Democracia, ¿para quién? (II)
Antes de concretar ideas, es de carácter imperativo y obligatorio felicitar a nuestro pueblo, por la forma cívica y pacífica en la que participó en este torneo electoral, a pesar de que hubo manifestaciones y hasta invocaciones sesgadas para que se entronizaran actos de violencia el pasado 3 de mayo, gracias a Dios demostramos que es un tema superado. Por otro lado, al presidente electo Ricardo Martinelli y a todas las autoridades en los diferentes cargos de elección. Sus compromisos y responsabilidades pasada la controversia política, juegan un papel ineludible en la coyuntura histórica para la democracia.
Unas reformas electorales que garanticen la transparencia y legitimidad de los torneos electorales, son ineludibles, y deben contar con el apoyo desprendido y voluntario de todos los actores de nuestra sociedad, omitiendo intereses creados, individuales o de grupos. Ignorar fallas y vicios, que trascienden en los centros de votación, que generan y ponen en duda la credibilidad y equidad democrática, es fatal.
La regulación de los topes financieros en campaña, definición de calendario reducido para las generales y la saludable garantía e imparcialidad del Tribunal Electoral en la conducción de los procesos internos de primarias en los partidos políticos. En otro orden de ideas, es preponderante que los reglamentos y la ley sean ordenados de forma rígida y firme que no permitan ambigüedades y argucias como el “sancocho de revolturas” en las postulaciones, tal como ocurrió con candidaturas independientes en partidos políticos que no cumplieron con la Ley. Esto lo menciono sin ánimo de ataques personalistas, sino de que se establezcan claramente los requisitos de esta oferta, ya que la candidatura presidencial independiente en el 2014, exige que para evitar desbordamientos participativos, sin coartar este derecho político, las reglas sean firmes y contundentes.
Con relación al conteo de votos en los centros de votación, es imprescindible la creación de Sub Juntas de Escrutinio en cada lugar, a fin de evitar suspicacias en las proclamaciones, ya que con este procedimiento se reduce la cantidad de actas, y el manejo y dominio de la información es más fluido y real para interesados y la comunidad en general.
Por último, el Tribunal Electoral tiene que jugar un papel de tenaz independencia y permanente protagonismo en sus funciones, impartiendo docencia sobre derechos y deberes de electores y ciudadanos, la responsabilidad individual asignada en cada uno de los cargos de elección, la fiscalización del manejo en el subsidio electoral, desglosado en el uso correspondiente tal como dice la Ley. Esto, distinguidos lectores, forma parte de las acciones que elevarán la cultura y calidad política de los panameños, afianzando el sistema democrático.