Desafíos en el momento electoral
Panamá vive la última campaña electoral del siglo en un año decisivo pues el último día de diciembre, será dueña del estratégico Canal de Panamá y de sus áreas aledañas, asumiendo plenamente su posición geográfica, desmilitarizando al país con la salida de las bases militares y afirmando su vocación de paz. Tres candidatos presidenciales al frente de sendas alianzas, rememoran en dos de ellos la nostalgia por caudillos desaparecidos. El joven hijo de Omar, Martín Torrijos y la madura viuda de Arnulfo Arias, Mireya Moscoso, concentran las principales opciones de triunfo seguidos por el banquero Alberto Vallarino.
El poder que ganarán deberá servir para contribuir en las necesarias respuestas de grandes desafíos que exigen propuestas positivas y constructivas: la democracia, la autodeterminación, y la equidad social. Cuando alguno de estos tres ejes se han subordinado o soslayado, el país se ha encontrado frente a crisis de grueso calibre. Un ejemplo es la crisis 1987-1989 cuando la sociedad se polarizó entre dos discursos que se excluían: el civilismo que pregonaba la soberanía popular, y el militarismo y sus seguidores quienes enarbolaban la soberanía nacional, olvidando ambos sectores a la equidad. Hoy por hoy no es posible divorciar la equidad y el ambiental del crecimiento económico, y éstos hacen sostenible a la democracia que no tiene sentido si nos falta la autodeterminación como país.
Los doce partidos, que se reparten en las tres grandes alianzas electorales, han presentado sus programas de gobierno donde exponen las intenciones y orientaciones que imprimirán al gobierno. Muy bien, pero además han firmado una serie de pactos. Es bueno ubicar que los pactos surgen como un instrumento de articulación en dos direcciones. Por una parte hilvanan y consolidan la unidad de un sector social determinado (jóvenes, mujeres, ambientalistas, municipalistas, sociedad civil) estableciendo los elementos de un programa mínimo, mientras que por otra parte concretiza aspectos determinantes de los programas de gobierno electorales aterrizándolos en forma de compromiso, sujetos a seguimiento y monitoreo por parte de los interlocutores.
Los candidatos presidenciales y sus respectivas alianzas firmaron varios pactos, que son iniciativa de sectores sociales determinados luego que estos sectores generaron procesos internos de articulación y estrategias de incidencia, y estos sectores también están comprometidos a hacer lo que esté a su alcance para que se cumpla lo firmado.
Los pactos (Juventud, mujer, sociedad civil, descentralización) serán monitoreados a través de diversos mecanismos de seguimiento por parte de los interlocutores. Por ejemplo, el "vicionómetro" que impulsa a la sociedad civil para el monitoreo de la Visión 2020. El pacto por la descentralización, para el cual se elabora un "pactómetro" y será parte del eje del proceso intensivo de capacitación a las municipalidades que surgirán de las elecciones del 2 de mayo de 1999.
Es vital estimular la capacidad de construir agendas sociales para influir en las agendas políticas de los partidos, y en la agenda pública del Estado para lograr la equidad tan ausente del crecimiento económico y fortalecer la democracia. Es necesaria la existencia de una sociedad civil fuerte, y un sistema político autónomo competitivo con partido políticos permeables a las necesidades y aspiraciones de la población. Esto es lo que sentaría las bases de la gobernabilidad democrática, a través de la capacidad del Estado para ejercer sus funciones ordinarias en un clima democrático; la capacidad de las instituciones públicas para satisfacer necesidades mínimas de la población, y de generar capacidad incluyente; la generación y perdurabilidad de consensos básicos sobre la legitimidad del sistema político.
Si los que ganen las elecciones sólo vieron los pactos como un "show" y los programas de gobierno que presentaron como eso "que el papel lo aguanta todo", y se ríen de las promesas que hicieron, cometen un grave error.
A los ciudadanos debemos ir a votar por los y las mejores, vigilar la transparencia del proceso electoral y después ejercer nuestro derecho a participar y entender que la democracia es mucho más que elecciones.
El poder que ganarán deberá servir para contribuir en las necesarias respuestas de grandes desafíos que exigen propuestas positivas y constructivas: la democracia, la autodeterminación, y la equidad social. Cuando alguno de estos tres ejes se han subordinado o soslayado, el país se ha encontrado frente a crisis de grueso calibre. Un ejemplo es la crisis 1987-1989 cuando la sociedad se polarizó entre dos discursos que se excluían: el civilismo que pregonaba la soberanía popular, y el militarismo y sus seguidores quienes enarbolaban la soberanía nacional, olvidando ambos sectores a la equidad. Hoy por hoy no es posible divorciar la equidad y el ambiental del crecimiento económico, y éstos hacen sostenible a la democracia que no tiene sentido si nos falta la autodeterminación como país.
Los doce partidos, que se reparten en las tres grandes alianzas electorales, han presentado sus programas de gobierno donde exponen las intenciones y orientaciones que imprimirán al gobierno. Muy bien, pero además han firmado una serie de pactos. Es bueno ubicar que los pactos surgen como un instrumento de articulación en dos direcciones. Por una parte hilvanan y consolidan la unidad de un sector social determinado (jóvenes, mujeres, ambientalistas, municipalistas, sociedad civil) estableciendo los elementos de un programa mínimo, mientras que por otra parte concretiza aspectos determinantes de los programas de gobierno electorales aterrizándolos en forma de compromiso, sujetos a seguimiento y monitoreo por parte de los interlocutores.
Los candidatos presidenciales y sus respectivas alianzas firmaron varios pactos, que son iniciativa de sectores sociales determinados luego que estos sectores generaron procesos internos de articulación y estrategias de incidencia, y estos sectores también están comprometidos a hacer lo que esté a su alcance para que se cumpla lo firmado.
Los pactos (Juventud, mujer, sociedad civil, descentralización) serán monitoreados a través de diversos mecanismos de seguimiento por parte de los interlocutores. Por ejemplo, el "vicionómetro" que impulsa a la sociedad civil para el monitoreo de la Visión 2020. El pacto por la descentralización, para el cual se elabora un "pactómetro" y será parte del eje del proceso intensivo de capacitación a las municipalidades que surgirán de las elecciones del 2 de mayo de 1999.
Es vital estimular la capacidad de construir agendas sociales para influir en las agendas políticas de los partidos, y en la agenda pública del Estado para lograr la equidad tan ausente del crecimiento económico y fortalecer la democracia. Es necesaria la existencia de una sociedad civil fuerte, y un sistema político autónomo competitivo con partido políticos permeables a las necesidades y aspiraciones de la población. Esto es lo que sentaría las bases de la gobernabilidad democrática, a través de la capacidad del Estado para ejercer sus funciones ordinarias en un clima democrático; la capacidad de las instituciones públicas para satisfacer necesidades mínimas de la población, y de generar capacidad incluyente; la generación y perdurabilidad de consensos básicos sobre la legitimidad del sistema político.
Si los que ganen las elecciones sólo vieron los pactos como un "show" y los programas de gobierno que presentaron como eso "que el papel lo aguanta todo", y se ríen de las promesas que hicieron, cometen un grave error.
A los ciudadanos debemos ir a votar por los y las mejores, vigilar la transparencia del proceso electoral y después ejercer nuestro derecho a participar y entender que la democracia es mucho más que elecciones.