Democracia o totalitarismo, el dilema panameño
Con los decretos ley que el presidente Martín Torrijos, "en ejercicio de las facultades extraordinarias" otorgadas por la Asamblea Nacional, ha presentado a su Consejo de Gabinete para alcanzar los objetivos planteados dentro de la Política de Seguridad de su administración, se ha vuelto a poner en primer plano el debate sobre ¿qué clase de país queremos los panameños para nosotros y para nuestros hijos?
Por una parte estamos aquellos que creemos en la democracia y en sus instituciones, débiles quizás e imperfectas, pero que garantizan la libertad, la igualdad política y la posibilidad de influir directa o indirectamente en las decisiones que atañen a la organización y administración de la cosa pública, sobre todo en el ordenamiento social.
Por la otra parte están y han estado quienes bajo distintos pretextos o justificaciones limitan o cercenan las libertades, suplantan las instituciones del Estado, exaltan la figura de un pseudo líder carismático que tuvo un poder ilimitado y se abrogan el derecho de decidir el futuro de todos sin más limitaciones que su propia voluntad. Estos son los defensores del totalitarismo.
El dilema planteado no es nuevo para los ciudadanos panameños, desde el golpe de Estado dado al Presidente Constitucional, Arnulfo Arias Madrid, en octubre de 1941 y los subsiguientes golpes, cada vez más cruentos, la democracia panameña y sus defensores se han enfrentado con la versión más conocida en América Latina del totalitarismo: el militarismo.
Por totalitarismo se conoce la ideología, el movimiento o régimen político que adopta las formas dictatoriales más extremas como el fascismo de Mussolini o de Hitler; el "estalinismo" de la Unión Soviética y sus satélites o, más recientemente, el militarismo de Saddam Husein.
(Primera de dos entregas).