Democracia participativa y no seudo democracia
Lo que presentamos en el orden del día es la lucha por la democracia y la liberación nacional. Esta lucha por la democracia es revolucionaria y responde a las necesidades más apremiantes de nuestro pueblo.
Lograr la vigencia de los derechos humanos, que son los derechos económicos, políticos y sociales para todos, y encontrar las causas para limitar el poder de los monopolios, crear mejores condiciones de vida y de trabajo para la población, que garanticen los servicios básicos de la educación, salud y vivienda; asegurar los mecanismos para que el pueblo trabajador se organice y pueda expresarse políticamente. Acabar con el control que grupos deshonestos ejercen sobre el Estado. Recuperar una serie de elementos ideológicos, nacionales y populares, que permitan redefinir nuestra identidad cultural.
Es decir, dar pasos fundamentales en el proceso de construir una Patria libre y justa (libertad y justicia). Necesitamos recapturar las banderas de la lucha por la democracia, de la que se ha hablado por muchos años, y asegurar su continuidad y combatir sus enemigos fundamentales como son: el imperialismo esclavizante y una oligarquía monopolística. No necesitamos más enemigos. La burguesía tratará de traicionar cualquier movimiento de liberación nacional, pues no se puede tener como aliado permanente, pero creemos que una parte de ella puede acompañarnos durante una etapa del camino de esa lucha constante. Pero tenemos que tener siempre presente que en nuestro país existe un gran núcleo social formado por los pobres de la ciudad y del campo, que carecen de las mínimas condiciones para subsistir. Es importante anotar que los aborígenes y el campesinado, que son los sectores más afectados, deben luchar para conformar un frente político amplio por la democracia, donde puedan participar organizaciones políticas gremiales y figuras políticas, con miras a convertirse en un hecho político más duradero y estable.
No podemos olvidar lo que ha sido la historia para nuestro país recientemente. Tras un período de violencia donde "grupos" propiciaron la invasión, un enfrentamiento fratricida con un saldo no revelado aún de muertos y pérdida de estructuras organizacionales y que tratan de legalizar cualquier forma del poder extranjero en nuestro país, al que dominan con una coalición de fuerzas militares extranjeras y que debería ser una coalición de fuerzas sociales que necesitan ser organizadas en torno a un proyecto político nacional y donde las acciones militares nacionales no pueden estar ajenas al sentir del pueblo, por lo que las acciones sociales deben participar de las necesidades verdaderas y reales, es decir sentar las bases para un grupo nacional, para la creación de un movimiento popular.
En este país, los aborígenes y campesinos, tras un período de violencia fratricida donde se propició una lucha con un saldo de muertos, donde se trató de legalizar cualquier forma de expresión política que no transitara por los cauces legales y gobernando con el empleo sistemático de un estado de sitio extranjero, donde cualquier forma de organización popular que amenaza los intereses oligárquicos y extranjerizantes se reprime brutalmente.
Por principio, en el socialismo se cree en la abolición de cualquier forma de propiedad privada. Nuestros principios plantean la democratización de la economía, es decir, que nos referimos a los capitalistas panameños para que se trabaje con capitales nacionales y que no se dejen asfixiar por programas extranjeros.
Tenemos que recordar que al igual que en otros países de América Latina, el capital que no entra en el rejuego de la producción monopolística no tiene posibilidades de sobrevivir, ya que el gran monopolio maneja los créditos para el beneficio de sus propios negocios e industrias.
Como hablar en nuestro país de una lucha que nos ahoga con capitales extranjeros y con una tecnología extranjerizante, así vemos cómo los capitales norteamericanos, alemanes, suizos y japoneses, con tecnología prestada crecen por las infinitas ansias de dinero y poder del gran capital.
