Democracia en Iraq
La Asamblea Constituyente iraquí tuvo que otorgar una prórroga a la comisión redactora de 70 miembros que debió presentarle ayer un texto concertado entre las tres principales corrientes étnico religiosas y otras minorías nacionales. Los temas que provocan el desacuerdo son el rol del Islam en el Estado iraquí, los derechos de la mujer y las minorías, el control del petróleo y la integridad territorial. Los dos primeros temas están interrelacionados y los dos últimos también.
Quienes esperaban que la emergente democracia iraquí fuera un calco de la que se practica en Whitehall o la que surgió en Filadelfia, van a sufrir una gran decepción. Sin embargo, la valiente asistencia de los iraquíes a votar bajo fuego en las elecciones de febrero próximo pasado y el proceso deliberativo en que se ha avanzado en la redacción del texto constitucional, indican elementos importantes para la construcción de un régimen del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Debemos recordar que la democracia americana se parece, pero no es igual a la de la antigua Grecia y que la democracia árabe también deberá tener sus particularidades para que se asiente en esa región. Si surge, finalmente, una constitución que los iraquíes puedan acatar y que sirva para integrar a los sectores radicalizados por la invasión extranjera y posterior caída del régimen Batista, Iraq avanzará hacia un camino de paz y prosperidad. Si se permite que los componentes divisivos se impongan, Iraq avanzará hacia una sangrienta guerra civil. Sin embargo, el liderazgo iraquí ha demostrado pragmatismo en el pasado y muy probablemente estará nuevamente a la altura de las circunstancias. En este último caso, y a pesar de que su reciente acercamiento provoca preocupación en algunas capitales occidentales, un triunfo de la democracia iraquí podría desencadenar un proceso de liberalización en el vecino Irán en donde los clérigos chiítas ocupan posiciones de poder estatal que los clérigos chiítas de Iraq rechazan para sí mismos.
El reto será, pues, si la democracia iraquí se parece más a la democracia laica de la musulmana Turquía o a la democracia fundamentalista del también musulmán Irán, y si eso es lo que acepta la mayoría de los iraquíes y también sus minorías. Eso sería lo democrático.
Quienes esperaban que la emergente democracia iraquí fuera un calco de la que se practica en Whitehall o la que surgió en Filadelfia, van a sufrir una gran decepción. Sin embargo, la valiente asistencia de los iraquíes a votar bajo fuego en las elecciones de febrero próximo pasado y el proceso deliberativo en que se ha avanzado en la redacción del texto constitucional, indican elementos importantes para la construcción de un régimen del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Debemos recordar que la democracia americana se parece, pero no es igual a la de la antigua Grecia y que la democracia árabe también deberá tener sus particularidades para que se asiente en esa región. Si surge, finalmente, una constitución que los iraquíes puedan acatar y que sirva para integrar a los sectores radicalizados por la invasión extranjera y posterior caída del régimen Batista, Iraq avanzará hacia un camino de paz y prosperidad. Si se permite que los componentes divisivos se impongan, Iraq avanzará hacia una sangrienta guerra civil. Sin embargo, el liderazgo iraquí ha demostrado pragmatismo en el pasado y muy probablemente estará nuevamente a la altura de las circunstancias. En este último caso, y a pesar de que su reciente acercamiento provoca preocupación en algunas capitales occidentales, un triunfo de la democracia iraquí podría desencadenar un proceso de liberalización en el vecino Irán en donde los clérigos chiítas ocupan posiciones de poder estatal que los clérigos chiítas de Iraq rechazan para sí mismos.
El reto será, pues, si la democracia iraquí se parece más a la democracia laica de la musulmana Turquía o a la democracia fundamentalista del también musulmán Irán, y si eso es lo que acepta la mayoría de los iraquíes y también sus minorías. Eso sería lo democrático.