¿Derecho a discriminar?
El pasado 10 de mayo de 2002, el editorial de El Panamá América, trató el tema del derecho de admisión y la discriminación. Por ser nosotros en parte responsables de que exista hoy en día una ley que regula el derecho de admisión, nos sentimos moralmente comprometidos a emitir algunas observaciones necesarias sobre los argumentos planteados por el editorial.
"Cierto es que todos somos iguales, sólo que unos somos más iguales que otros". Así expresaba la frase inicial del editorial. Posteriormente hacía mención al fenómeno de la diversidad, que según el editorial puede ser por razón de la religión, el status económico, la situación social, la ideología, el idioma, las costumbres y creencias. Luego, el editorial empieza a justificar la exclusión, fundamentándose en la diversidad: "Por otra parte, hay una tendencia natural en todas las especies a agruparse entre iguales, por la sencilla razón de que se armoniza mejor. Cuando se desconoce esa elemental regla, se arriesga a crear conflictos."
Es importante que recordemos algo: así como existen diversas especies sobre la tierra, nosotros, hombres y mujeres pertenecemos a una sola especie, la especie humana (homo sapiens sapiens); y como miembros de la misma especie, aunque diversos, no debemos en razón de las diferencias excluirnos los uno a los otros.
El maestro Norberto Bobbio, en su libro El Tiempo de los Derechos* nos hace referencia al tema que plantea El Panamá América y consideramos importante citarlo para el mejor entendimiento del problema de la discriminación: "Sobre el principio de la igualdad, entendido como eliminación de las discriminaciones, se pueden hacer todavía algunas consideraciones. Ante todo, las diferencias históricamente relevantes que han dado lugar a discriminaciones pueden ser divididas en: naturales, como la raza (y color) y el sexo; histórico-sociales, como la religión, la opinión política, la nación (y lengua), la clase social; jurídicas, como el status político o civil derivado de la pertenencia a éste o aquel tipo de Estado."
Aclaradas las causas que históricamente han dado lugar a discriminaciones, el maestro Bobbio explica de forma sencilla las valoraciones que llevan al ser humano a discriminar: "A la discriminación se llega con un procedimiento mental que, extremadamente simplificado, puede ser resumido de este modo: se consta que existen diferencias de hecho entre los individuos pertenecientes al grupo A y los pertenecientes al grupo B; se consideran estas diferencias de hecho como reveladoras de diferencias de valor, de donde se deduce que el grupo A es superior al grupo B; se atribuye al grupo superior, en razón de su superioridad, el poder de oprimir al grupo B." (el subrayado es nuestro) Nos parece que la explicación dada por este ilustre filósofo italiano es muy clara y análoga al razonamiento del editorial en mención, ya que en virtud de diferencias de hecho como la raza, el color, la religión, clase social, etc., se argumentan diferencias de valor que sustentan las prácticas discriminatorias.
Queremos expresar nuestro más enérgico repudio a lo expresado en la parte final del cuarto párrafo del editorial en donde se dice que: "La gente se siente mejor entre sus iguales y tiene derecho a que nadie, ni siquiera una ley -invocando valores superiores, por válidos que sean- lo desconozca." Es sumamente preocupante lo expresado en ese párrafo, entre otras razones, por lo siguiente: vivimos en un Estado de Derecho, no una anarquía. Como todos sabemos un Estado de Derecho es un Estado regido por un orden jurídico que establece el marco en el cual se ejerce la conducta de los individuos, los grupos y los gobiernos, que regula las relaciones entre los mismos y que define sus deberes y derechos respectivos. El deseo de algunos de actuar de forma arbitraria y contraria a principios de derechos humanos plenamente consagrados y aceptados por la humanidad, es contrario a la esencia de un Estado de Derecho, y aún más cuando se actúa en conocimiento de la ilegalidad del actuar. La Ley 16 que regula el derecho de admisión busca preservar un valor superior, como lo es la dignidad del ser humano, que está por encima de cualquier iniciativa social por preservar el "derecho" a estar libre de "presencias extrañas" en las discotecas, como expresa el editorial.
Por otro parte, se incurre en un error al utilizar como analogías la situación de una persona y su casa, con la de una persona y el local del cual es dueño. La propiedad, en cada caso, está regulada de forma distinta, y por otro lado el dueño de una discoteca o centro de diversión, a diferencia del dueño de una casa, presta un servicio destinado al público; sino, ¿por qué diariamente se escuchan en algunas emisoras radiales anuncios invitando al público a participar o a asistir a las mismas?. Evidenciada la naturaleza pública del servicio que prestan estos lugares, se desprende el hecho de que no se pueden utilizar criterios como la clase social, la raza, el sexo, la ideología, el idioma o "la complejidad de la diversidad humana", para sustentar la exclusión o la separación de unos y otros. El mensaje es claro, debemos aprender a vivir en diversidad, explotándola en un sentido positivo, y convertirla en un elemento incluyente y no excluyente de la vida en sociedad; esperamos este escrito sirva de aclaración para los lectores que pudieran confundirse con editoriales tan lamentables como el de este diario, del 10 de mayo.
