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¿Desarrollo sostenible, paradigma de una utopía?


Se señala que mientras los ajustes estructurales, los famosos planes de choque, y en general, la política económica identificada como neoliberalismo, son instrumentados por los centros hegemónicos del poder mundial; el concepto de la sustentabilidad como un nuevo modelo de desarrollo deviene por la presión e insistencia de la sociedad civil a escala planetaria.
La Conferencia de Estocolmo de 1972, denominada también "Del Entorno Humano", reviste crucial importancia por varias razones: en primer término se dejó sentado con claridad que los problemas ambientales eran soslayados o tratados con gran imperfección por las políticas públicas y que para efectos prácticos, la inercia depredadora del medio ambiente continuaba con tendencia creciente. De igual manera proporcionó un foro para el tratamiento y establecimiento de compromisos entre países desarrollados y subdesarrollados en materia ambiental.
Y de manera relevante se aceptaron las hipótesis de que: a) La contaminación en los países industrializados imponía serias limitaciones, tanto a su desarrollo industrial como a las opciones de industrialización en los países en proceso de desarrollo; y
La pobreza y no la industrialización era la causa primordial de la depredación ambiental en los países subdesarrollados, para cuyo combate deberían contar con el crecimiento económico como elemento indispensable.
Significativo fue el señalamiento de la relación entre la pobreza y las diversas formas de destrucción del medio ambiente, a través de la deforestación, la sustitución en el uso del suelo, la erosión, la desertificación, la disminución y pérdida de fuentes de agua.
La conferencia además dio origen al Programa Ambiental de las Naciones Unidas (PNUMA). Lo que constituyó un sonado fracaso fue la no instrumentación de sus 26 principios en leyes internacionales de cumplimiento universal e ignorar sus 109 recomendaciones.
No obstante, representaron los antecedentes de lujo de dos declaraciones fundamentales, la primera fue la expresada en la Estrategia para la Conservación mundial (ECM) en 1980 y la segunda en el seno de la Comisión Mundial para el Ambiente y el Desarrollo, conocida también como la Comisión Brundtland, en su informe de 1987 titulado "Nuestro Futuro Común", publicado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales (UICN), UNEP y el Fondo Mundial para la naturaleza a nivel internacional (WWF-1)
La primera de estas declaraciones nos ofrece un marco global para la conservación, en el cual se promueven objetivos de desarrollo compatibles con la conservación. Asimismo ofreció la primera exposición sobre sustentabilidad, vinculando al bienestar humano actual y futuro con la administración sostenible del patrimonio natural del planeta. La Comisión Brundtland, por su parte, realiza tres contribuciones:
Estableció la responsabilidad de la actual generación en relación con la protección de las opciones y oportunidades de desarrollo de las futuras generaciones, mediante la protección del ambiente y de los recursos naturales; 2. El tema del alivio de la pobreza en los países en desarrollo es el eje central alrededor del cual giraría la sustentabilidad global. 3. Reconoció la necesidad de reordenar los patrones del comercio internacional y de los flujos de capital para asegurar una mayor influencia de los países en desarrollo en la economía internacional.
Sin embargo, esta comisión pecó de ingenua al desconocer la confrontación Norte-Sur en materia ambiental, y no pudo ejercer una influencia práctica y programática duradera; lo que sí logró fue un notable éxito al establecer el desarrollo sostenible como una norma, mediante la cual los gobiernos e instituciones internacionales medirían sus políticas y actividades. Y consolidó el fundamento conceptual sobre el cual habría de erigirse la Conferencia de las Naciones Unidas para el Ambiente y Desarrollo(UNCED), es decir, la conferencia de Río conocida como ECO 92.
Los logros formales de "La Cumbre de la Tierra" fueron considerables. Se suscribieron convenciones globales sobre cambios climáticos y biodiversidad; 178 gobiernos concordaron en un conjunto de principios denominado "Carta de la Tierra"; se adoptó un programa de acciones para promover la sustentabilidad que se denominó Agenda 21; y se creó un mecanismo institucional dentro del sistema de ONU, la Comisión para el Desarrollo Sostenible. Además, en ese contexto fue que la comunidad mundial aceptó formalmente el concepto de desarrollo sostenible como norma para medir los objetivos y el desempeño del desarrollo.
Los países del Norte volvieron a proclamar el crecimiento y las innovaciones tecnológicas como los pilares estratégicos de un desarrollo sostenible. En pocas palabras, ECO 92 produjo un amplio acuerdo verbal, pero pospuso para un futuro indefinido la aceptación real de compromisos y la adopción de reformas estructurales necesarias para promover un desarrollo sostenible y se descuidó un tercer pilar fundamental: la "dimensión social".
Digno de mención es el logro histórico de romper las rígidas fronteras entre las ciencias sociales y las ciencias naturales que significaron: Primero, hacer valer las restricciones físicas insuperables que el entorno natural impone al modelo imperante de un crecimiento económico que se fundamenta en el postulado de recursos ilimitados y en funciones ilimitadas de absorción por el ambiente. Segundo, explorar las implicaciones de tales restricciones impugnando los supuestos básicos de la economía basada en la filtración de beneficios desde arriba hacia abajo y el punto de vista de que puede abordarse el problema de la creciente pobreza sin una redistribución global de la riqueza.
En 30 años el desarrollo sostenible se ha instaurado como uno de los conceptos más socorridos por los políticos y tecnócratas de todos los continentes, sin embargo el medio ambiente se sigue deteriorando, los bosques de todo el mundo y en particular las selvas húmedas y toda su riqueza, desaparecen a una velocidad vertiginosa; la pobreza no sólo campea en el mundo subdesarrollado, sino que aumenta a tasas nunca antes vistas; los países más industrializados continúan con su incomprensión hacia los países que pretenden sin lograrlo, mayores niveles de vida; la concentración del ingreso y la riqueza acelera su marcha con pasos cibernéticos y con la proliferación a escala mundial de las macrofusiones. Por ello, debimos celebrar el día mundial del Medio Ambiente, como una de las utopías más caras al ser humano.

101 años de Panamá América

 
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