Democracia y rendición de cuentas
"Método" proviene del latín methodus, que quiere decir camino o vía que conduce a un punto o meta determinada de modo previo. Precisamente, el concepto "meta" está relacionado con el punto o mojón con el cual se demarca un lugar al cual llegar. Así pues, la meta no se alcanza si antes no se ha recorrido un camino, ordenadamente. De allí la importancia del método: bien elegido, siempre conducirá hacia la meta.
Sirva la anterior etimología para ayudarnos a discernir que cuando se trata del método político, es decir, el que se adopta para ejercer el arte y oficio de gobernar, es menester prohijar, objetiva y científicamente, pautas y reglas de ordenación que nos permitirán arribar a las metas o fines que se desean alcanzar durante la gestión gubernamental. Quien pretenda gobernar sin método o ausente de metas -como sucedió con el gobierno Moscoso- está condenado al fracaso de toda iniciativa política. Y es esto, lo que tenemos que entender los gobernados en una nación: dejemos que el nuevo gobierno desarrolle su método de trabajo y que se alcancen las metas o fines propuestos y perseguidos por una administración que ha prometido combatir la corrupción en cualquier nivel. En propias palabras del presidente Martín Torrijos, "hay que combatir la corrupción sin importar de donde provenga".
La corrupción, en Panamá, ha dejado de ser una mera palabra del vocabulario formal de nuestra lengua española, por lo que ha adoptado crudas y cruentas realidades que dejan boquiabiertos a todos los que sí creemos en el adecentamiento de la Patria y en la concreta posibilidad de corregir o enmendar el deplorable y actual estado de cosas. Allí donde germina la corrupción quedan huellas permanentes de pobreza, miseria, hostigamiento social, pero sobre todo, del estigma que anquilosa a los pueblos imposibilitándoles su derecho al progreso.
Basta pensar o considerar, objetivamente, cómo han quedado las arcas de la nación luego de un gobierno que pelechó y succionó las ubres del Estado perpetrando en contra de los dineros del pueblo actos tan deleznables que rayan con acciones o conductas punibles. Se trata, sin duda alguna, de insistir en la tan necesaria rendición de cuentas: ella implica o traduce que se inicien investigaciones de rigor por parte de la única entidad del Estado que puede hacerlo: el Ministerio Público.
Todos los ciudadanos que tienen la buena voluntad de cooperar con la Patria Nueva y que son conocedores de actos de corrupción, pueden concurrir a las fiscalías competentes y presentar las denuncias; allí en donde un medio de comunicación ha denunciado la existencia de un desfalco en contra del erario público cometido por ex funcionarios debe el Ministerio Público, inmediatamente, iniciar la instrucción de un sumario; lo mismo debe predicarse para los altos personeros del gobierno que se han ido, concurran, previas citaciones, a rendir cuentas en expedientes que deben abrirse por supuestos enriquecimientos ilícitos, indebidos o injustos.
La Contraloría no va a hacer nada, porque allí está el Contralor del gobierno de Moscoso. Esperamos que el Procurador General de la Nación proceda con la apertura de esos expedientes. Hay que dictar órdenes de prohibición de salida del país a quienes han ejercido cargos de mando, cuentas y jurisdicción en el país; dictar medidas cautelares contra quienes han anunciado, sin resquemor ni vergüenza, cuántos millones tienen en sus haberes. No podemos dejar que salgan por la puerta ancha y dejar en el pueblo la terrible sensación de que "aquí no ha pasado nada", como lo advirtió en su discurso de toma de posesión el Presidente.
Mal ejemplo para nuestra niñez y nuestros jóvenes es que se anuncie a través del manto y ropaje de la impunidad que el delito, sobre todo cuando se comete valiéndose de posiciones en el gobierno, paga y produce muchos réditos. O es el gobierno un interlocutor y administrador del Estado en nombre del pueblo o son sus integrantes miembros organizados de una banda de ladrones similar a la que recuerda la literatura como "Alí Baba y sus cuarenta ladrones".
