Democracia por compromiso
En los albores del tercer milenio hay sola una verdad en la que todos coincidimos y es que el cambio y la transformación será el común denominador en todas las esferas de la vida humana.
Es por eso que la Democracia Política, entendida como el derecho inalienable que poseen los pueblos para elegir a sus gobernantes, no escapa a esta premisa básica. Este concepto ha ido evolucionando en la medida en que la ciudadanía ha priorizado sus aspiraciones fundamentales. La transición de gobiernos populistas, emprendedores, reguladores y tipo convidados de piedra, está siendo reemplazada por la demanda de una auténtica conducción participativa y comprometida, con los intereses de las grandes mayorías de nuestras naciones.
Por todo lo anteriormente señalado, me atrevo a proponer en este momento, faltando menos de 4 meses para el día de las elecciones, a todas las organizaciones gremiales, juveniles, cívicas, profesionales, religiosas, deportivas y a los diferentes sectores del acontecer nacional tales como el de la salud, agropecuario, construcción, industrial, empresarial, estudiantil, desocupados, en fin a todo ente que aglutine a la sociedad, en la búsqueda de satisfacer sus particulares necesidades a que demanden y realicen una reunión con cada uno de los tres candidatos presidenciales, en la intención de discutir la problemática y analizar las alternativas de solución en cada una de estas áreas, a fin de lograr un compromiso formal de que quienquiera que llegue al poder, para satisfacer con factibilidad y viabilidad los mejores intereses del bien común.
Este diálogo abierto permitirá reconocer y diferenciar las poses demagógicas y electoreras, de las verdaderas intenciones de ir corrigiendo en la medida de lo posible, la inequidad en la distribución de la riqueza y la absurda posición de aquellos que todavía no entienden, que no es populismo caduco que el Estado asuma los deberes indeclinables de asegurar al ciudadano ; alimentación, salud, vivienda, educación, trabajo y seguridad física y legal, a través de un Gobierno que tenga creatividad, capacidad, honestidad y sentido social.
El grupo que estime que no puede cumplir con este compromiso debería irse postulando para otra cosa menos seria que afectar la vida de 3 millones de panameños y no hacernos perder el tiempo, el esfuerzo y el dinero, ni siquiera en la confección de las papeletas electorales.
Sólo a través de la concertación previa con los sectores que serán afectados por algunas de las medidas propuestas que determinado grupo político pretenda ejecutar, será como se construirá la estabilidad, gobernabilidad y sostenibilidad que demanda este pueblo cansado de medidas formuladas por expertos, que nada arriesgan en tal decisión y que a final de cuentas no producen los resultados que al parecer se pretendían con las mismas.
Sin duda se trata de un gran salto cualitativo en la manera de escoger a los candidatos y a nuestros gobernantes. De una suite en un hotel de lujo o residencia inaccesible de verano, ahora lo hacemos en elecciones primarias, con aspirantes sudorosos que recorren nuestra geografía en forma obligada. De decidir nuestro voto por quién nos conviene más al estómago, pretendemos ahora discernir quién nos promete Justicia en vez de Caridad y qué grupo entiende que la obstinación produce soledad y rechazo, y que estamos necesitando con urgencia notoria para que conduzca nuestros destinos al inicio del siglo 21, a alquien que tenga el valor de atreverse a humanizar las recetas macroeconómicas manipuladas y a crear nuevas avenidas para el desarrollo integral de la mayor cantidad de panameños. Recordando siempre lo que nos decía aquel que murió en el Cerro Marta, que nuestra prioridad ha de ser con los que menos tienen.
Es por eso que la Democracia Política, entendida como el derecho inalienable que poseen los pueblos para elegir a sus gobernantes, no escapa a esta premisa básica. Este concepto ha ido evolucionando en la medida en que la ciudadanía ha priorizado sus aspiraciones fundamentales. La transición de gobiernos populistas, emprendedores, reguladores y tipo convidados de piedra, está siendo reemplazada por la demanda de una auténtica conducción participativa y comprometida, con los intereses de las grandes mayorías de nuestras naciones.
Por todo lo anteriormente señalado, me atrevo a proponer en este momento, faltando menos de 4 meses para el día de las elecciones, a todas las organizaciones gremiales, juveniles, cívicas, profesionales, religiosas, deportivas y a los diferentes sectores del acontecer nacional tales como el de la salud, agropecuario, construcción, industrial, empresarial, estudiantil, desocupados, en fin a todo ente que aglutine a la sociedad, en la búsqueda de satisfacer sus particulares necesidades a que demanden y realicen una reunión con cada uno de los tres candidatos presidenciales, en la intención de discutir la problemática y analizar las alternativas de solución en cada una de estas áreas, a fin de lograr un compromiso formal de que quienquiera que llegue al poder, para satisfacer con factibilidad y viabilidad los mejores intereses del bien común.
Este diálogo abierto permitirá reconocer y diferenciar las poses demagógicas y electoreras, de las verdaderas intenciones de ir corrigiendo en la medida de lo posible, la inequidad en la distribución de la riqueza y la absurda posición de aquellos que todavía no entienden, que no es populismo caduco que el Estado asuma los deberes indeclinables de asegurar al ciudadano ; alimentación, salud, vivienda, educación, trabajo y seguridad física y legal, a través de un Gobierno que tenga creatividad, capacidad, honestidad y sentido social.
El grupo que estime que no puede cumplir con este compromiso debería irse postulando para otra cosa menos seria que afectar la vida de 3 millones de panameños y no hacernos perder el tiempo, el esfuerzo y el dinero, ni siquiera en la confección de las papeletas electorales.
Sólo a través de la concertación previa con los sectores que serán afectados por algunas de las medidas propuestas que determinado grupo político pretenda ejecutar, será como se construirá la estabilidad, gobernabilidad y sostenibilidad que demanda este pueblo cansado de medidas formuladas por expertos, que nada arriesgan en tal decisión y que a final de cuentas no producen los resultados que al parecer se pretendían con las mismas.
Sin duda se trata de un gran salto cualitativo en la manera de escoger a los candidatos y a nuestros gobernantes. De una suite en un hotel de lujo o residencia inaccesible de verano, ahora lo hacemos en elecciones primarias, con aspirantes sudorosos que recorren nuestra geografía en forma obligada. De decidir nuestro voto por quién nos conviene más al estómago, pretendemos ahora discernir quién nos promete Justicia en vez de Caridad y qué grupo entiende que la obstinación produce soledad y rechazo, y que estamos necesitando con urgencia notoria para que conduzca nuestros destinos al inicio del siglo 21, a alquien que tenga el valor de atreverse a humanizar las recetas macroeconómicas manipuladas y a crear nuevas avenidas para el desarrollo integral de la mayor cantidad de panameños. Recordando siempre lo que nos decía aquel que murió en el Cerro Marta, que nuestra prioridad ha de ser con los que menos tienen.