Desastre, poder y responsabilidad
El pueblo de los Estados Unidos mostró grandeza sin par cuando ante los terribles y dolorosos acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, le dio un giro a la desesperación, el desconsuelo, y la ira, y puso por delante la solidaridad con los afectados, el amor por la ciudad, y el respeto al recuerdo de las vidas perdidas. No nos cabe ninguna duda de que ante la enormidad de los acontecimientos verificados con el paso del Huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleáns, el pueblo norteamericano volverá a triunfar sobre la adversidad y reconstruir la urbe a partir de su fortaleza espiritual, restaurar el sentido de normalidad sin el cual la vida pública y privada es imposible, y restituir a los sobrevivientes su sentido de pertenencia a una gran República, como lo es Estados Unidos de América.
Pero para lograr esto hay que saldar responsabilidades. Los diarios de esa gran nación han elevado una crítica durísima a las autoridades y han usado epítetos fortísimos para referirse a políticos y altos funcionarios, que con su incapacidad han contribuido a que las difíciles situaciones que vivieron los afectados se deterioren aún más con el pasar de los días.
Probablemente murieron más por la falta de coordinación de la ayuda que por el impacto de los vientos y la invasión de las aguas. El New York Times editorializó contra el Presidente Bush con una severidad que no tiene parangón con las más duras críticas que los medios panameños esgrimen contra sus gobernantes. El gobierno norteamericano a su vez ha procedido a destituir al director encargado de la institución de prevención de desastres naturales y seguramente seguirán otras destituciones y otros procesos. Es una lección para el mundo entero, pero en especial para Latinoamérica, porque aquí como allá funciona un sistema presidencialista que concentra el poder y por ende concentra las responsabilidades cuando las cosas salen mal. En Panamá tenemos casos en los que se han perdido vidas humanas y aún está pendiente la rendición pública de las cuentas debidas. Los medios de comunicación no cejamos en exigir responsabilidades porque creemos que sin justicia la grandeza de la nación está desguarnecida.
Pero para lograr esto hay que saldar responsabilidades. Los diarios de esa gran nación han elevado una crítica durísima a las autoridades y han usado epítetos fortísimos para referirse a políticos y altos funcionarios, que con su incapacidad han contribuido a que las difíciles situaciones que vivieron los afectados se deterioren aún más con el pasar de los días.
Probablemente murieron más por la falta de coordinación de la ayuda que por el impacto de los vientos y la invasión de las aguas. El New York Times editorializó contra el Presidente Bush con una severidad que no tiene parangón con las más duras críticas que los medios panameños esgrimen contra sus gobernantes. El gobierno norteamericano a su vez ha procedido a destituir al director encargado de la institución de prevención de desastres naturales y seguramente seguirán otras destituciones y otros procesos. Es una lección para el mundo entero, pero en especial para Latinoamérica, porque aquí como allá funciona un sistema presidencialista que concentra el poder y por ende concentra las responsabilidades cuando las cosas salen mal. En Panamá tenemos casos en los que se han perdido vidas humanas y aún está pendiente la rendición pública de las cuentas debidas. Los medios de comunicación no cejamos en exigir responsabilidades porque creemos que sin justicia la grandeza de la nación está desguarnecida.