default

Delincuencia y "mano dura"


La propuesta de "mano dura" contra la delincuencia y seguridad ciudadana es representativa de la enfermedad esquizofrénica en que se encuentra la política panameña hoy día. Las medidas que quiere implementar el gobierno contra la delincuencia elevará aún más nuestra población penitenciaria, que ya resulta enorme y costosa para países pobres como el nuestro; además del efecto debilitante de exponer a las personas que han cometido delitos de menor cuantía, aún por períodos cortos, al ambiente antisocial y hostil de nuestras cárceles, repletos de violencia, abuso de drogas, coerción sexual, sometimiento, deshumanización, etc.

Lo que vemos necesario es un movimiento que estimule conceptos alternos de criminalidad con sanciones apropiadas y no insistir con un sistema, como el actual, que "victimiza" nuestras comunidades y barrios más pobres y vulnerables y engendra experiencias cíclicas de violencia y trauma por la cual gran parte de nuestra población siente poca o nada de simpatía.

Las evidencias indican que muchos de los miles de panameños actualmente bajo custodia criminal son simplemente un "montón" de gente desesperados, pobres y con hambre que han perdido su lugar en nuestra sociedad. En los últimos años ha habido una representación desproporcionada de grupos humildes y minorías tras las rejas por sentencias discriminatorias a causa de posesión y/o venta de drogas y simples transgresiones a la ley.

Pero enfoquémonos ahora las grotescas inconsistencias en nuestra justicia penal donde atañe al sector empresarial y corporativo, y contrastemos esos privados de libertad de extracto humilde con los adinerados criminales corporativos; esos magnates y corporaciones que se les permite evadir impuestos nacionales con cualquier excusa sin que nadie se interese en poner fin a esa forma institucionalizada de evasión de impuestos, y veremos como nuestro sistema de justicia criminal rehusa tratar como verdaderos criminales a los delincuentes ricos, y como crímenes serios los actos de pillaje y depredación de la clase alta adinerada que resultan en la pérdida de decenas de millones de balboas, el resquebrajamiento de nuestra economía, la quiebra o bancarrota de empresas y bancos y la afectación de cientos de hogares panameños.

Da ira y vergüenza contemplar a diario a los grandes criminales adinerados que no están en prisión y que andan libres por las calles de Panamá desplegando su mal habida riqueza. Esa falta obvia de equidad menoscaba la intención impulsada por el gobierno con sus decretos, el pregón de "mano dura" y el impacto preventivo del encarcelamiento a transgresores que ha llegado a simbolizar fracaso económico en vez de fracaso moral.

Es cierto, tenemos muchos delincuentes, actos delictivos y criminales en el país, pero nuestros gobernantes no han dado muestras de querer perseguir a los cerebros, a los verdaderos criminales, los organizadores intelectuales que los apoyan y controlan. En vez de ir en contra de los cerebros y el dinero, el presidente Torrijos ha creado más caos, más burocracia y más enemigos. Entonces, ¿cómo podemos coincidir el pregonado "cambio", "cero corrupción" y "sí se puede" con una nación dividida e insegura?

El presidente Torrijos ha sobreestimado la conciencia nacional del pueblo panameño, llevando a la nación por una nefasta trayectoria que combina gastos fuera de control (viajes innecesarios y costosos, regalías, bonos, Prodec, subsidios, etc.) y medidas de seguridad inconsultas e inconstitucionales que a la larga tendrán un elevado costo político.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América