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Derecho de admisión


Igual que ocurrió con el récord policivo, prohibieron la aplicación del derecho de admisión en sitios de diversión, con el argumento de que se trataba de un instrumento de discriminación. Y desde entonces se abrieron las puertas de bares y discotecas de par en par a los maleantes.

En ambos casos, editorializamos expresando categóricas reservas. Pero prevaleció el criterio contrario. Desde entonces, los empleadores fueron forzados a contratar trabajadores a ciegas, desconociendo los antecedentes de quien meterían en su casa y encargarían el cuidado de sus niños, o de quien sería cajero de banco, o guardia de una empresa cualquiera. Aquello fue un desastre y dejó muchas víctimas de secuestro, asalto, asesinato, robo, violación, etc., que se hubieran evitado con sólo dar la oportunidad a quien paga, de conocer a quién está contratando.

Hubo que restituir parcialmente el récord policivo en trabajos de confianza extrema.

Ahora es el derecho de admisión. La delincuencia golpea implacablemente la frágil infraestructura turística del país, sin que dueños de locales puedan hacer nada, mientras los malandros asesinan, asaltan, venden drogas y trafican sexo, sin que nadie pueda impedirlo. Parece ser tiempo de abrir la discusión del tema otra vez, sin hipocresías y con sentido práctico.

101 años de Panamá América

 
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