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Delincuencia fuera de control


En cada encuesta nacional aparece el mismo resultado. Después del desempleo, lo que más preocupa a la ciudadanía es la seguridad. En el resto de América Latina, es igual. Eso refleja que, con ambos indicadores íntimamente relacionados entre sí, la pobreza y la delincuencia van de la mano. Otras cifras preocupantes vienen de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según datos recogidos por nuestro corresponsal en Washington, Henry Raymont.
Según la OMS, América Latina es la región más peligrosa -en términos de delincuencia- del planeta. Por cada 100 mil habitantes se producen allí 27.5 homicidios por año contra 22 en Africa, 15 en Europa Oriental y 1 en Europa Occidental.
En esta década, el índice de homicidios se ha elevado 380% en Perú, 330% en Colombia y 300% en Argentina.
Nos dice Raymont que, según el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), el crimen cuesta a América Latina un 14% del Producto Interno Bruto. Pensamos que en ese costo, no sólo es en concepto de lo que se invierte en seguridad pública y privada, sino en lo que se deja de percibir en inversiones, lo cual podría elevar la tasa bastante más.
Estamos en presencia de un círculo vicioso. A más pobreza, más delincuencia; y a más delincuencia, menos inversiones y, por ende, más pobreza. ¿Qué poner primero, el huevo o la gallina? Proponemos ponerlos ambos, esto es, fortalecer los mecanismos de prevención y represión; y, al mismo tiempo, invertir más y ser más eficientes en el gasto social y el estímulo de las inversiones generadoras de empleos.
Hay que nombrar más policías, incrementar la calidad de sus equipos y su capacitación, fortalecer el sistema de investigación criminal y el aparato judicial; y doblar la capacidad carcelaria, implementando programas de resocialización.
Bill Cinton lo hizo en Estados Unidos, bajando en sus dos mandatos, los índices de delincuencia en varios estados y ciudades. Fue una combinación de mano dura y labor social.

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