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¿Desarrollo o descontaminación?


Para los apremiantes momentos de estrechez económica que vivimos, se hace perentorio fijar metas claras a corto plazo para la reactivación del país. Esto quiere decir que para este año tenemos que dar un rumbo definido a nivel de políticas públicas sin menospreciar otros asuntos nacionales que de forma inmediata no deben tener preponderancia y, por tanto, no entrar en un desgaste con agendas que no redundan en un beneficio social rápido. Una de las disyuntivas que se plantea con relación a lo arriba expuesto, es si queremos dar trabajo creando riqueza y aprovechando nuestras potencialidades como país de servicios, algo de lo que tanto nos ufanamos y hemos convertido en una “cantaleta” con pocos resultados concretos; o sí es menester enfocar nuestros esfuerzos en agendas delicadas diplomáticamente, como es el caso de la descontaminación de algunas áreas revertidas.
En Albrook, Clayton y sobre todo en Howard, así como en otros terrenos de la antigua Zona del Canal, abundan hectáreas de bosques y tierras que no se han utilizado adecuadamente. El potencial de éstas no se ha sabido explotar y mercadear del todo para atraer inversiones extranjeras y nacionales. Se pueden usar, por ejemplo, para ecoturismo, investigación y para instalaciones hospitalarias o educativas con fondos de empresas extranjeras o panameñas y que produzcan más dividendos materiales y humanos. Se ve cómo están proliferando oficinas administrativas que poquísimo beneficio traen al país, si es que no causan pérdidas por razón de costos de mantenimiento de espacios subutilizados o deteriorados.
Desde 1977 hasta hace unos cinco años es que se empezó a reactivar el gran espacio de suelos que dejaron los norteamericanos, la mayoría en buen estado y que ahora se deterioran. Se sabía con 23 años de antemano que esas tierras serían traspasadas a jurisdicción panameña y no se planificó con orden. Más bien lo que se había planificado en el gobierno de Endara se distorsionó en el de Pérez Balladares con proyectos fantasmas que esquilmaron al erario público con estudios innecesarios e inversiones abortadas o fraudulentas. Preocuparse por espacios de selvas contaminadas para no saber qué hacer con ellas o deforestarlas de forma mezquina es insensato. En vez de contar los muertos de las detonaciones de municiones perdidas, lamentables pero muy pocas y a los que no se les ha indemnizado como debe ser, deberíamos contar cuántas cabezas de familia encontrarían trabajo digno y, a su vez, darían vida a sus hijos en buenas condiciones.
Por ello es necesario redoblar esfuerzos para que obtengamos de unas buenas relaciones comerciales y culturales con naciones desarrolladas, ese influjo positivo que podamos asimilar desde todo punto de vista. Observo cómo hay pequeños grupos sobredimensionando el asunto de la descontaminación de las áreas revertidas cuando ya el gobierno está diseñando una estrategia que no es fácil de llevar adelante ante los EE.UU.
Hay un afán de sacar a relucir el nacionalismo tradicional reivindicativo y paranoide sin ninguna ganancia tangible; cuando no hemos podido organizar aún el debido aprovechamiento de lo que tenemos. Esas áreas, contaminadas o no (hay datos confusos), pueden dejarse tal como están y servir mientras tanto como zonas de reserva forestal. Hasta ahora no hay daños significativos bajo ningún punto de vista toda vez que esos experimentos con armas químicas son de más de 40 años. En lugar de ello, debemos concentrarnos en un enfoque más productivo para las mayorías; como lo es la decisión soberana de cómo crecer con el legado de miles de millones de dólares suficientes para despertar la economía panameña en poco tiempo.
Un lujo que no tiene cualquier nación hoy.

101 años de Panamá América

 
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