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Desacreditando al periodismo


El artículo que Brittmarie Janson tituló "El PRD contra La Prensa" es la más clara muestra de cómo ciertos especuladores y medios envilecen el ejercicio del periodismo sometiéndolo a bajos instintos, a contrapelo de toda ética profesional. Con patente irrespeto a la inteligencia de sus lectores, la señora Janson fabrica una especulación tremebunda y calumniosa, atribuyéndola a supuestos "rumores" que sólo ella misma procesa.
Y, acto seguido, pretende imponerle a dos distinguidas personalidades pansameñas que salgan a "rectificar" a su propia criatura, a la cual ella por sí misma erige en "la voz popular".
Sin embargo, se trata de un artículo revelador: revela la personalidad y los métodos de quien lo escribió. Excusándose tras la pueril excusa de que no se basa sino en rumores -a los que su autora declara "insistentes"-, se propala la especie de que supuestamente el PRD pretende tomarse el control del periódico La Prensa, engañando para este fin a Don Ricardo Alberto Arias y empleando como instrumento a Don Ricardo Arias Calderón, esto es, a dos honorables personalidades académicas, profesionales y políticas que no forman parte de ese partido ni tienen por qué prestarle servicios.
El objetivo de este absurdo, según su propia inventora, no sería otro que el impedir la investigación de las verdades relativas a las osamentas encontradas en el área del antiguo cuartel de Tocumen. Una presunción infantil, ya que el periódico de referencia no es el único medio panameño de su género, ni quienes hoy mistifican lo relativo a dichas osamentas son los únicos ciudadanos realmente interesados en conocer toda la verdad de esos y de otros hechos.
El PRD ha reiterado su interés en que estas verdades se conozcan en su totalidad. Sin embargo, asimismo ha señalado que algunos de quienes más han salido a cacarear el asunto de hecho sólo buscan sesgar las evidencias con evidentes finalidades políticas.
Entre ellos, algunos de quienes integran la Comisión oficialista que el Ejecutivo designó unilateralmente para este fin.
El solo supuesto que la señora Janson pone a circular, de que Ricardo Arias Calderón y Ricardo Alberto Arias estarían instrumentalizados para ocultar la verdad, constituye un insulto, tanto a la integridad de esos dos conciudadanos como a la sensatez de los accionistas y colaboradores del periódico que ella alega defender. Al efecto, con ese pretexto pretende orquestarlos, demandándoles "que se organicen" contra la aspiración del segundo de presidir la junta directiva de la empresa que edita La Prensa. En otras palabras, el artículo engendra y propala especies y elucubraciones amenazadoras con el ostensible propósito de agitar un fantasma con el mezquino fin de preservar al grupito más atrasado y retrograda de directivos de ese medio.
El mismo grupito cuyas malas prácticas profesionales ya le restaron a ese diario la respetabilidad, objetividad y credibilidad que en tiempos pretéritos había alcanzado. Es decir, la señora Janson apela a inventar truculencias para salvaguardar a sus pariguales, entre quienes ella puede anidar mas confortablemente.
Y lo hace con sus mismos métodos. Así transparenta ante sus lectores los métodos que han venido degradando a su periódico.

101 años de Panamá América

 
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