Al igual que en otros puntos de nuestro continente, esa no es nuestra meta, de quitarles las fábricas pues sería una revolución socialista. Nosotros lo que queremos es que nuestra gente viva mejor en este país, pero tenemos que recordarle al industrial nuestro, que quien siempre lleva las de perder es el obrero. Necesitamos una política de salarios que corresponda al costo de la vida nacional, es decir una política que beneficie a todo el mundo en nuestro país.
Se habla del desarrollo, pero el desarrollo de que se habla, ¿es de quiénes o para quiénes? Cada día vemos más desempleados, cada día vemos los hospitales en condiciones desastrosas, y los índices de educación son para el que tiene dinero. ¿Qué ponen el campesino y el aborigen en la mesa para su familia? Parece que el país está en plena bancarrota, aunque puede mostrarse hasta una bonanza industrial que sólo beneficia a un sector reducido de la población rica que viaja a Suiza o a Miami frecuentemente.
La concepción del Estado es la que tiene que ver directamente con la salud, la educación, la seguridad y la justicia de toda la población.
La institución de seguridad social-empresa de los trabajadores y empresarios, que debería ser modelo, fue saqueada por una burocracia deshonesta y antidemocrática y aún no ha podido recuperarse.
Para que exista una política estatal, necesitamos una orientación realmente democrática. Al recorrer el país observamos los campos donde encontramos una ausencia total de una política estatal democrática.
Nuestro pueblo trabaja mucho y es muy sufrido, el producto de su trabajo es absorbido primero por las arcas de los grandes monopolios norteamericanos y luego por los monopolios nacionales. Allí está el dilema.
Observamos así mismo las grandes partidas que manejan los legisladores. En nuestro país hay que meterle mucha gente al Estado. ¿Qué haremos con los niveles de desocupados, tanto en el campo como en los centros urbanos?
Lo que se necesita resolver es muy grande e importante, por lo que no puede tenerse una política para obras públicas, una política para educación, una política para agricultura. Tiene que existir una política general que guíe al Estado hacia la superación de los problemas a un mismo nivel.
No puede un gobierno trabajar sólo para un partido, para un sólo grupo. Se necesita un gobierno que trabaje democráticamente para todo un pueblo.
Bajo Mono, Boquete, julio 1999
Lograr la vigencia de los derechos humanos, que son los derechos económicos, políticos y sociales para todos, y encontrar las causas para limitar el poder de los monopolios, crear mejores condiciones de vida y de trabajo para la población, que garanticen los servicios básicos de la educación, salud y vivienda; asegurar los mecanismos para que el pueblo trabajador se organice y pueda expresarse políticamente. Acabar con el control que grupos deshonestos ejercen sobre el Estado. Recuperar una serie de elementos ideológicos, nacionales y populares, que permitan redefinir nuestra identidad cultural.
Es decir, dar pasos fundamentales en el proceso de construir una Patria libre y justa (libertad y justicia). Necesitamos recapturar las banderas de la lucha por la democracia, de la que se ha hablado por muchos años, y asegurar su continuidad y combatir sus enemigos fundamentales como son: el imperialismo esclavizante y una oligarquía monopolística. No necesitamos más enemigos. La burguesía tratará de traicionar cualquier movimiento de liberación nacional, pues no se puede tener como aliado permanente, pero creemos que una parte de ella puede acompañarnos durante una etapa del camino de esa lucha constante. Pero tenemos que tener siempre presente que en nuestro país existe un gran núcleo social formado por los pobres de la ciudad y del campo, que carecen de las mínimas condiciones para subsistir. Es importante anotar que los aborígenes y el campesinado, que son los sectores más afectados, deben luchar para conformar un frente político amplio por la democracia, donde puedan participar organizaciones políticas gremiales y figuras políticas, con miras a convertirse en un hecho político más duradero y estable.
