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Delicada crisis económica de EU


La declaratoria de quiebra de Worldcom y la consiguiente suspensión de pagos arrastró a sus principales acreedores, Citygroup, JP Morgan, Deutsche Bank, ABN Amro, además de una veintena de compañías de seguros, ensanchando mucho más la crisis de credibilidad que corroe a la economía norteamericana. Cada uno de los acreedores se cayó en el parqué de la Bolsa de Nueva York, al conocerse el monto de las acreencias, movilizando un efecto cascada que afecta los cimientos financieros y bursátiles del sistema económico general.
Lo que en un principio pareció hace un par de años una crisis sectorial que involucraba sólo al Nasdaq, está ampliando sus sombras a las telecomunicaciones, bancos, industria en general, para configurarse como la peor crisis general, después del crac de 1929. Ayer el Promedio Bursátil Dow Jones cayó 234 puntos y los analistas de Wall Street coinciden en que, no obstante los juicios del presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, la tendencia a la baja continuará intensificándose.
Ya es imposible ocultar los pies de barro del sistema bursátil norteamericano. El Nasdaq, vale decir el sector de la nueva economía( informática, tecnología de vanguardia, las compañías punto com.) exhibió una fachada de espectacular crecimiento que cautivó a inversionistas a la búsquedas de rápidas y cuantiosas ganancias con los movimientos de acciones. Sin embargo no tardó en dejar al descubierto la fragilidad del crecimiento basado en especulaciones bursátiles que elevaron las cotizaciones de las acciones muy por encima de los activos de las compañías, en otras palabras, una burbuja que al desplomarse arrastró pérdidas multimillonarias en todo el mundo, Panamá incluida.
Al aterrizaje forzoso del Nasdaq se agrega el destape de los fraudes contables de gigantes corporativos como Enron, Worldcom, que, en complicidad con auditoras internacionales bajo investigación, inflaban ganancias o irresponsablemente las inventaban para tapar descalabros. No se trata sólo de una merma técnica de la credibilidad bursátil sino de consecuencias funestas como la evaporación de fondos de pensiones invertidos en acciones y la desaparición de fuentes de empleos.
El norteamericano medio habituado a comprar las acciones recomendadas por los agentes de las casas de inversión se ha vuelto incrédulo por los fiascos financieros y no cree en los cantos de sirenas que lanzaba al aire Wall Street.
Hay un regreso a las inversiones en bienes raíces o en empresas con activos palpables y a la vista, mientras otros eligen los depósitos a plazo fijo, y los bonos del Tesoro, cuyos intereses no son altos en los actuales momentos. Pero la crisis ha enseñado que la seguridad es un factor irremplazable, así las ganancias no luzcan tan atractivas como las que burbujeaban en las pompas de jabón del Nasdaq. Como dice el refrán, Juan Seguro vivió muchos años.

101 años de Panamá América

 
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