Delincuencia progresiva
En diversas ocasiones nos hemos referido a la urgentísima necesidad de construir cárceles para el debido alojamiento de los detenidos, dado el cuadro dantesco que ofrece su hacinamiento. Plausiblemente esta tarea se ha emprendido ya, pero ha demorado mucho. Hemos sostenido que el pavoroso cuadro que ofrece la aglomeración en ellas, obliga a nuestras autoridades a buscar paliativos para aminorarlo; entre ellos, uno de los recursos es el de rebajar penas.
Hemos venido pronosticando que la delincuencia aumentaría y el tiempo nos ha dado la razón. Hoy, desventuradamente, tenemos que seguir pronosticándolo.
El anuncio de que se ha rebajado la pena a 803 reclusos que habrían sido liberados nos ha causado alarma. La medida aliviará a los que continúen detenidos, pero desgraciadamente afectará a la comunidad en virtud de que la gran mayoría de los delincuentes reincide. Ya veremos cómo un buen número de ellos volverán a las celdas antes de tres meses por cometer los mismos delitos por los cuales fueron juzgados y condenados anteriormente. Ojalá nos equivoquemos en este nuevo pronóstico.