Delicias y tragedias de la tercera edad
Aunque parezca una paradoja, el título de este artículo diría que jubilarse significa, para algunos, la liberación de madrugar todos los días para llegar a tiempo al trabajo, soportar las neurastenias de los jefes y sentirse como negros y esclavos. Para otros, la jubilación es entrar en una etapa en la que se rompe la rutina de miles de años y que ha hecho de sus vidas una aburrida situación de ver siempre los mismos papeles, escribir las mismas cartas o llamar a las mismas personas. Ha sido para estos últimos un amarre a lo que no pueden dejar de hacer, pero que tampoco aprendieron algo diferente para cambiar y dejar aquel aburrimiento con satisfacción.
Llegar a la tercera edad es demostrar que hemos vivido, hemos aprendido lo necesario para subsistir, hemos dado nuestro esfuerzo y tenemos, ahora, todo por ofrecer a los que vienen. La experiencia de quienes han pasado por la vida y trabajado tantos años, es incalculable; se trataría sólo de ponerla al servicio de los que nos siguen y hacernos sentir felices de dar lo aprendido. La madurez que se adquiere sólo es comparable a todo un camino recorrido para demostrar que amarramos nuestros conocimientos con lo aprendido y eso suma un haber que no puede soslayarse.
¿Qué sucede en Panamá cuando las personas viven sus años, adquieren sus experiencias y quieren o necesitan ofrecer las mismas? ¡Lo peor! No tenemos leyes que protejan, no digo a los de la tercera edad, me refiero a los que cumplen 45 años, que están en plena edad productiva y que, si buscan un empleo, se los está vedado porque ahora las empresas sólo quieren a los jóvenes que, según los jefes, están llenos de sabiduría, pero también de errores en los trabajos por falta de experiencia.
Cuando llegué graduada de médico creí tener a Dios debajo del brazo junto con mi diploma, sin pensar que ese papel únicamente me decía: hasta aquí llegaste, ahora aprende lo que te hará un gran o un mal profesional. A través de los años me percaté de lo que me hacía falta aprender y que, aún a mi edad, tengo que hacerlo.
¿Por qué se le da más importancia a la juventud que a la experiencia? ¿Por qué despiden de sus trabajos a los maduros, aunque tengan que pagarles una fortuna, para nombrar a jóvenes inexpertos? Pareciera que este mundito nuestro se está llenando de los jóvenes, despreciando a los viejos y los tenemos sólo para contar anécdotas.
Un seguro de carro es más caro para personas de edad avanzada. Si analizamos, veremos que los jóvenes son los que tienen más accidentes y mueren en ellos, que los viejos. Si bien es cierto que existe una ley para jubilados, ¿qué les ofrecemos a los mismos para llenar su vida? La vejez es un estado mental y si los jubilados sentimos que somos inútiles, pronto morimos de inanición espiritual. No hay incentivos, ni actividades, sólo nos miran como viejos inservibles y en los diarios sale: "anciana de 60 años atropellada por diablo rojo".
Quiero decirles que a mi edad, estoy llena de vida, lista para comenzar batallas, para servir a la patria, para dar de mí, tan sólo por dar.
El gobierno pasado de Endara se caracterizó por tener gente de edad, con experiencia suficiente para llevar al país al estado al que lo llevó, con gente de experiencia en todos los ministerios y entidades gubernamentales.Tal vez crean que Endara se cansa por viejo; pues no.
Es una lástima que los que pasamos de cierta edad no seamos tomados en cuenta, y sobre eso hay que legislar. Pero los legisladores están en otra onda y las leyes necesarias son ignoradas por los mismos.
Los de la tercera edad debemos estar protegidos por leyes reales, no inventadas; por lo que nos permita vivir con dignidad, no vivir de la caridad pública sino de nuestros conocimientos.
Recordemos que aumentan los viejos y disminuyen los jóvenes; de no protegernos, los países tendrán una vida hueca y sin bases sólidas. Respetemos a los viejos y démosle el puesto que han ganado.
Llegar a la tercera edad es demostrar que hemos vivido, hemos aprendido lo necesario para subsistir, hemos dado nuestro esfuerzo y tenemos, ahora, todo por ofrecer a los que vienen. La experiencia de quienes han pasado por la vida y trabajado tantos años, es incalculable; se trataría sólo de ponerla al servicio de los que nos siguen y hacernos sentir felices de dar lo aprendido. La madurez que se adquiere sólo es comparable a todo un camino recorrido para demostrar que amarramos nuestros conocimientos con lo aprendido y eso suma un haber que no puede soslayarse.
¿Qué sucede en Panamá cuando las personas viven sus años, adquieren sus experiencias y quieren o necesitan ofrecer las mismas? ¡Lo peor! No tenemos leyes que protejan, no digo a los de la tercera edad, me refiero a los que cumplen 45 años, que están en plena edad productiva y que, si buscan un empleo, se los está vedado porque ahora las empresas sólo quieren a los jóvenes que, según los jefes, están llenos de sabiduría, pero también de errores en los trabajos por falta de experiencia.
Cuando llegué graduada de médico creí tener a Dios debajo del brazo junto con mi diploma, sin pensar que ese papel únicamente me decía: hasta aquí llegaste, ahora aprende lo que te hará un gran o un mal profesional. A través de los años me percaté de lo que me hacía falta aprender y que, aún a mi edad, tengo que hacerlo.
¿Por qué se le da más importancia a la juventud que a la experiencia? ¿Por qué despiden de sus trabajos a los maduros, aunque tengan que pagarles una fortuna, para nombrar a jóvenes inexpertos? Pareciera que este mundito nuestro se está llenando de los jóvenes, despreciando a los viejos y los tenemos sólo para contar anécdotas.
Un seguro de carro es más caro para personas de edad avanzada. Si analizamos, veremos que los jóvenes son los que tienen más accidentes y mueren en ellos, que los viejos. Si bien es cierto que existe una ley para jubilados, ¿qué les ofrecemos a los mismos para llenar su vida? La vejez es un estado mental y si los jubilados sentimos que somos inútiles, pronto morimos de inanición espiritual. No hay incentivos, ni actividades, sólo nos miran como viejos inservibles y en los diarios sale: "anciana de 60 años atropellada por diablo rojo".
Quiero decirles que a mi edad, estoy llena de vida, lista para comenzar batallas, para servir a la patria, para dar de mí, tan sólo por dar.
El gobierno pasado de Endara se caracterizó por tener gente de edad, con experiencia suficiente para llevar al país al estado al que lo llevó, con gente de experiencia en todos los ministerios y entidades gubernamentales.Tal vez crean que Endara se cansa por viejo; pues no.
Es una lástima que los que pasamos de cierta edad no seamos tomados en cuenta, y sobre eso hay que legislar. Pero los legisladores están en otra onda y las leyes necesarias son ignoradas por los mismos.
Los de la tercera edad debemos estar protegidos por leyes reales, no inventadas; por lo que nos permita vivir con dignidad, no vivir de la caridad pública sino de nuestros conocimientos.
Recordemos que aumentan los viejos y disminuyen los jóvenes; de no protegernos, los países tendrán una vida hueca y sin bases sólidas. Respetemos a los viejos y démosle el puesto que han ganado.