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Democracia, desarrollo integral y pobreza extrema


El próximo jueves, 6 de septiembre de 2001, el Consejo Permanente de la OEA adoptará formalmente el proyecto final de la Carta Democrática que será considerado por los cancilleres en la asamblea extraordinaria convocada para los días 10 y 11 de septiembre en la ciudad de Lima, en cumplimiento del mandato impartido por los jefes de Estado y de Gobierno en la Tercera Cumbre de las Américas.
En la reciente Asamblea General de Costa Rica estaba previsto aprobar la Carta Democrática, pero como no existía un consenso absoluto, las circunstancias aconsejaron no hacerlo en ese momento, pero de allí surgió el mandato al Consejo Permanente de ampliarla y fortalecerla. Todos ganamos con esa decisión, pues un instrumento de tanta trascendencia debía ser producto de una reflexión más detenida.
Comparado con el texto original, el nuevo proyecto de Carta Democrática es más extenso, detallado y comprensivo, pero, sobre todo, el producto de un sólido consenso. Todos los representantes de los países miembros, sin excepción, aportaron constructivamente para mejorar el texto dispositivo, ahora extendido a 28 artículos. El preámbulo también se extendió, pero teniendo en cuenta que el nuevo instrumento está previsto para ser una síntesis que sustituirá, desarrollará y ampliará toda la normativa vigente sobre protección y defensa de la democracia representativa, prevaleció el criterio de incluir referencias a todos los antecedentes para situar la nueva Carta en su contexto histórico y como corolario de una evolución progresiva del derecho internacional americano.
Digna de especial mención es la inclusión de un nuevo capítulo tercero, bajo el título "Democracia, Desarrollo Integral y Pobreza".
La democracia es sin duda alguna el sistema político que cera las mejores condiciones para alcanzar el desarrollo integral, pero no lo garantiza de manera automática. La democracia, para consolidarse, tiene que asegurarle a los sectores más pobres de nuestros países, especialmente aquellos que padecen la pobreza extrema, que podrán superar la marginación que los convierte en espectadores del desarrollo.
Haber incluido en la nueva Carta Democrática, junto a las disposiciones acordadas para promover y defender el sistema democrático, la ratificación del compromiso de todos los estados americanos de luchar, de manera común y compartida para erradicar la pobreza extrema como paso necesario para la construcción del desarrollo integral y sostenible, no es sólo reconocer la interdependencia indisoluble que tiene que existir entre desarrollo y democracia; también implica completar y relevar en la agenda interamericana un tema que reclama atención prioritaria y urgente. Los regímenes democráticos abren un horizonte de posibilidades, pero si no producen las respuestas que reclaman los sectores más golpeados por la falta de soluciones a sus problemas esenciales, la frustración y la desesperanza restarán credibilidad.
El principal valor agregado del nuevo proyecto es destacar la relación entre la democracia y el desarrollo, y especialmente en su manifestación más critica que es el aumento de la pobreza extrema, pero ese es sólo un punto de partida. Complementariamente, hay que replantear la necesidad de una reflexión colectiva para rescatar y rediseñar acciones efectivas y urgentes que superen a las declaraciones. La Carta Democrática tiene que ser reforzada con una Carta Social. Esa es la asignatura pendiente para después de la cita de Lima.

101 años de Panamá América

 
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