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¿Desapareció la Cruzada Civilista?


Me pregunto si los adultos estamos informando adecuadamente a las nuevas generaciones sobre la narcodictadura que sometió a miles de panameños a crímenes, vejámenes y violaciones de sus derechos humanos. Igualmente, que Estados Unidos (EU) nos invadió para derrocar no sólo a Noriega sino para defenestrar a las Fuerzas de Defensa quienes, es de justicia decirlo, fueron nutridos, amamantados y distinguidos por el país invasor. Antes de la invasión se creó la Cruzada Civilista que también recibió ayuda de EU. Esta contradicción debe ser motivo de explicación y divulgación como parte de nuestra historia patria. Lo que sucedió luego fue el ascenso al poder de la terna ganadora de las elecciones de 1989. Muchos critican que esta terna fue juramentada en Clayton, que a la sazón era una base militar regentada por el ejército de EU. Soy de los que sostuvimos que toda la denominada Zona del Canal era territorio panameño y punto. De modo que encuentro aburridas las afirmaciones que la citada juramentación fue una afrenta al nacionalismo de los panameños.
Pero me he desviado del tema que quiero presentar ante los lectores. Para mí la Cruzada Civilista fue un instrumento de lucha que utilizamos los panameños para dar por terminada la narcodictadura, lo que conllevaba múltiples cosas. De manera especial, significó el retorno a la democracia, la recuperación de nuestros valores morales y cívicos, y el objetivo de proporcionar a todos nuestros nacionales la libertad que nadie nos puede ni debe quitar, inclusive la esperanza de llevar una vida digna y decorosa, principalmente para los más necesitados.
La libertad de expresión era una de las metas civilistas más caras. Hoy, transcurridos más de 13 años y medio de aquella cruenta invasión, a los panameños se nos debe caer la cara de vergüenza porque tenemos una ley de transparencia que fue nulificada por el presente gobierno. Cabe entonces preguntarse si a los partidos del presente gobierno se les puede llamar "civilistas".
Con motivo del prematuro inicio de la campaña política, estamos comenzando a ver las conversaciones tendientes a formar alianzas de partidos que ayer eran ideológicamente antagónicos o no, y otros cuyos prominentes "dirigentes" recientemente protagonizaban peleas; por ejemplo, porque un fulano del Partido Arnulfista se entremetía en la esfera de influencia de un sutano MOLIRENA. Si mal no me acuerdo se trataba de venta de certificados de marinos o algo así por el estilo. Hoy los dos partidos "amigos" citados planean coalicionarse de nuevo. Lo cual no tuviera nada de malo si en tales planes la nación ocupara el sitial de honor. No, la impresión generalizada es que estos politiqueros están viendo cuál es la ruta que les asegurará quedarse en la papa. Y estas intenciones de formar alianzas son lideradas por los dos partidos supuestamente más "poderosos" de nuestra caricatura de democracia, alrededor de los cuales se plegarán otros colectivos presuntamente "menos poderosos".
La unión de estos partidos conlleva el olvido del pasado narcomilitar, del incumplimiento de centenares de promesas hechas por conveniencia a un pueblo que se debate dentro de la corrupción generalizada y de nuestros valores éticos y morales. Lo único que se le puede ofrecer a Panamá -tan querida que en menos de tres meses cumplirá su centenario como República- es que sus hijos ejercerán de la manera más responsable su derecho al voto (¿qué otra cosa queda?) para escoger al grupo político que, de verdad, signifique la mejor de las alternativas para las presentes y futuras generaciones. ¿Cuáles de estos grupos son los más civilistas? Desafortunadamente, la respuesta es cuestión de mayor o menor grado. Reitero, debemos ejercer el derecho al sufragio, dentro de nuestras grandes imperfecciones, de la manera más responsable por Panamá, que es inmortal.
A este anti-liberalismo se refería, sin duda, Guillermo Andreve en 1932, cuando reflexionando sobre la suerte del liberalismo, reconoció que éste "pasa actualmente por un rudo período de prueba y se ve combatido por todas partes." En estas circunstancias se refirió al liberalismo panameño en los siguientes términos: "Hace apenas veinte años que el liberalismo ejerce el poder en Panamá, y en este ejercicio ha tenido por un lado que contemporizar con aliados conservadores y por el otro que luchar contra la ignorancia. Primer deber, pues, ha sido instruir y educar, lo que no es tarea de un día. Y debe en justicia reconocerse que en lo primero ha realizado gran labor... El segundo deber, desarrollar las comunicaciones. Por los caminos marchan las mercancías y las ideas y ése ha sido otro trabajo liberal. Mucho queda por hacer, de gran trascendencia: moralizar el país, establecer la igualdad absoluta de derechos y deberes, el respeto a la ley, etc., y se hará indudablemente hoy o mañana, pero no muy tarde. Aunque es de notar que no es culpa achacable al liberalismo si su programa no se ha cumplido puntualmente, sino a condiciones especiales del país... En todo caso creemos firmemente que la cuestión no es tanto de ideas como de hombres. Las ideas siguen siendo las mismas. Los que han disminuido son los valores humanos, y no sólo en el campo liberal sino en todos los campos".
A la crítica anti-liberal Andreve no opuso una pura y simple reafirmación de las variantes clásicas del liberalismo con su individualismo y laissez-faire. Él propuso un liberalismo moderno, esencialmente constructivo, de manera que "la propiedad privada ha de estar subordinada a deberes sociales; que el Estado ha de ser intervencionista; que la libertad individual ha de estar sometida a las exigencias de la solidaridad social y en fin que la democracia no es sólo un concepto político sino también, y primero que todo, un concepto social. Un partido liberal moderno debe ser, pues, un partido liberal social."
Relativamente pocos liberales han dado ese paso. Lo intentó el arquitecto David Samudio en la década del sesenta, pero antes que apoyar su candidatura sectores importantes del liberalismo prefirieron apoyar al Dr. Arnulfo Arias, quien había representado el polo opuesto al liberalismo panameño.
La verdad ha sido, sin embargo, que el liberalismo panameño nunca ha establecido una unidad duradera porque nunca ha alcanzado colectivamente una cohesión ideológica que supere el divisionismo personalista. Y por su lado, el conservadurismo más nunca ha vuelto a levantar cabeza bajo su propia bandera ideológica, sino que lo ha hecho a medias a través de alguna facción liberal con la que ha transigido o bajo otra bandera, por ejemplo la del populismo o la del autoritarismo, cuyo trasfondo conservador no se reconoce explícitamente.
La opción neoliberal de Andreve respondía, sin duda, en parte al papel que comenzó a jugar el socialismo. Desde 1921 existía un Grupo Comunista con influencia en el Sindicato General de los Trabajadores (SGT) y en el movimiento inquilinario. En 1930, la facción más ortodoxa del comunismo local constituyó el Partido Comunista, miembro de la III Internacional jefaturada por Stalin. Dicho partido en 1941, debido a las alianzas de guerra de la Unión Soviética, se cambió el nombre a Partido del Pueblo. Pero el partido de izquierda que más gravitación tuvo fue el Partido Socialista, fundado también en 1930, cuyo dirigente, Demetrio A. Porras, tuvo destacada actuación como diputado. Alcanzó su mayor pujanza de 1936 a 1949, en asocio frecuentemente con los liberales doctrinarios, renovadores y demócratas en una alianza electoral denominada Frente Popular. Así el panorama de fuerzas políticas llegó a ser muy diferente al bipartidismo de conservadores residuales y liberales fragmentados que prevaleció en la primera etapa.
(ariyan@sinfo.net)

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