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Delincuencia e impunidad


Para miles de personas de la ciudad china de Ningbo que intervienen en un vídeo juego en línea, el asunto es fácil; se trata de exterminar a los políticos corruptos que han existido a lo largo de la historia, incluso el presente, y para ello los jugadores disponen de variadas formas para contrarrestarlos, incluyendo la eliminación física con diversos tipos de armamentos.

El juego ocurre en lugares reales de Ningbo, y no es casual que la idea haya nacido y prosperado en esa ciudad, pues fue escenario, años atrás, de un sonado caso de corrupción (contrabando y malversación de fondos) que involucró a militares de alto rango, y que por ello fueron condenados a 20 años de prisión. El diseñador del juego planeó inicialmente el vídeojuego sólo para los estudiantes de esta ciudad, pero ha sido tan exitoso que podría abarcar muy pronto al resto del país y luego al mundo, pues su idea es sensibilizar a los jóvenes para que sean más valientes y emprendedores contra la corrupción en el mundo real.

No es de extrañar que, aunque de manera extrema y singular, suspendidos en el intangible universo virtual, existan personas que busquen enfrentar de esta singular manera un tema tan vigente y desafiante como la corrupción, pues sus costos son tan aterradores al alcanzar niveles que dañan y afectan seriamente al desarrollo de la sociedad, la economía y la democracia misma.

Se calcula que la corrupción, durante los últimos 25 años, le ha costado a América Latina unos 600,000 millones de dólares; esto es, unos 24 mil millones por año. En Panamá, de haberse recortado por la mitad la corrupción existente en un lapso estudiado de ocho años habría hecho crecer el PIB en 2%, y aumentado los ingresos por persona en 633 dólares adicionales. Sólo hay que calcular e imaginarse lo que el país perdió en calidad de vida, educación, salud y oportunidades como producto de la corrupción.

Para el sociólogo norteamericano Edwin Sutherland, en su libro clásico "El Delito de Cuello Blanco", las excesivas consideraciones y juridicismos en torno a los delitos de cuello blanco, lejos de propiciar un sistema de defensa de los derechos de los ciudadanos, como tantas veces se afirma, lo que en verdad crea es una doble balanza de la justicia. De un lado, la balanza que penaliza sistemáticamente los delitos de los pobres, y de otro lado, la que se muestra complaciente y condescendiente con los delitos de los ricos. Los delitos comunes y los delitos de cuello blanco son objeto de un tratamiento procesal distinto, y también de un diferente tratamiento policial y penitenciario. Las redes del control social se tejen en una trama densa para luchar contra los delitos comunes, pero las tramas se agigantan para dejar impunes los delitos de los delincuentes de cuello blanco que obtienen inmunidad e impunidad gracias al estatus social alto que los libra del alcance de la ley. Bien lo afirma Hobbes en "El Leviatán": "No existe crimen más grande que aquel que se perpetra a conciencia de su impunidad". Existe también una interconexión entre esta delincuencia y la del crimen organizado, por lo que la necesidad de blindarnos contra la alta delincuencia y la impunidad es fundamental.

raulleisr@hotmail.com

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