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Desafío suicida


En su furia porque se esté reglamentando el servicio de transporte público, los señores transportistas han vuelto a amenazar con una huelga al Gobierno Nacional. Se les escapa, una vez más, comprender que con ella afectarán al país y a todos los usuarios, que serán los más perjudicados y quienes apoyan decididamente la ley que reglamenta el transporte público, pues constituirá un freno a los vejámenes que la comunidad ha venido sufriendo por lustros.
Los transportistas, a más de no tener idoneidad moral para amenazar a nadie, están cavando su propia sepultura. Su huelga será un rotundo fracaso. El pueblo panameño es ahora el que los desafía. Hagan la huelga y háganla larga, hasta que sus destartaladas unidades del servicio permanezcan sin uso, oxidándose y privándolos de recaudar.
Además, es bueno que tomen en cuenta que una huelga significa inactividad. En consecuencia, si se movilizan para obstruir las vías públicas estarán expuestos los dirigentes a ir a la cárcel con base en las disposiciones del Código Penal atinentes a delitos contra el transporte.
Es bueno que entiendan y acepten con resignación que se les acabó el arrogante imperio y el poderío.
Para el ex cercano colaborador del general Noriega, Mario Rognoni, la invasión se daría aunque nadie la pidiera, pues el interés principal era destruir las Fuerzas de Defensas y sacar a Noriega del país.
En tanto, el abogado internacionalista, Julio Berríos precisó que este informe no es más que una estrategia de Estados Unidos para "sacudirse" de los compromisos que debe enfrentar producto de esta acción.
"No hay que olvidar que los estadounidenses cometieron muchos excesos durante la invasión", recordó el jurista.

101 años de Panamá América

 
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