Derecho, política y cruda realidad
Haber visto escenas en la televisión panameña destacando cómo algunas víctimas de los estragos de la naturaleza, en áreas pertenecientes a las provincias de Bocas del Toro y Chiriquí, descuartizaban una vaca para comerla con el propósito de satisfacer el hambre de largas horas y hasta de días; y, por otro lado, también haber visto en dichos medios a nuestros semejantes asaltar un camión distribuidor de mercaderías comestibles para tomar la comida, ha producido en mí algunas reflexiones que, como jurista, deseo compartir con mis lectores lo mismo que hice ayer, con mis alumnos de Filosofía del Derecho en la Universidad de Panamá.
Empecé por señalarles lo siguiente: "Cómo toda la racionalidad del derecho penal sucumbe ante la cruda realidad de fuerzas y factores que terminan dando prueba fehaciente de que existen situaciones que rebasan el marco de la supuesta legalidad para decantar en un escenario o nivel de justificaciones". Proseguí advirtiéndoles: "El Derecho penal fracasa allí en donde la necesidad da muestras claras de que no hay norma jurídica que pueda regular o normar lo que, desde el punto de vista lógico o racional, no se le pueda exigir al hombre". También dije: "Espero que a ningún fiscal o juzgador se le ocurra decir que hay un delito de hurto pecuario o de robo", o por otra parte, "que los dueños de la res o de la mercadería se atrevan a denunciar uno u otro hecho ante las autoridades investigativas".
Y es que la realidad palpable, evidente, manifiestamente altisonante que viven nuestros hermanos y hermanas indígenas, campesinos, moradores de la ciudad de Changuinola y de la Isla Colón, Boquete, y otras regiones del país, deben llamarnos a la más profunda reflexión, como cristianos, de extender la mano al prójimo, de aplicar la prescripción bíblica de que "es mejor dar que recibir" y que en "el dar hay ganancias". De recordarnos que no hay nadie tan pobre que no tenga nada para dar o que no existe rico alguno que pueda jactarse en decir que: "No necesito nada". Por ello el pueblo panameño merece auto felicitarse en atención a que no se ha hecho exigir para dar, de lo poco, mucho.
Agradecemos las muestras de apoyo que nos están dando, con hechos concretos de donaciones y asistencias en alimentos, transporte y otras colaboraciones, países como Colombia y Estados Unidos. Nadie, por otro lado, tiene derecho a traficar con el dolor y el sufrimiento ajenos para politizar o hacer demagogia política frente a estas crudas realidades que vive la Patria.
Enhorabuena que los panameños nos recordemos que frente al dolor, luto y padecimientos de nuestros semejantes podemos hermanarnos y solidarizarnos en aras de echar al país hacia adelante, pero también de reiterarnos que existe todo un pueblo plagado de desesperanzas que confía en que los buenos hombres y mujeres del país haremos algo por ellos, por sus hijos, por el futuro de tanta agente humilde.