¿Derecho vs. el derecho?
Reiteradamente leemos en los periódicos y vemos en las noticias de la televisión la reproducción de reclamos que configuran características singulares. En verdad es un modo peculiar de concebir el derecho. Y no es éste un tema baladí sino que se trata nada menos de la base institucional sobre la que opera una sociedad. Cuando alguien reclama un derecho debería saber que, como contrapartida, hay una obligación. Ahora bien, si declaro que tengo derecho a percibir dos mil y mis ingresos son de mil, esto quiere decir que, al otorgarme semejante "derecho", algún otro tendrá la obligación de proporcionarme la diferencia. En este caso, es importante comprender que se habrá lesionado el derecho de ese otro al obligarlo a entregarme la suma mencionada.
En nombre del derecho de uno no puede patrocinarse la lesión al derecho de otro. No hay derecho contra el derecho. En una sociedad civilizada no puede reclamarse un derecho sobre el derecho que tiene otro. Sin embargo, si prestamos atención a las noticias de hoy mismo, comprobamos que un grupo de estudiantes de Francia reclama su "derecho a la educación", que en Perú hay manifestaciones en pro del "derecho a una vivienda digna", mientras que en Ecuador se reclama "el derecho a un salario decoroso". Veamos esto más de cerca. Si se concede el derecho a la educación, a una vivienda digna o a un salario decoroso quiere decir que otros tendrán la obligación de proporcionar parte del fruto de sus trabajos para atender esas demandas. Y si se procede en esa dirección quiere decir que, en nombre del derecho, se ha conculcado el derecho. Un sistema así no puede prosperar. Es como si la sociedad se convirtiera en un gran círculo en el que cada uno tiene puesta las manos en los bolsillos de prójimo.
En realidad alegar un derecho contra el derecho es un pseudoderecho. Y esto no sólo ocurre en las demandas callejeras cotidianas sino que en muchos casos se encuentra inscripto en las llamadas Constituciones. Decimos en las llamadas Constituciones puesto que son la negación de una Constitución, ya que ésta significa el establecimiento de límites precisos al poder político para la protección de los derechos de las personas. Lo que aquel tipo de Constituciones establece en realidad es una lista de aspiración de deseos que nada tiene que ver con el derecho ni con la teoría constitucional. Esta es una de las razones por las que aumenta la violencia y la frustración: los gobernados reclaman el "derecho a la felicidad" que prometen políticos en campaña. No parece percibirse que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Que la asignación de los factores productivos debe operar según sea la eficiencia de cada cual para atender las necesidades de los demás y que la reasignación coactiva elimina incentivos, reduce la productividad y, consecuentemente, se disminuyen salarios. Los marcos institucionales que respetan el derecho están íntimamente vinculados al progreso y al mejoramiento del nivel de vida. Si no hay la efectiva protección a los derechos de todos, el sistema se debilita y empeora la condición social de la gente.
*Vicepresidente - Investigador Senior de la Fundación Friedrich A. von Hayek de Argentina.
(c) www.aipenet.com
En nombre del derecho de uno no puede patrocinarse la lesión al derecho de otro. No hay derecho contra el derecho. En una sociedad civilizada no puede reclamarse un derecho sobre el derecho que tiene otro. Sin embargo, si prestamos atención a las noticias de hoy mismo, comprobamos que un grupo de estudiantes de Francia reclama su "derecho a la educación", que en Perú hay manifestaciones en pro del "derecho a una vivienda digna", mientras que en Ecuador se reclama "el derecho a un salario decoroso". Veamos esto más de cerca. Si se concede el derecho a la educación, a una vivienda digna o a un salario decoroso quiere decir que otros tendrán la obligación de proporcionar parte del fruto de sus trabajos para atender esas demandas. Y si se procede en esa dirección quiere decir que, en nombre del derecho, se ha conculcado el derecho. Un sistema así no puede prosperar. Es como si la sociedad se convirtiera en un gran círculo en el que cada uno tiene puesta las manos en los bolsillos de prójimo.
En realidad alegar un derecho contra el derecho es un pseudoderecho. Y esto no sólo ocurre en las demandas callejeras cotidianas sino que en muchos casos se encuentra inscripto en las llamadas Constituciones. Decimos en las llamadas Constituciones puesto que son la negación de una Constitución, ya que ésta significa el establecimiento de límites precisos al poder político para la protección de los derechos de las personas. Lo que aquel tipo de Constituciones establece en realidad es una lista de aspiración de deseos que nada tiene que ver con el derecho ni con la teoría constitucional. Esta es una de las razones por las que aumenta la violencia y la frustración: los gobernados reclaman el "derecho a la felicidad" que prometen políticos en campaña. No parece percibirse que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas. Que la asignación de los factores productivos debe operar según sea la eficiencia de cada cual para atender las necesidades de los demás y que la reasignación coactiva elimina incentivos, reduce la productividad y, consecuentemente, se disminuyen salarios. Los marcos institucionales que respetan el derecho están íntimamente vinculados al progreso y al mejoramiento del nivel de vida. Si no hay la efectiva protección a los derechos de todos, el sistema se debilita y empeora la condición social de la gente.
*Vicepresidente - Investigador Senior de la Fundación Friedrich A. von Hayek de Argentina.
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