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Democracia, elecciones y partidos


"Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla. La democracia es esencial para el desarrollo social, político y económico de los pueblos de las Américas".

Ese es el texto del Artículo primero de la Carta Democrática Interamericana, aprobada en Lima, Perú, el 11 de septiembre de 2001, el mismo día del ataque terrorista que destruyó las torres gemelas de Nueva York.

La democracia no es solamente un sistema político; es también un sistema de vida. Para alcanzarla y mantenerla, se requiere, en primer lugar, que los pueblos entiendan su valor; en segundo lugar, que existan elecciones justas; en tercer lugar, que los partidos políticos sean instrumentos eficaces para construirla y fortalecerla; y, en cuarto lugar, no lo menciono en el título, pero es igualmente de suprema importancia que a los electores que no pertenecen a partidos, como independiente u organizados en sindicatos, gremios y organizaciones de la sociedad civil, se les garanticen espacios para su participación equitativa en el proceso democrático.

En Panamá, la campaña política para las elecciones del 3 de mayo del 2008 ya comenzó, aunque algunos insistan en considerarla prematura o hipócritamente disfracen sus actividades proselitistas. Por la trascendental encrucijada que vive nuestro país, no veo inconveniente que ya se hayan iniciado los fuegos artificiales. Pero, desde luego, sí lo es que sigamos avanzando hacia las elecciones sin antes reformar aspectos medulares de las reglas del juego que, de no ser corregidos, convertirán en una farsa el resultado de los próximos comicios.

El primer cambio fundamental es eliminar el monopolio de los partidos, que han secuestrado nuestro sistema electoral. La panameña no es una democracia al servicio del pueblo sino al servicio de los partidos políticos. Los inmorales subsidios electorales a los partidos, que suman a 20 millones de balboas, y a los que ahora se pretende sumar el mamotreto de "las partidas circuitales", son una perversión que desnaturaliza toda posibilidad de una competencia justa y cierra la puerta a las candidaturas independienbtes. Los unos y las otras deben eliminarse de una vez por todas.

El segundo cambio fundamental es el establecimiento del "sistema de doble vuelta". Todas las componendas sobre alianzas y desalianzas, esencialmente antidemocráticas, pues privan al pueblo votante de su derecho a elegir (por lo menos entre los menos malos), se desarticularían desde su base. Desde luego, las actuales dirigencias de los partidos, como las aterra soltar el mango de la sartén, se opondrán a la medida; por tanto, habrá que exigírselas o pasarles las factura al momento de votar.

La representación del gobierno, en materia electoral, le corresponde al Tribunal Electoral. Por consiguiente, de esa instancia debieran provenir iniciativas para promover y defender la democracia; pero su evidente complicidad con el injusto sistema electoral imperante y su contubernio con los partidos han sido un factor de perversión y no de ayuda para fortalecer nuestra democracia. Por tanto, se impone una revisión a fondo de su comportamiento, al igual que del de la Fiscalía Electoral y ¿por qué no? la separación de sus titulares. En nuestro país, el gobierno, los partidos y el Tribunal Electoral, antes que promoverla y defenderla, nos privan del derecho a vivir en una democracia plena. Pero nuestra pasividad o indiferencia, así debemos entenderlo, es su mejor aliado.

101 años de Panamá América

 
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