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Demócratas: incubus y sucubus


Existen entes y gentes que dicen abogar por las instituciones propias de la democracia. Los tales expresan creer en ella. Sin embargo, sus actuaciones y sus formas estructuradas de pensamientos distan mucho de validar esas confesiones.

Se evidencian serias y profundas contradicciones con lo que predican y con lo que hacen. Son verdaderos fariseos y escribas que violentan el Tempo Sagrado de la Verdad. Así mismo, encontraremos a otros que dicen defender la libre emisión del pensamiento o la libertad de expresión, pero cuando hablan o expresan, sus ideas irrumpen de modo violento en contra de esos derechos. ¿Cómo se puede vivir en democracia sin demócratas genuinos, auténticos? ¿Cómo se puede creer en el hombre sin que éste deje de creer en los demás congéneres? Responderíamos, sin dubitar, que esto es misión imposible.

Hay demócratas en este suelo que conciben una democracia a la medida de sus intereses personales o egoístas; otros que se mandan a construir una democracia que tutele sus intereses de clase, son demócratas sectoriales; no faltan los demócratas que se ponen calzados de dictadores, autócratas; de otra parte también existen los demócratas que usan el cinturón de los militares y actúan como tales; no faltan los llamados demócratas cuyo discurso se les acaba cuando ocupan altos cargos en la cúpula del poder político, son los demócratas oportunistas; también están aquellos que el sentido democrático acaba cuando son eclipsados por el bienestar, la prosperidad y caen en una especie de calma sospechosa, delatadora; éstos, nada dicen, nada hacen, se convierten en leseferistas de la historia, verdaderos cómplices del "dejar hacer y del dejar pasar". No debo excluir en esta clasificación de los demócratas de papel, a los que invocan, cuales malandrines, a los demonios de la democracia para entrar con ellos en una especie de relación tipo "incubus" o tipo "sucubus" político degradando en toda vileza o pobreza de espíritu. En otro orden de ideas, existen los demócratas que no quieren que se les toque el bolsillo. Para ellos, la democracia empieza y acaba a la entrada del bolsillo, no más allá, imposible. La cartera y la chequera son sagradas: solamente las tocan ellos y la democracia puede funcionar sin recursos. Cosa espantosa ésta: que la democracia funcione con hambre, desempleo y pobreza.

¿Cómo, pregunto, podemos avanzar como sociedad, como Estado de Derecho, si los interlocutores, los generadores de la opinión pública, no pocos de ellos, emplean el sarcasmo, la burla, instrumentan la ignorancia, la deshonra, la indisposición, irrespetan la dignidad de los demás, inventan falsos, se hacen partícipes de falsos, de verdaderos infundios, pisotean el estado de inocencia, muerden ferozmente la dignidad de los demás, violentan el derecho a la propia imagen y el derecho al respeto integral de la propia personalidad, echan lodo al debido proceso, corroen los pilares constitucionales del Estado, y pretenden que haya orden, paz, seguridad, quietud? ¿No será acaso que debemos empezar, primeramente, barriendo nuestra propia casa?

101 años de Panamá América

 
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