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Descansa, Reina Torres


Un aciago día de febrero, irónicamente del Año Centenario, la nación panameña amaneció ultrajada y menoscabada en su identidad. Era como si alguien se le borrase su partida de nacimiento histórico. El principal museo fue violado y casi 300 invaluables piezas arqueológicas precolombinas fueron sustraídas con destino al mercado negro. Tres meses de incertidumbre y desasosiego para quienes creemos en el valor trascendental de la cultura y de que esos objetos son nuestra carta de presentación en el concierto de los países civilizados del mundo.
Alguien, desde la eternidad, no podía descansar en paz. El espíritu de Reina Torres de Araúz reclamaba la pronta recuperación del tesoro. Ella fue la creadora del Patrimonio Histórico panameño hasta el último aliento de su vida. A salvaguardar nuestra identidad dedicó su talento, sus mejores esfuerzos, el caudal de su formación académica en antropología y arqueología. Ya casi nadie la menciona, pero a Reina nuestra nación debe tanto, que el robo era una afrenta a su recuerdo imperecedero, a la labor gigantesca que cumplió para que los museos reflejaran lo que realmente somos, un pueblo con hondas raíces y con rasgos innegables en su variedad cultural.
Las piezas sustraídas han sido recobradas. Felicito a los estamentos de seguridad del Estado, a la Policía Nacional, a la Policía Técnica Judicial, a la DIIP, el Ministerio Público y al Ministerio de Gobierno y Justicia. Estas instancias oficiales nos han devuelto la tranquilidad y seguridad, pero la lección ha sido dura y que jamás se repita. En verdad, nos felicitamos todos, pues la integridad de nuestra historia ha sido preservada.
La cultura ha de ser elevada a tema de Estado. Es inadmisible que el INAC aparezca en un ínfimo renglón presupuestario anualmente.
Se impone seguir fomentando conciencia sobre el valor del legado histórico. Las piezas recuperadas no valen 40 millones. ¡No tienen precio! Panameños de hace mil años las confeccionaron. Unicas e irremplazables, a los panameños de hoy nos compete guardarlas y transmitirlas a las generaciones siguientes.
Los objetos antiguos han de ser exhibidos en sus originales con máximas medidas de seguridad. El Museo del Oro de Bogotá y el Museo de Costa Rica, vecinos inmediatos, se enorgullecen de mostrar la riqueza arqueológica para admiración de propios y extraños.
El Instituto Nacional de Cultura, como custodio de nuestra identidad cultural, ha de apoyarse en el Banco Nacional y la Policía, a fin de que los tesoros históricos sean debidamente protegidos.
Es imprescindible actualizar la Ley 14 de 1982 referente al Patrimonio Histórico. Una ley nueva ha de darle mayor autoridad al INAC para evitar la depredación, el saqueo que es terrorismo arqueológico y anticultural, reforzando con recursos y personal idóneo a la Institución.
Debe continuar la investigación y sancionar ejemplarmente a los responsables, sin contemplaciones.
Quien posea piezas arqueológicas debe estar consciente de que éstas pertenecen por derecho propio a todos los panameños y no pueden ser traficadas, vendidas, cedidas ni heredadas.
Cuánto necesita Panamá, país joven y pequeño, de la cultura. En ella debemos afianzarnos, ser salvaguardas de nuestro pretérito y proyectarnos seguros al porvenir. Esa fue la lección de Reina Torres, su herencia espiritual, su acuciante inquietud.
Descansa, Reina Torres que seguiremos vigilantes para que tu obra produzca los frutos que soñaste; tú, la pionera de trabajo tan trascendental. ¡La historia no se vende ni se trafica de contrabando! La historia fundamenta nuestros atributos como pueblo y como Nación.

101 años de Panamá América

 
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