Desastres=oportunidad para actuar
Desastre es por definición, todo evento con capacidad destructiva de bienes y seres vivos. Sin embargo, un fenómeno que ocurra distante de la existencia del ser humano por más terrible que parezca, no es consignado en esta calidad de hecho. Por otro lado, cualquier acontecimiento que altere la integridad de una persona, recibe este calificativo en mayor o menor grado. Es por eso que las epidemias de origen común o propagada, las lesiones provocadas por terremotos, guerras, accidentes, deslizamientos, incendios, inundaciones y las enfermedades producidas por la contaminación del aire, de los alimentos o del agua, producen grandes impactos sobre la conciencia colectiva de la sociedad, porque realmente le demuestran a quienes se consideran diferentes o intocables, que un desastre, es uno de los pocos fenómenos en donde no existe discriminación de ningún tipo y que sólo actuando como grupo podemos evitar o minimizar.
Y es que durante décadas hemos vivido compartiendo un sentimiento egoísta que ha dividido la familia panameña y el cual tan solo está basado en una realidad virtual. En mundos diferentes parecían estar los ricos, los pobres, los asegurados y aquellos que no cotizan por carecer de un trabajo formal, los indígenas, los descendientes de los inmigrantes antillanos, europeos o asiáticos antiguos o recientes, los campesinos y los ganaderos, los banqueros, los obreros, los industriales y los importadores, los interioranos y los de la capital, es decir, aparentes subgrupos humanos, quienes al parecer no se tocaban, ni aun cuando hay que darse manualmente la paz en la Iglesia, los domingos.
Estos vanos sentimientos carentes de solidaridad humana, nos hacían creer que estábamos protegidos contra el dolor y la angustia que otros padecen, pero de pronto todo se derrumba ante la posibilidad o la llegada de un desastre, que provoca padecimientos, lesiones, enfermedad, discapacidad y muerte por igual, sin importar la riqueza, el poder, los apellidos, el color, los diplomas o los bienes que poseemos.
Hace décadas que se realiza una controversia en el seno de la sociedad panameña con algunos personajes protagónicos, quienes a pesar de todo, aún no quieren entender, que si no hay agua potable para todos, drenajes y alcantarillas en cada asentamiento, adecuada disposición de las basuras y excretas, alimentos sanos y suficientes para la ingesta, control y erradicación de los principales vectores y animales reservorios o portadores, si no poseemos ríos, aire y mar exentos de contaminantes y también reales oportunidades para ascender en la escalera social, gracias al esfuerzo del estudio y del trabajo honesto, jamás alcanzaremos el desarrollo pleno e integral de nuestra nación.
Ya no se trata de quién tiene o no seguro social, en qué barrio vives o cuántos perros o guardias de seguridad protegen tu sueño. No nos cansaremos de expresar que no existen murallas que puedan contener los efectos de un desastre, a excepción de las medidas preventivas que modifiquen el medio ambiente físico, biológico, psicológico y social, los estilos de vida del individuo y la protección específica que se ejerza sobre toda la sociedad en su conjunto.
El pretender resolver los problemas sanitarios desagregando las responsabilidades de acuerdo al poseer o no un carnet de derecho habiente o cuanto dinero posees en la cartera, es insistir en el concepto insostenible de que el desastre natural o provocado por el hombre, el hanta virus, el infarto, el cáncer, el accidente automovilístico, la malaria o la violencia irracional, no va a afectar determinada vivienda o barrio basado en alguna de estas distinciones, como si esto, a los agentes causales o factores de riesgo, les impactara en lo más mínimo.
Diseñemos de una vez por todas, con altruismo y sentido de Patria, un Sistema Universal de Prestación de Servicios Preventivos, Curativos y Rehabilitadores de Salud, en el cual se complementen los recursos públicos y privados y en donde todos los ciudadanos encontremos siempre las puertas abiertas para ser atendidos y luego de recibir los cuidados, entonces sea que se nos pregunte, ¿quién es el que va a pagar?; si es mi familia, la CSS, el Gobierno Central o la Compañía Aseguradora Privada. Hacerlo de otra manera, es tan solo continuar por una senda no compatible con nuestra realidad nacional.
Y es que durante décadas hemos vivido compartiendo un sentimiento egoísta que ha dividido la familia panameña y el cual tan solo está basado en una realidad virtual. En mundos diferentes parecían estar los ricos, los pobres, los asegurados y aquellos que no cotizan por carecer de un trabajo formal, los indígenas, los descendientes de los inmigrantes antillanos, europeos o asiáticos antiguos o recientes, los campesinos y los ganaderos, los banqueros, los obreros, los industriales y los importadores, los interioranos y los de la capital, es decir, aparentes subgrupos humanos, quienes al parecer no se tocaban, ni aun cuando hay que darse manualmente la paz en la Iglesia, los domingos.
Estos vanos sentimientos carentes de solidaridad humana, nos hacían creer que estábamos protegidos contra el dolor y la angustia que otros padecen, pero de pronto todo se derrumba ante la posibilidad o la llegada de un desastre, que provoca padecimientos, lesiones, enfermedad, discapacidad y muerte por igual, sin importar la riqueza, el poder, los apellidos, el color, los diplomas o los bienes que poseemos.
Hace décadas que se realiza una controversia en el seno de la sociedad panameña con algunos personajes protagónicos, quienes a pesar de todo, aún no quieren entender, que si no hay agua potable para todos, drenajes y alcantarillas en cada asentamiento, adecuada disposición de las basuras y excretas, alimentos sanos y suficientes para la ingesta, control y erradicación de los principales vectores y animales reservorios o portadores, si no poseemos ríos, aire y mar exentos de contaminantes y también reales oportunidades para ascender en la escalera social, gracias al esfuerzo del estudio y del trabajo honesto, jamás alcanzaremos el desarrollo pleno e integral de nuestra nación.
Ya no se trata de quién tiene o no seguro social, en qué barrio vives o cuántos perros o guardias de seguridad protegen tu sueño. No nos cansaremos de expresar que no existen murallas que puedan contener los efectos de un desastre, a excepción de las medidas preventivas que modifiquen el medio ambiente físico, biológico, psicológico y social, los estilos de vida del individuo y la protección específica que se ejerza sobre toda la sociedad en su conjunto.
El pretender resolver los problemas sanitarios desagregando las responsabilidades de acuerdo al poseer o no un carnet de derecho habiente o cuanto dinero posees en la cartera, es insistir en el concepto insostenible de que el desastre natural o provocado por el hombre, el hanta virus, el infarto, el cáncer, el accidente automovilístico, la malaria o la violencia irracional, no va a afectar determinada vivienda o barrio basado en alguna de estas distinciones, como si esto, a los agentes causales o factores de riesgo, les impactara en lo más mínimo.
Diseñemos de una vez por todas, con altruismo y sentido de Patria, un Sistema Universal de Prestación de Servicios Preventivos, Curativos y Rehabilitadores de Salud, en el cual se complementen los recursos públicos y privados y en donde todos los ciudadanos encontremos siempre las puertas abiertas para ser atendidos y luego de recibir los cuidados, entonces sea que se nos pregunte, ¿quién es el que va a pagar?; si es mi familia, la CSS, el Gobierno Central o la Compañía Aseguradora Privada. Hacerlo de otra manera, es tan solo continuar por una senda no compatible con nuestra realidad nacional.