Desafíos a la libertad
Muchos de los altos funcionarios que ayer nos hacían ver que defendían las libertades democráticas, hoy las desafían desde sus posiciones de "autoridades". Muy pronto han olvidado que la vigencia, consolidación y desarrollo de la frágil democracia existente, depende del respeto de la libertad de expresión, garantía fundamental que ellos se dedican a atacar sin reparos.
En un abierto desafío a la libertad, procuradores, fiscales, ministros, viceministros, contralor, director de Policía, "lesgisladrones", alcaldes, magistrados y jueces, parecen haber olvidado la importancia de la libertad de expresión y pisotean el principio que, al acceder al cargo, juraron cumplir:
" No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo".
Apoyándose en el andamiaje legal restrictivo heredado de la dictadura militar y que ahora han hecho suyo, han multiplicado sus amenazas, restricciones y querellas contra los periodistas y ciertos medios de comunicación social, en un abierto desafío a la libertad de expresión y al derecho de información.
Quienes revestidos de la "autoridad" que hoy detentan -que, en la casi totalidad de los casos y cargos, no es el resultado de elección popular-, olvidan irresponsablemente que no puede existir una sociedad democrática en donde no se respete el derecho a la libertad de expresión. Sobre este particular, el constitucionalista argentino Badeni nos recuerda que " La dependencia de la democracia en la existencia de una amplia libertad de expresión, no reside únicamente en la necesidad del respeto a este derecho en sí mismo, sino también en la importancia de la libertad de expresión e información para que sean respetadas las otras libertades fundamentales" (Badeni, G. Libertad de Prensa. Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1997).
A los funcionarios y autoridades, arriba señalados, les molesta sobremanera el derecho a la libertad de expresión e información, como lo demuestran con sus actuaciones, porque éste es uno de los mecanismos más valiosos que tenemos los ciudadanos y la sociedad para ejercer un control democrático sobre las personas que tienen a su cargo asuntos de interés público.
A los que hoy desafían la libertad amparados en los cargos que ostentan, al tiempo que les recordamos que quienes sí hemos pagado un precio elevado por las libertades que hoy tenemos, no sólo no les vamos a perdonar su actitud, les vamos a recordar hasta el último de sus días en el cargo que: "La aplicación de leyes para proteger el honor de los funcionarios públicos que actúan en carácter oficial, les otorga injustificadamente un derecho a la protección de la que no disponen los demás integrantes de la sociedad. Esta distinción invierte indirectamente el principio fundamental de un sistema democrático que hace al gobierno objeto de controles..."
La arrogancia, el autoritarismo y la demagogia de las que vienen haciendo gala algunas autoridades, es reveladora. Ignoran sin duda que: "Los límites de la crítica aceptable deben ser más amplio con respecto a un político como tal que con relación a un individuo particular. Ya que el primero expone su persona a un escrutinio abierto de sus palabras y actos tanto por la prensa como por el público en general y, en consecuencia, debe demostrar un mayor grado de tolerancia" (Corte Europea de Derechos Humanos. Res. 09815/82 Lingens vs Austria).
En un abierto desafío a la libertad, procuradores, fiscales, ministros, viceministros, contralor, director de Policía, "lesgisladrones", alcaldes, magistrados y jueces, parecen haber olvidado la importancia de la libertad de expresión y pisotean el principio que, al acceder al cargo, juraron cumplir:
" No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo".
Apoyándose en el andamiaje legal restrictivo heredado de la dictadura militar y que ahora han hecho suyo, han multiplicado sus amenazas, restricciones y querellas contra los periodistas y ciertos medios de comunicación social, en un abierto desafío a la libertad de expresión y al derecho de información.
Quienes revestidos de la "autoridad" que hoy detentan -que, en la casi totalidad de los casos y cargos, no es el resultado de elección popular-, olvidan irresponsablemente que no puede existir una sociedad democrática en donde no se respete el derecho a la libertad de expresión. Sobre este particular, el constitucionalista argentino Badeni nos recuerda que " La dependencia de la democracia en la existencia de una amplia libertad de expresión, no reside únicamente en la necesidad del respeto a este derecho en sí mismo, sino también en la importancia de la libertad de expresión e información para que sean respetadas las otras libertades fundamentales" (Badeni, G. Libertad de Prensa. Ed. Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1997).
A los funcionarios y autoridades, arriba señalados, les molesta sobremanera el derecho a la libertad de expresión e información, como lo demuestran con sus actuaciones, porque éste es uno de los mecanismos más valiosos que tenemos los ciudadanos y la sociedad para ejercer un control democrático sobre las personas que tienen a su cargo asuntos de interés público.
A los que hoy desafían la libertad amparados en los cargos que ostentan, al tiempo que les recordamos que quienes sí hemos pagado un precio elevado por las libertades que hoy tenemos, no sólo no les vamos a perdonar su actitud, les vamos a recordar hasta el último de sus días en el cargo que: "La aplicación de leyes para proteger el honor de los funcionarios públicos que actúan en carácter oficial, les otorga injustificadamente un derecho a la protección de la que no disponen los demás integrantes de la sociedad. Esta distinción invierte indirectamente el principio fundamental de un sistema democrático que hace al gobierno objeto de controles..."
La arrogancia, el autoritarismo y la demagogia de las que vienen haciendo gala algunas autoridades, es reveladora. Ignoran sin duda que: "Los límites de la crítica aceptable deben ser más amplio con respecto a un político como tal que con relación a un individuo particular. Ya que el primero expone su persona a un escrutinio abierto de sus palabras y actos tanto por la prensa como por el público en general y, en consecuencia, debe demostrar un mayor grado de tolerancia" (Corte Europea de Derechos Humanos. Res. 09815/82 Lingens vs Austria).