El presidente Torrijos ha evidenciado autoridad como gobernante, buena voluntad y sanas intenciones de enrumbar el aparato estatal, al pueblo panameño, hacia un claro adecentamiento que nos permita sentirnos orgullosos de nuestra identidad como Estado y como personas. Pero, es menester que de adopten las medidas y las cautelas necesarias que fragüen o neutralicen todo intento o conato de quienes han hurtado a la Patria para evadir la responsabilidad penal, civil y moral que les cabe por haber saqueado a la nación y al pueblo panameño en sí. No se trata de un cacería de brujas; ni de una persecución, sino de rendirle cuentas claras al país y que el concepto de democracia, transparencia y lucha permanente contra la corrupción alcancen concreción y realidad en la conciencia del pueblo que aún no ha dejado de creer y que al decir de los inocentes "preferimos seguir creyendo".
No es posible que el cerro de botellas que nombró la ex presidentas Moscoso quede en la Administración Pública y que usufructúe el derecho de hombres y mujeres honestos de la Patria a percibir asistencia social que traduzca mejores hospitales; más adecuados centros de salud; mejores escuelas; mejores condiciones de desarrollo sostenible con rostro humano; más viviendas para la gente humilde y de escasos recursos o ingresos económicos; mejor trato en la administración de la cosa pública, etc.
El gobierno puede y tiene la ineludible obligación de quebrar -destituir- a esos miles de funcionarios que ni trabajaron ni nada hicieron por el país, sino que se dedicaron a "vivir" del erario público a los extremos de amasar jugosas fortunas de las cuales no han sido capaces, a través del esfuerzo, el trabajo y el sacrificio personal, de generar en buena lid un solo centavo. Proponemos, una Ley de Rendición de Cuentas con la cual normemos el desgreño que nos han legado quienes hasta hace unos cuantos días nos desgobernaron y que sean penados, previo proceso, los delincuentes de la Patria. Si el Ministerio Público y la justicia no confrontan estos asuntos, el pueblo panameño, al mejor estilo parisiense, saldrá a las calles a apoyar la firme determinación de su Presidente en combatir, venga de donde venga, la corrupción y los que la han perpetrado o perpetraren.
Mientras el país mantenga su estabilidad política y los ciudadanos tengamos seguridad, "Panamá seguirá creciendo de noche".
Sirva la anterior etimología para ayudarnos a discernir que cuando se trata del método político, es decir, el que se adopta para ejercer el arte y oficio de gobernar, es menester prohijar, objetiva y científicamente, pautas y reglas de ordenación que nos permitirán arribar a las metas o fines que se desean alcanzar durante la gestión gubernamental. Quien pretenda gobernar sin método o ausente de metas -como sucedió con el gobierno Moscoso- está condenado al fracaso de toda iniciativa política. Y es esto, lo que tenemos que entender los gobernados en una nación: dejemos que el nuevo gobierno desarrolle su método de trabajo y que se alcancen las metas o fines propuestos y perseguidos por una administración que ha prometido combatir la corrupción en cualquier nivel. En propias palabras del presidente Martín Torrijos, "hay que combatir la corrupción sin importar de donde provenga".
La corrupción, en Panamá, ha dejado de ser una mera palabra del vocabulario formal de nuestra lengua española, por lo que ha adoptado crudas y cruentas realidades que dejan boquiabiertos a todos los que sí creemos en el adecentamiento de la Patria y en la concreta posibilidad de corregir o enmendar el deplorable y actual estado de cosas. Allí donde germina la corrupción quedan huellas permanentes de pobreza, miseria, hostigamiento social, pero sobre todo, del estigma que anquilosa a los pueblos imposibilitándoles su derecho al progreso.
Basta pensar o considerar, objetivamente, cómo han quedado las arcas de la nación luego de un gobierno que pelechó y succionó las ubres del Estado perpetrando en contra de los dineros del pueblo actos tan deleznables que rayan con acciones o conductas punibles. Se trata, sin duda alguna, de insistir en la tan necesaria rendición de cuentas: ella implica o traduce que se inicien investigaciones de rigor por parte de la única entidad del Estado que puede hacerlo: el Ministerio Público.