*Bobbio, Norberto. El tiempo de los derechos. Editorial Sistema. Madrid, España.
"Cierto es que todos somos iguales, sólo que unos somos más iguales que otros". Así expresaba la frase inicial del editorial. Posteriormente hacía mención al fenómeno de la diversidad, que según el editorial puede ser por razón de la religión, el status económico, la situación social, la ideología, el idioma, las costumbres y creencias. Luego, el editorial empieza a justificar la exclusión, fundamentándose en la diversidad: "Por otra parte, hay una tendencia natural en todas las especies a agruparse entre iguales, por la sencilla razón de que se armoniza mejor. Cuando se desconoce esa elemental regla, se arriesga a crear conflictos."
Es importante que recordemos algo: así como existen diversas especies sobre la tierra, nosotros, hombres y mujeres pertenecemos a una sola especie, la especie humana (homo sapiens sapiens); y como miembros de la misma especie, aunque diversos, no debemos en razón de las diferencias excluirnos los uno a los otros.
El maestro Norberto Bobbio, en su libro El Tiempo de los Derechos* nos hace referencia al tema que plantea El Panamá América y consideramos importante citarlo para el mejor entendimiento del problema de la discriminación: "Sobre el principio de la igualdad, entendido como eliminación de las discriminaciones, se pueden hacer todavía algunas consideraciones. Ante todo, las diferencias históricamente relevantes que han dado lugar a discriminaciones pueden ser divididas en: naturales, como la raza (y color) y el sexo; histórico-sociales, como la religión, la opinión política, la nación (y lengua), la clase social; jurídicas, como el status político o civil derivado de la pertenencia a éste o aquel tipo de Estado."
Aclaradas las causas que históricamente han dado lugar a discriminaciones, el maestro Bobbio explica de forma sencilla las valoraciones que llevan al ser humano a discriminar: "A la discriminación se llega con un procedimiento mental que, extremadamente simplificado, puede ser resumido de este modo: se consta que existen diferencias de hecho entre los individuos pertenecientes al grupo A y los pertenecientes al grupo B; se consideran estas diferencias de hecho como reveladoras de diferencias de valor, de donde se deduce que el grupo A es superior al grupo B; se atribuye al grupo superior, en razón de su superioridad, el poder de oprimir al grupo B." (el subrayado es nuestro) Nos parece que la explicación dada por este ilustre filósofo italiano es muy clara y análoga al razonamiento del editorial en mención, ya que en virtud de diferencias de hecho como la raza, el color, la religión, clase social, etc., se argumentan diferencias de valor que sustentan las prácticas discriminatorias.
Queremos expresar nuestro más enérgico repudio a lo expresado en la parte final del cuarto párrafo del editorial en donde se dice que: "La gente se siente mejor entre sus iguales y tiene derecho a que nadie, ni siquiera una ley -invocando valores superiores, por válidos que sean- lo desconozca." Es sumamente preocupante lo expresado en ese párrafo, entre otras razones, por lo siguiente: vivimos en un Estado de Derecho, no una anarquía. Como todos sabemos un Estado de Derecho es un Estado regido por un orden jurídico que establece el marco en el cual se ejerce la conducta de los individuos, los grupos y los gobiernos, que regula las relaciones entre los mismos y que define sus deberes y derechos respectivos. El deseo de algunos de actuar de forma arbitraria y contraria a principios de derechos humanos plenamente consagrados y aceptados por la humanidad, es contrario a la esencia de un Estado de Derecho, y aún más cuando se actúa en conocimiento de la ilegalidad del actuar. La Ley 16 que regula el derecho de admisión busca preservar un valor superior, como lo es la dignidad del ser humano, que está por encima de cualquier iniciativa social por preservar el "derecho" a estar libre de "presencias extrañas" en las discotecas, como expresa el editorial.
Por otro parte, se incurre en un error al utilizar como analogías la situación de una persona y su casa, con la de una persona y el local del cual es dueño. La propiedad, en cada caso, está regulada de forma distinta, y por otro lado el dueño de una discoteca o centro de diversión, a diferencia del dueño de una casa, presta un servicio destinado al público; sino, ¿por qué diariamente se escuchan en algunas emisoras radiales anuncios invitando al público a participar o a asistir a las mismas?. Evidenciada la naturaleza pública del servicio que prestan estos lugares, se desprende el hecho de que no se pueden utilizar criterios como la clase social, la raza, el sexo, la ideología, el idioma o "la complejidad de la diversidad humana", para sustentar la exclusión o la separación de unos y otros. El mensaje es claro, debemos aprender a vivir en diversidad, explotándola en un sentido positivo, y convertirla en un elemento incluyente y no excluyente de la vida en sociedad; esperamos este escrito sirva de aclaración para los lectores que pudieran confundirse con editoriales tan lamentables como el de este diario, del 10 de mayo.
*Bobbio, Norberto. El tiempo de los derechos. Editorial Sistema. Madrid, España.