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Democracia, divino tesoro


Parodiando la poesía que se llama Juventud, divino tesoro, la democracia es el mejor sistema de gobierno que tenemos, aunque diste de ser perfecto. Desde el 11 de octubre de 1968, cuando en una triste noche se dio el golpe de estado militar, defendí el retorno a la democracia dentro de los medios que tenía a mi alcance. Lo incrementé en 1984 hasta 1989 con la invasión.
Si consideramos que dos períodos de gobierno electo no son suficientes para decir que la democracia en Panamá está consolidada, sí podemos decir que es fuerte a pesar del poco tiempo. Su fortaleza ha sido inculcada en la mente de los panameños, menos en la de algunos dirigentes políticos que aún no comprenden su importancia. Por otro lado, la clase civil, los independientes y el resto de la población han decidido que es el sistema de gobierno que quieren y que están dispuestos a defender. Con esa mentalidad de la mayoría podríamos considerar que estamos salvados; sin embargo, no es así.
Todo pueblo como masa necesita dirigentes que la moldeen, que la dirijan, que tomen decisiones por ella para decirle qué hacer y por cuál camino ir. Pareciera que esos dirigentes son los que no logran entender la importancia de mantener el interés del país por encima de los propios. Pareciera que los políticos sólo quieren llegar al poder para lucrar económicamente y ser ricos ilícitamente. Afortunadamente, el pueblo, la mayoría, los recrimina y da plazo final a esos políticos inescrupulosos.
¿Cómo es posible que los políticos no se den cuenta que son rechazados en su intento por tomar el poder aunque sea en forma temporal? La conservación del mismo es el objetivo principal de los políticos, lo malo es que no lo hacen en bien de la mayoría y trastocan el verdadero valor de la política como arte.
Si examinamos lo que sucede actualmente en nuestro país, podremos percatarnos de la inquietud que reina en el pueblo por errores que a veces se convierten en horrores de los dirigentes de los partidos. No se dan cuenta que el fracaso de los medios democráticos que quiere esa masa para la solución de sus problemas, significa la vuelta a los regímenes dictatoriales o a gobiernos militares, cosa no conveniente en ninguno de los dos casos. La gente que no come, quiere comida; los enfermos quieren salud; la juventud quiere educación; las familias quieren vivienda y a la larga o a la corta buscarán, a como dé lugar, el sistema que crean que se los proporcione. Cuidar de la democracia es casi una obligación de todo buen panameño. Pero, de nada sirve que así lo hagamos si los gobernantes se disparan por el lado contrario.
Si los políticos no solucionan los problemas entre gobierno y oposición, si continúa privando el infantilismo en su comportamiento, si no se logra un consenso en las decisiones y en la voluntad política, perderemos lo que tanto nos costó durante muchos años. Como ciudadana no quisiera ver desmoronarse las ilusiones de un pueblo que dio su sangre y sus esfuerzos para librarnos de una dictadura y vivir nuevamente en democracia. Pasadas las elecciones debimos olvidar las diferencias políticas para retomar la tranquilidad y dar al país la seriedad que necesita para lograr inversiones extranjeras, para que la economía se active, para evitar tanto desempleo, para que los panameños coman y vivan dignamente.
Si decidimos vivir en democracia y adoptarla como sistema de gobierno, defendamos la libertad de disentir, de oponernos, de decir no cuando los intereses del país lo exijan y sí cuando la conveniencia nos diga que es la forma de lograr lo mejor para las mayorías. Pensemos, pues, en lo que tenemos y tratemos de conservarlo para que nuestro pueblo tenga lo que tienen otros países más avanzados pero con voluntad y madurez política.

101 años de Panamá América

 
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