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Delincuencia y gobernabilidad


Por el tratamiento que se está dando al tema, se diría que los Estados del continente se han propuesto enfrentar al crimen organizado, primero por la vía policial, y luego por la militar. Las movilizaciones militares de Estados Unidos hacia la frontera con México, las de Brasil hacia las favelas, o las tesis que se imponen en Centroamérica tienden hacia la vía militar.

De las medidas se desprenden varias conclusiones. Una, que la delincuencia ha alcanzado tal grado de expansión, organización y recursos que resulta imposible, a estas alturas, reprimirla con los métodos tradicionales. Otra, que por su magnitud el crimen organizado se ha convertido en un verdadero desafío a la estabilidad democrática en la región. México sigue revuelto y notorios son los grandes recursos que ese hermano país ha debido dedicar para combatir al narcotráfico, armado y desafiante como está. En Estados Unidos ya suceden -sin sorpresas- balaceras imprevistas; y en centro y sur América, la violencia organizada hace sus estragos.

Ante el panorama, pareciera débil e inoperante la coordinación que deben establecer los gobiernos de la región, sobre todo, porque se trata de delincuentes que, inmersos en las tramas de los mercados negros e ilícitos, no les importa en lo absoluto la suerte que corren los ciudadanos. Por el contrario, en comunidades como Ciudad Juárez hace mucho tiempo no se duerme con tranquilidad, y las mujeres han sido las principales víctimas. ¿Se puede hablar de democracia con un escenario así, de acoso permanente?

101 años de Panamá América

 
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