenando su cuerpo de tatuajes. La calle es maestra del delincuente, el trabajo, en cambio, forja al futuro ciudadano de bien.
Los de clase alta y media, son distintos, pero no mejores. Se sumergen en Internet, no a investigar, sino a ver y escuchar basura o al "chateo" degradante y estúpido, que distorsiona el idioma y embota el entendimiento.
O peor que eso, a la televisión, no precisamente a ver los mejores programas.
Mucho más gana un niño estando al lado de sus padres, en el negocio o almacén, como los compatriotas orientales, ninguno de los cuales forma ciudadanos vagos, ni tontos. Al contrario, es proverbial su visión de los negocios, su dominio temprano de las matemáticas e idiomas y su vocación a la superación y al trabajo. Todos - se dice con razón - empiezan durmiendo uno sobre otro, en una pequeña tienda, y terminan haciendo un supermercado, lavandería, ferretería o taller de electrónica, para luego venderlo a un "paisano" y pasar a algo más grande aun. Algo parecido hacen otros panameños de origen hindú, griego, español, árabe y judío. ¿Y el rico finquero o ganadero interiorano, qué creen? ¿Casualidad? ¿Superioridad racial? No, ¡trabajo!
Si no disponemos de parques suficientes, de campos de juego y entrenadores, de sitios de aprendizaje y lugares de recreación y difusión cultural, es preferible tener a nuestros niños trabajando por unas cuantas horas, aprendiendo el valor y el premio del dinero, en vez de empujarlo a la trampa del ocio.

101 años de Panamá América

 
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