No podemos olvidar lo que ha sido la historia para nuestro país recientemente. Tras un período de violencia donde "grupos" propiciaron la invasión, un enfrentamiento fratricida con un saldo no revelado aún de muertos y pérdida de estructuras organizacionales y que tratan de legalizar cualquier forma del poder extranjero en nuestro país, al que dominan con una coalición de fuerzas militares extranjeras y que debería ser una coalición de fuerzas sociales que necesitan ser organizadas en torno a un proyecto político nacional y donde las acciones militares nacionales no pueden estar ajenas al sentir del pueblo, por lo que las acciones sociales deben participar de las necesidades verdaderas y reales, es decir sentar las bases para un grupo nacional, para la creación de un movimiento popular.
En este país, los aborígenes y campesinos, tras un período de violencia fratricida donde se propició una lucha con un saldo de muertos, donde se trató de legalizar cualquier forma de expresión política que no transitara por los cauces legales y gobernando con el empleo sistemático de un estado de sitio extranjero, donde cualquier forma de organización popular que amenaza los intereses oligárquicos y extranjerizantes se reprime brutalmente.
Por principio, en el socialismo se cree en la abolición de cualquier forma de propiedad privada. Nuestros principios plantean la democratización de la economía, es decir, que nos referimos a los capitalistas panameños para que se trabaje con capitales nacionales y que no se dejen asfixiar por programas extranjeros.
Tenemos que recordar que al igual que en otros países de América Latina, el capital que no entra en el rejuego de la producción monopolística no tiene posibilidades de sobrevivir, ya que el gran monopolio maneja los créditos para el beneficio de sus propios negocios e industrias.
Como hablar en nuestro país de una lucha que nos ahoga con capitales extranjeros y con una tecnología extranjerizante, así vemos cómo los capitales norteamericanos, alemanes, suizos y japoneses, con tecnología prestada crecen por las infinitas ansias de dinero y poder del gran capital.
Al igual que en otros puntos de nuestro continente, esa no es nuestra meta, de quitarles las fábricas pues sería una revolución socialista. Nosotros lo que queremos es que nuestra gente viva mejor en este país, pero tenemos que recordarle al industrial nuestro, que quien siempre lleva las de perder es el obrero. Necesitamos una política de salarios que corresponda al costo de la vida nacional, es decir una política que beneficie a todo el mundo en nuestro país.
Se habla del desarrollo, pero el desarrollo de que se habla, ¿es de quiénes o para quiénes? Cada día vemos más desempleados, cada día vemos los hospitales en condiciones desastrosas, y los índices de educación son para el que tiene dinero. ¿Qué ponen el campesino y el aborigen en la mesa para su familia? Parece que el país está en plena bancarrota, aunque puede mostrarse hasta una bonanza industrial que sólo beneficia a un sector reducido de la población rica que viaja a Suiza o a Miami frecuentemente.
La concepción del Estado es la que tiene que ver directamente con la salud, la educación, la seguridad y la justicia de toda la población.
La institución de seguridad social-empresa de los trabajadores y empresarios, que debería ser modelo, fue saqueada por una burocracia deshonesta y antidemocrática y aún no ha podido recuperarse.
Para que exista una política estatal, necesitamos una orientación realmente democrática. Al recorrer el país observamos los campos donde encontramos una ausencia total de una política estatal democrática.
Nuestro pueblo trabaja mucho y es muy sufrido, el producto de su trabajo es absorbido primero por las arcas de los grandes monopolios norteamericanos y luego por los monopolios nacionales. Allí está el dilema.
Observamos así mismo las grandes partidas que manejan los legisladores. En nuestro país hay que meterle mucha gente al Estado. ¿Qué haremos con los niveles de desocupados, tanto en el campo como en los centros urbanos?
Lo que se necesita resolver es muy grande e importante, por lo que no puede tenerse una política para obras públicas, una política para educación, una política para agricultura. Tiene que existir una política general que guíe al Estado hacia la superación de los problemas a un mismo nivel.
No puede un gobierno trabajar sólo para un partido, para un sólo grupo. Se necesita un gobierno que trabaje democráticamente para todo un pueblo.
Bajo Mono, Boquete, julio 1999