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Desarrollo sostenible


A finales de los años 90, la construcción del Corredor Sur fue antecedida por un apasionado debate en defensa del ecosistema que sería afectado, según los detractores del proyecto, por la nueva carretera.
El gobierno de turno argumentó la urgencia de construir una alternativa al tráfico proveniente del sureste de la ciudad, donde había surgido un número plural de nuevas barriadas de clase media, que hacía tardío el tránsito por la carretera Domingo Díaz, única alternativa para ese momento.
Pese a que el tráfico en Panamá sigue siendo una pesadilla, resulta innegable que el Corredor ha ayudado significativamente al desahogo de las vías aledañas. Pero en aquel momento la discusión contra el corredor fue tan intensa que la administración de turno se vio obligada a reducir el proyecto a la mitad. Y en lugar de llevarlo hasta San Felipe, como estuvo concebido inicialmente, lo retiró, primero, hasta cerca del Hotel Miramar, y posteriormente lo dejó hasta el empalme de la Avenida Balboa con la Vía Israel.
Después de seis años de inaugurado el corredor, el ecosistema por donde pasa sigue intacto. Pero, recientemente, cuando el actual gobierno anunció su intención de concluir la fase, que no fue posible desarrollar en el primer momento de la construcción, nuevamente algunas voces, que dicen ser defensoras del ecosistema, se han hecho presentes.
Claro que es un deber de todo ser humano velar por el ecosistema. Nadie puede evadir la responsabilidad de cuidar el planeta en el que vivimos. Lo sospechoso y censurable es la cada vez más evidente utilización política de estos argumentos para impedir proyectos que benefician a toda la sociedad.
Ojalá no pase con la extensión del Corredor Sur, lo que ha ocurrido con otros proyectos, que por falta de un adecuado estudio de impacto ambiental se han visto postergados y hasta cancelados.

101 años de Panamá América

 
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