Todos los ciudadanos que tienen la buena voluntad de cooperar con la Patria Nueva y que son conocedores de actos de corrupción, pueden concurrir a las fiscalías competentes y presentar las denuncias; allí en donde un medio de comunicación ha denunciado la existencia de un desfalco en contra del erario público cometido por ex funcionarios debe el Ministerio Público, inmediatamente, iniciar la instrucción de un sumario; lo mismo debe predicarse para los altos personeros del gobierno que se han ido, concurran, previas citaciones, a rendir cuentas en expedientes que deben abrirse por supuestos enriquecimientos ilícitos, indebidos o injustos.
La Contraloría no va a hacer nada, porque allí está el Contralor del gobierno de Moscoso. Esperamos que el Procurador General de la Nación proceda con la apertura de esos expedientes. Hay que dictar órdenes de prohibición de salida del país a quienes han ejercido cargos de mando, cuentas y jurisdicción en el país; dictar medidas cautelares contra quienes han anunciado, sin resquemor ni vergüenza, cuántos millones tienen en sus haberes. No podemos dejar que salgan por la puerta ancha y dejar en el pueblo la terrible sensación de que "aquí no ha pasado nada", como lo advirtió en su discurso de toma de posesión el Presidente.
Mal ejemplo para nuestra niñez y nuestros jóvenes es que se anuncie a través del manto y ropaje de la impunidad que el delito, sobre todo cuando se comete valiéndose de posiciones en el gobierno, paga y produce muchos réditos. O es el gobierno un interlocutor y administrador del Estado en nombre del pueblo o son sus integrantes miembros organizados de una banda de ladrones similar a la que recuerda la literatura como "Alí Baba y sus cuarenta ladrones".
El presidente Torrijos ha evidenciado autoridad como gobernante, buena voluntad y sanas intenciones de enrumbar el aparato estatal, al pueblo panameño, hacia un claro adecentamiento que nos permita sentirnos orgullosos de nuestra identidad como Estado y como personas. Pero, es menester que de adopten las medidas y las cautelas necesarias que fragüen o neutralicen todo intento o conato de quienes han hurtado a la Patria para evadir la responsabilidad penal, civil y moral que les cabe por haber saqueado a la nación y al pueblo panameño en sí. No se trata de un cacería de brujas; ni de una persecución, sino de rendirle cuentas claras al país y que el concepto de democracia, transparencia y lucha permanente contra la corrupción alcancen concreción y realidad en la conciencia del pueblo que aún no ha dejado de creer y que al decir de los inocentes "preferimos seguir creyendo".
No es posible que el cerro de botellas que nombró la ex presidentas Moscoso quede en la Administración Pública y que usufructúe el derecho de hombres y mujeres honestos de la Patria a percibir asistencia social que traduzca mejores hospitales; más adecuados centros de salud; mejores escuelas; mejores condiciones de desarrollo sostenible con rostro humano; más viviendas para la gente humilde y de escasos recursos o ingresos económicos; mejor trato en la administración de la cosa pública, etc.
El gobierno puede y tiene la ineludible obligación de quebrar -destituir- a esos miles de funcionarios que ni trabajaron ni nada hicieron por el país, sino que se dedicaron a "vivir" del erario público a los extremos de amasar jugosas fortunas de las cuales no han sido capaces, a través del esfuerzo, el trabajo y el sacrificio personal, de generar en buena lid un solo centavo. Proponemos, una Ley de Rendición de Cuentas con la cual normemos el desgreño que nos han legado quienes hasta hace unos cuantos días nos desgobernaron y que sean penados, previo proceso, los delincuentes de la Patria. Si el Ministerio Público y la justicia no confrontan estos asuntos, el pueblo panameño, al mejor estilo parisiense, saldrá a las calles a apoyar la firme determinación de su Presidente en combatir, venga de donde venga, la corrupción y los que la han perpetrado o perpetraren.
Mientras el país mantenga su estabilidad política y los ciudadanos tengamos seguridad, "Panamá seguirá creciendo de noche".