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Derecho de admisión y discrimininación


Luego del cierre de algunos establecimientos de diversión pública en la calle Uruguay, algunos empresarios estuvieron en una emisora local de radio expresándose sobre la inconveniencia de la congregación de jóvenes "de mal aspecto" y de elementos "indeseados" en esa calle trayendo, en consecuencia, un incremento en las acciones delictivas, criminales y de moralidad en el área.

Hablaron de la necesidad de volver a poner en ejecución el famoso derecho de admisión en sus respectivos locales, y de exigir la creación de nuevas leyes y de dotar a los guardias de seguridad de una lista de exenciones respecto a atuendos y conductas. Igualmente pidieron la presencia de más policías en el área para impedir la congregación de elementos criminales.

El sentido común dicta que en una sociedad libre no se puede castigar a la mayoría por los crímenes de una minoría. Tampoco podemos abortar el crimen cerrando todos los lugares donde creemos que es posible que ocurra. Estaríamos simplemente trasladando el problema de un área a otro.

Nos estamos convirtiendo en una nación enfermiza que quiere legislar de acuerdo a lo anómalo, a lo aberrante y lo sensacional en vez de lo estudiado, lo estadístico o de principios. Cada episodio horrible no requiere de reglas nuevas. Parece que queremos intercambiar un sistema basado en derechos donde se limita el poder del gobierno, por uno paternalista donde cedemos al gobierno carta blanca para determinar quiénes son los malos panameños.

La pregunta que cabe es, ¿cuántas excepciones a la democracia nos permitiremos antes de tener que admitir que ya no vivimos en uno? La noción de que la creación de nuevas leyes o reglas puede ser eficaz para traer paz a nuestras comunidades es ridícula. Lo que es peor, la aplicación de forma desigual de las normas de convivencia puede contribuir a crear más disputas y alienar más a ciertos miembros de nuestra sociedad, donde tal alienación es en sí la raíz última del comportamiento antisocial extremo. Tales reglas o leyes sólo permitirán a las autoridades moldear y homogeneizar nuestra cultura imponiendo sus paradigmas sociales dominantes sobre las minorías.

Por otro lado, ninguna lista de excepciones va a prevenir que policías o guardias de seguridad ejecuten la ley o las normas basado en sus propios prejuicios sociales, culturales o raciales. Los guardias de seguridad estarían libres para impedir acceso a cualquier persona que fracase su evaluación o "test" personal de actitudes, de decidir quién es VIP y quién es indeseable. Al fin y al cabo, todo se reduce a intolerancia y discriminación.

La evolución en las prácticas de discriminación, racismo e intolerancia en nuestra sociedad requiere de una vigilia constante de parte de nuestras autoridades y de nuestra sociedad. ¿Seguirá esparciendo esa enfermedad o irá desvaneciendo? ¿Perderá su apelación los mitos y leyendas fantásticas sobre las cuales son basadas, al elevarse el nivel educativo de los panameños? ¿O, al contrario, podrán los grupos racistas poderosos y educados en nuestro medio encontrar la posibilidad de suscribir a una ideología absurda como lo hicieron muchos intelectuales alemanes bajo Hitler?

Mejoras en la relación social y racial de los diversos grupos étnicos en el país, sólo será posible cuando por educación y exhortación, por las leyes y por su implementación y acatamiento, los grupos racistas son impedidos de comportarse de forma perjudicial hacia otros grupos étnicos. Muchos jóvenes y adultos de etnia negra y blanca están en interacción cotidiana constante, ya sea en la escuela, en el trabajo, en la iglesia, en deportes y en otras actividades. ¿Bajo cuáles criterios se intenta ahora excluir o impedir su interacción en reuniones sociales? ¿Qué tipo de mentalidad le importa el color de la gente que están a su alrededor en actividades y reuniones sociales públicas?

[ckdondy@hotmail.com]

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